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COLUMNA

Senador José Porfírio, Pará, Amazonia: altísimo riesgo

Un proyecto que puede ser más destructor que Belo Monte se está disputando en el Xingú y los brasileños no le hacen ningún caso

Dirceu Biancardi (PSDB), alcalde de Senador José Porfírio, en una audiencia pública para debatir sobre Belo Sun afirma a los pueblos indígenas: “Os considero seres humanos como yo”.
Dirceu Biancardi (PSDB), alcalde de Senador José Porfírio, en una audiencia pública para debatir sobre Belo Sun afirma a los pueblos indígenas: “Os considero seres humanos como yo”.

El municipio de Senador José Porfírio es la sede del mayor proyecto de extracción de oro a cielo abierto, propuesto por una corporación canadiense, Belo Sun. Lo gobierna un alcalde del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), Dirceu Biancardi, que el 29 de noviembre encerró a profesores, alumnos e invitados en un auditorio de la Universidad Federal de Pará, en la ciudad de Belém, para impedir el debate académico y transformar el lugar en una tribuna para defender a la empresa minera canadiense. De 2013 a 2017, la deforestación ha aumentado más del 500% en el municipio. Los analistas atribuyen parte de este aumento a otro megaemprendimiento: la hidroeléctrica Belo Monte. Y, para completar el cuadro, la actual concejala de Medio Ambiente de la ciudad, Zelma Campos, está amenazada de muerte.

La disputa sobre Belo Sun debería estar en el centro del debate público en Brasil. Pero no lo está. Lo que sucede en la Amazonia afecta al clima del país y del planeta, pero la Amazonia está demasiado lejos. Como le importa a tan poca gente, los violentos se sienten a sus anchas para actuar violentamente, rechazan o incluso amenazan a los que no concuerdan con ellos y la tensión se ha convertido en un estado permanente en la región. 

Lo que sucede hoy en el área donde quiere instalarse la empresa minera Belo Sun y en el municipio Senador José Porfírio es el retrato de una cotidianidad de excepción que va extendiendo sus raíces, cada vez más largas, a tal punto que un alcalde del que la mayoría de brasileños nunca había oído hablar bloquea el debate en una universidad federal en la capital del estado de Pará. Y también de un país en que están en curso otras escisiones, cuidadosamente tramadas. 

El momento es grave y los brasileños, de norte a sur, tienen que entender algo que debería enseñarse en las escuelas: en la Amazonia sucede primero. 

El pasado 6 de diciembre, el Tribunal Regional Federal de la primera región suspendió la licencia de Belo Sun indefinidamente y determinó que se escuche a los pueblos indígenas, como establecen la Constitución brasileña y la legislación internacional. Fue una victoria, pero una victoria que todos los implicados saben que puede ser temporal. Si la empresa minera canadiense avanza sobre el oro de la Amazonia, el impacto en la Vuelta Grande del Xingú será doble y nadie podrá prever el tamaño del efecto en la selva, en los ríos y en el cambio climático. Es correcto afirmar que no se destruye la selva aquí sin que se pierda calidad de vida en todas partes.

Belo Monte se ha convertido en una obra vinculada a la corrupción, a la violencia contra los pueblos de la selva y a la devastación de la Amazonia. La ciudad de Altamira, la principal afectada por la construcción de la presa, se ha convertido en la ciudad (con más de 100.000 habitantes) más violenta de Brasil. A Belo Monte ya va unido un significado negativo. Pero mientras se construía, a los que denunciaban los acuerdos y las violaciones se les llamaba “enemigos del progreso” y la mayoría de la población brasileña o defendía la hidroeléctrica o se inhibía.

Canadá, un país que se hace el bueno de cara al mundo, tiene que manifestarse sobre lo que se hace en su nombre en la Amazonia brasileña

Hoy la historia se repite con Belo Sun, defendida en los eventos públicos por los representantes de la Consejería de Medio Ambiente y Sostenibilidad del estado de Pará, que concedió la licencia para la obra —suspendida hoy por tiempo indeterminado—, y por el alcalde de Senador José Porfírio, con ardor igual o superior al de los propios representantes de la empresa minera canadiense. Se pone énfasis en el dinero que entrará en las arcas públicas, en el “progreso” para una región “pobre” y en los teóricos puestos de trabajo. Lo malo es que la historia se repite en un gobierno dominado por los llamados “ruralistas”, avaladores de un presidente denunciado dos veces y salvado dos veces por un Congreso corrupto. Si los actos de excepción se repiten en el cetro y sur del país, es posible entender el tamaño del desparpajo de los que roban tierras públicas y los que deforestan la región amazónica.

Sobre Belo Monte, todavía se podía alegar que era una obra para producir un bien público –energía–, aunque ya estaba bastante claro que el objetivo principal era otro. Y también se podía alegar que era una obra del Estado construida por empresas privadas y explotada y administrada por un consorcio de empresas públicas y privadas. ¿Y sobre Belo Sun? ¿Qué se gana destruyendo todavía más la selva, y especialmente una región que ya ha sufrido un gran impacto, para que una empresa canadiense pueda extraer toneladas de oro y después irse del país dejando una montaña de desechos tóxicos? Sería obligatorio que Canadá, un país que se hace el bueno de cara al mundo, se manifestara sobre lo que se hace en su nombre en la Amazonia brasileña.

Sin embargo, la disputa sobre Belo Sun está fuera del debate central del país, tomado por la operación Lava Jato y por las elecciones de 2018. Quien más resiste contra la implantación de una empresa minera canadiense que pretende extraer decenas de toneladas de oro de una selva que impacta en el planeta es un puñado de hombres y mujeres indígenas, especialmente los valientes Juruna de la aldea Muratu, en la Tierra Indígena de Paquiçamba, en la Vuelta Grande del Xingú. Pero están demasiado solos.

En un país que tiene el tamaño de un continente, parece que pocos, a parte de los indígenas, ven que la mina es la selva y no el oro que se va.

Bel Juruna, líder de la aldea Muratu, durante una audiencia pública en marzo de 2017 para discutir la garantía de vida en la Vuelta Grande del Xingú.
Bel Juruna, líder de la aldea Muratu, durante una audiencia pública en marzo de 2017 para discutir la garantía de vida en la Vuelta Grande del Xingú.

1) ¿Dónde está ubicado el proyecto que puede destruir la selva?

 Cuando el alcalde Dirceu Biancardi (PSDB) invadió el auditorio de la Universidad Federal de Pará con su comitiva formada en su mayoría por funcionarios del municipio, impidiendo el debate académico y encerrando a profesores y alumnos dentro de la sala, dijo una frase capciosa en su discurso en defensa de Belo Sun y contra todos los que cuestionan el proyecto de la empresa minera canadiense. Afirmó que: “Hay gente que conoce mejor Europa que el municipio Senador José Porfírio y quiere decidir por nosotros”.

Al hacer esa afirmación, que fue recibida con aplausos y gritos, el alcalde tenía varios objetivos. Pero tenía razón al decir que los brasileños no conocen Senador José Porfírio. Conocer una ciudad del sudoeste de Pará no es para cualquiera. Pero si va a suceder algo que puede afectar tan profundamente la mayor selva tropical del mundo, hay que mirar bien el mapa para empezar a comprender la complejidad y el riesgo de lo que está en juego. Y haber conocido Europa puede incluso ayudar a entender la ciudad de Senador José Porfírio. Nadie pierde cuando el mundo se extiende dentro de uno mismo.

Mapa de la región sudoeste de Pará.
Mapa de la región sudoeste de Pará.
Senador José Porfírio, Pará, Amazonia: altísimo riesgo

Senador José Porfírio es el único municipio del estado de Pará con un territorio discontinuo. Para ir desde la sede del municipio hasta la otra punta hay que cruzar el territorio de otros. La región donde Belo Sun pretende extraer oro tiene antiguas aldeas de buscadores de oro que viven en las márgenes del río Xingú y practican una extracción minera artesanal desde hace décadas. Y está rodeada de tierras indígenas.

Basta fijarse en dónde está la deforestación y dónde está el área más preservada para darse cuenta de quién preserva y quien deforesta. La parte más preservada de la selva está siendo ferozmente robada y devastada por diferentes grupos. La construcción de Belo Monte, seguida ahora por Belo Sun, han avivado los conflictos y han traído nuevos actores, como siempre pasa en cualquier proyecto en la Amazonia. Pero son las señales de Brasilia las que hacen que determinados grupos bien consolidados en la región se sientan cada vez más seguros para derribar la selva y distribuir amenazas de muerte como si dieran los buenos días. 

2) Cuando el alcalde convierte la universidad en una tribuna y a los profesores y alumnos en rehenes

El 29 de noviembre, el alcalde Dirceu Biancardi (PSDB) invadió el auditorio de la Universidad Federal de Pará, donde tendría lugar la segunda parte del evento “Venas Abiertas de la Vuelta Grande del Xingú”. Le acompañaban algunas decenas de personas, muchas de ellas reconocidas como funcionarios del municipio. Se sentó en la mesa y profirió un discurso, callando e intimidando a la profesora Rosa Acevedo Marin, a investigadores e invitados, e impidiéndoles salir de la sala. Un episodio de violencia explícita que la Fiscalía Federal investiga.

No es solo un acto autoritario del alcalde de un municipio amazónico desconocido por la mayoría de los brasileños. Sino un acto tramado con discursos que atraviesan Brasil, como el propio ataque a la universidad y a lo que representa.

Nada es casual en este personaje. Quien ve el vídeo en internet puede ver a alguien con un sombrero de hombre del campo, que refuerza adrede que no pertenece a ese mundo de la universidad, sino a otro. Está allí para impedir que los académicos hablen sobre los riesgos y las consecuencias de Belo Sun. Su argumento es que solo quien vive en la región entiende los problemas de la región. Y, así, solo quien vive en la región puede hablar y, principalmente, puede decidir.

Este discurso se ha vuelto cada vez más frecuente en audiencias y encuentros públicos: la oposición entre el mundo de los intelectuales y el mundo de los que sudan. Y está lleno de trampas.

Aunque el alcalde afirme que representa la voz de la población de su municipio, no permite ninguna divergencia, y de esta forma rompe cualquier posibilidad de debate democrático y, por lo tanto, de escucha real. Al colocarse como el único vehículo del deseo del pueblo, silencia la voz de lo que llama “pueblo”. Una de las mujeres presentes dejó clara esta contradicción al gritar: “¡Solo el alcalde puede hablar por nosotros!”. Se trata, por lo tanto, de una reedición contemporánea del: “¡Solo el coronel puede hablar por nosotros!”.

La investigación que se presentaba, titulada “Nueva cartografía social de los pueblos tradicionales de la Vuelta Grande del Xingú”, trata tanto sobre los efectos de la construcción de la hidroeléctrica de Belo Monte como de los de Belo Sun. Se hizo con la colaboración de los habitantes del área afectada, pero esa voz la silenció el alcalde, que se impuso como único capaz de expresar la voz de quien vive allí, supuestamente legitimado en su intento por la claque que trajo para desempeñar el papel del “pueblo”.

El 23 de noviembre, los vecinos de Vila da Ressaca, ubicada en la Vuelta Grande del Xingú, recibieron con hostilidad a organizaciones ambientales y de derechos humanos que fueron a una audiencia pública para discutir sobre Belo Sun.
El 23 de noviembre, los vecinos de Vila da Ressaca, ubicada en la Vuelta Grande del Xingú, recibieron con hostilidad a organizaciones ambientales y de derechos humanos que fueron a una audiencia pública para discutir sobre Belo Sun.

En la audiencia pública del 23 de noviembre, en Vila da Ressaca, tradicional lugar de buscadores de oro con métodos artesanales, las barcas que traían las organizaciones del movimiento social y ambiental, al igual que los representantes de la prelatura del Xingú, fueron recibidas a patadas, literalmente. Los gritos y las pancartas indicaban que no eran bienvenidos, en un intento de convencer de que la población está unida en su deseo de que se instale Belo Sun. Pero quien conoce la región y a sus habitantes desde hace años pudo percibir que muchos estaban callados y tenían miedo. Viejos líderes se encuentran hoy amenazados.

Cuando el alcalde invade la universidad y silencia la investigación académica, está realizando dos gestos simultáneos. El primero es un servicio de prevención, para garantizar que los intereses de Belo Sun no se vean amenazados por investigaciones científicas sobre los impactos de la minería industrial en una región ya impactada por Belo Monte.

En el caso de Belo Monte, parte de la comunidad académica se movió, antes del inicio de la obra, con lo que se llamó “panel de especialistas”, que consiguió poca repercusión en una prensa claramente favorable a la construcción de la hidroeléctrica. Pero, a partir de 2016, la Sociedad Brasileña por el Progreso de la Ciencia (SBPC) ha reunido a investigadores de diversas áreas y universidades y ha realizado un importante informe sobre los efectos de Belo Monte, convirtiéndose en un jugador influyente en la concepción de un territorio ribereño para los que habían sido expulsados por la presa, muchos intensamente traumatizados y todavía a la espera de recomponer su modo de vida.

Los defensores de Belo Sun quieren evitar que eso se repita, incluso porque es mucho más fácil demostrar, también científicamente, las consecuencias de Belo Sun para el medio ambiente de lo que era demostrarlo en el caso de Belo Monte. Y es mucho más indefensable desde un punto de vista político y simbólico, ya que una se llevaba a cabo supuestamente para producir energía y la otra para extraer oro por parte de una empresa canadiense.

Así, deslegitimar a la comunidad científica es un punto con un nudo bien hecho. Y la forma que han encontrado para hacerlo es justamente oponer saberes que deberían estar alimentándose mutuamente, ya que tanto los académicos de la universidad como los pueblos que viven en el Vuelta Grande del Xingú piensan y construyen experiencias y conocimientos que se complementan.

El segundo gesto de esta escena está conectado a lo que está sucediendo en Brasil con las universidades públicas. No solo el intento de volverlas “menos públicas”, defendiendo que salen caras y que parte de la comunidad estudiantil debería pagar por los estudios, sino, principalmente, una progresiva criminalización de la comunidad académica y de las universidades. Entre los ejemplos más recientes puede citarse la conducción coercitiva (sacar a las personas por sorpresa de su casa y llevarlas, a la fuerza, para que declaren) de profesores de la Universidad Federal de Minas Gerais el pasado 6 de diciembre.

O el ejemplo con final más trágico, representado por el suicidio del rector de la Universidad Federal de Santa Catarina, Luiz Carlos Cancellier de Olivo, que se tiró de lo alto de un edificio en octubre, días después de que lo detuvieran, desnudaran y humillaran, y acto seguido, le prohibieran entrar en la universidad, en nombre de una investigación que todavía no está clara. En un Brasil cada vez más arbitrario, la universidad está siendo criminalizada y silenciada.

Hay un hecho interesante que no puede pasar inadvertido. Se han realizado varias manifestaciones, entre cartas conjuntas de intelectuales brasileños y artículos en la prensa, en las que se protesta y alerta contra la criminalización de la universidad en un momento en que la cotidianidad de excepción en Brasil se acentúa. Pero las manifestaciones más importantes no han mencionado la prohibición del debate en la Universidad Federal de Pará por parte del Senador José Porfírio.

Puede alegarse que las fuerzas que intervinieron en las universidades son diferentes. Pero se puede responder que los intelectuales que evocan el papel fundamental de la universidad en una democracia tienen la obligación de entender que estas fuerzas están muy bien tramadas en el Brasil actual. Y, por lo tanto, tienen que citar el caso de la UFPA en sus manifestaciones. De lo contrario, las Amazonias continuarán en el lugar que las pusieron aquellos que las explotan y las colonizan todavía hoy, en 2017.

En esta cuenta no podemos olvidar tampoco la responsabilidad de las universidades, que en general hicieron y hacen menos de lo que podían y pueden para crear lazos con la comunidad y democratizar el conocimiento producido. Sin olvidarnos de que una parte de la comunidad académica ha tardado en entender, o incluso no ha entendido todavía, que el sistema de cuotas significaba también la posibilidad de rescatar la vocación de la universidad, al ampliar la diversidad de las voces y de la propia representatividad de la universidad en un país democrático, retardando así un proceso que podría estar más avanzado.

También porque actualmente hay más pobres y negros en la universidad, esta sufre ataques y se intenta deslegitimarla. Pero también debido a que este proceso está muy retrasado, la universidad llega a este momento peligroso de Brasil previamente debilitada y fácilmente atacable.

El alcalde de Senador José Porfírio, Dirceu Biancardi, hizo un discurso a favor de la empresa minera canadiense Belo Sun.
El alcalde de Senador José Porfírio, Dirceu Biancardi, hizo un discurso a favor de la empresa minera canadiense Belo Sun.

El alcalde de Senador José Porfírio también se incluye en esta cuenta. Así, se equipara al pueblo de la Vuelta Grande del Xingú, cuando en la práctica está mucho más cerca de una parte de los ladrones de tierras y de la industria maderera, que avanzan en el municipio y que con frecuencia oprimen a ese mismo pueblo. El objetivo es rechazar a la universidad como participante legítimo del debate sobre Belo Sun. Vale la pena prestar atención a las palabras del alcalde del PSDB:

“El pueblo está harto de discursos bonitos (...). No tenemos una sanidad digna, no solo en Senador sino en toda la región. (...) Las áreas del Itatá, del Galo, de Ilha, de Ressaca... Hace casi 40 años que se explotan artesanalmente, ilegalmente (aplausos y gritos) y los desechos van a parar al Xingú. (...) Hay gente que conoce mejor Europa que el municipio de Senador José Porfírio y que quiere decidir por nosotros (aplausos y gritos). (...) Los dueños de las áreas explotadas fueron indemnizados, pero los buscadores de oro se están muriendo de hambre. Y viene un listillo a decirnos que estamos interfiriendo en la vida de aquellas personas que son de los pueblos tradicionales. ¡Qué tradicionales ni nada! (...) Entre nosotros: ya he dormido en chozas de madera, de paja y, gracias a Dios, hoy duermo en una choza de albañilería. Y es mucho mejor que las de Ressaca. En medio de serpientes, escorpiones, cucarachas. ¿Y dicen que eso es tradición? (...) Si desde hace 20 años las personas estuvieran contratadas y aseguradas estarían en una situación mejor. (...) Cuando se habla de empresas, para nosotros es una salida. (...) Hoy os digo, hemos aprendido a hablar por nosotros mismos. La empresa tiene un proyecto, la empresa da unas condiciones al pueblo, va a crear empleo en el municipio, habrá una buena carretera, habrá más escuelas, habrá mejoras en nuestro municipio”.

En el discurso del alcalde, además de la oposición calculada entre los que entienden lo que significa vivir allí y “los listillos... que conocen mejor Europa que el municipio de Senador José Porfírio”, hay también dos elementos importantes. El primero es la criminalización del buscador de oro, una idea extendida por todo Brasil. El buscador de oro siempre es un criminal y un agente del retroceso, la empresa minera es legal y un agente del progreso.

Basta un conocimiento mínimo para, sin negar los problemas de la extracción artesanal, darse cuenta de la enorme diferencia de proporción y de impacto de una extracción artesanal realizada desde hace décadas y de una producción mineral industrial que oficialmente pretende arrancar 60 toneladas de oro en 12 años, pero cuyos números son controvertidos y posiblemente mucho mayores.

El otro elemento es intentar deslegitimar a la población de ribereños de la región como “tradicional”, lo cual implica tener derechos constitucionales, y reducirla a “pobre”. Así, con la empresa, quién sabe si estas personas llegarían a tener una “choza” de albañilería, reproduciendo la expresión que el alcalde utiliza al referirse a su propia casa. El discurso es muy semejante al de Belo Monte, cuyos representantes no conseguían contener una expresión de asco al mencionar los palafitos en las márgenes del río. Hoy, la justicia ha obligado a la empresa a reconstruir las casas de los complejos de viviendas populares donde reubicaron a los afectados porque ya han empezado a agrietarse.

La transformación de pueblos tradicionales en pobres urbanos es un discurso muy fuerte en el Brasil actual. Para una parte de los brasileños, todo lo que un ribereño y un indígena quieren en la vida es un empleo que les dé de alta en la seguridad social, preferentemente en la ciudad. Todo lo que supuestamente desearían en la vida es ser “nosotros”, y no “otro”, cuyo modo de vida la mayoría no entiende y cuyo modo de vida interfiere en los intereses de los ladrones de tierras públicas y de los que quieren transformar la Amazonia en una inmensa pradera donde pasten los bueyes o en una plantación de soja gigante, como se ve claramente en el mapa. O en una vasta mina de extracción de oro.

El resultado es este:

Otro discurso cada vez más recurrente en la región, claramente difundido por interesados, es el descrédito del Estado: “Belo Monte terminó así porque el Estado estaba de por medio. Con el Estado, hay corrupción. Belo Sun es una empresa, y encima de Canadá. Lo van a hacer todo bien”. Aquí, se genera un discurso muy actual en Brasil. A pesar de que la operación Lava Jato ha demostrado cómo opera la conjunción público-privado, la marca de la corrupción ha quedado más en el Estado que en la iniciativa privada. Esta distorsión está claramente manipulada por aquellos que defienden que haya menos presencia del Estado. Pero varias encuestas indican que la mayoría de los brasileños quiere más presencia del Estado y no menos.

Otra parte interesante de ese discurso es que lo repiten los mismos que criminalizan las organizaciones medioambientales y de derechos humanos internacionales cuando actúan en la Amazonia, a las que llaman “gringos”, pero no ven ningún problema cuando se trata de una empresa minera canadiense, con dinero sin patria, que arranca y se lleva el oro de la selva.

Y todavía hay un último elemento interesante en el discurso del alcalde, bastante frecuente en la región y que se usó y del que se abusó como estrategia para convencer de la construcción de Belo Monte. Y que ahora vuelve a repetirse con Belo Sun: la idea de que los derechos previstos en la Constitución, como el derecho a sanidad y educación, son privilegios, y privilegios que pueden ser “concedidos” por la empresa. Transformado en favor, lo que es un derecho se subvierte y se despolitiza.

El cacique Gilliard Juruna, de la aldea Muratu, es una de las principales voces contra Belo Sun. En la foto, habla en la audiencia pública de Vila da Ressaca, en la Vuelta Grande del Xingú.
El cacique Gilliard Juruna, de la aldea Muratu, es una de las principales voces contra Belo Sun. En la foto, habla en la audiencia pública de Vila da Ressaca, en la Vuelta Grande del Xingú.

Hoy, los que de hecho resisten en la Vuelta Grande del Xingú son los pueblos indígenas, en especial los Juruna de la aldea Muratu, liderados por el cacique Gilliard Juruna.

En la audiencia pública de Vila da Ressaca, el alcalde Dirceu Biancardi (PSDB) declaró a los indígenas presentes: “Os considero seres humanos como yo”.

Quien hace una afirmación así está justamente diciendo lo contrario, ya que nadie considera necesario afirmar que otro ser humano es un ser humano, a no ser que lo dude. De la misma forma que trata la sanidad y la educación como privilegios, derechos previstos en la Constitución desde el punto de vista del asistencialismo, el alcalde apuesta por despolitizar el gesto. Eso lo transforma en alguien que supuestamente concedería el bien haciendo el peor de todos los males: el de someter a todos los demás.

Exactamente lo que Dirceu Biancardi (PSDB) hizo en el auditorio de la Universidad Federal de Pará.

3) La concejala de Medio Ambiente está amenazada de muerte

 Zelma Campos ya fue concejala de Medio Ambiente de Altamira (8 años) y de Brasil Novo (4 años), dos regiones de conflicto en el sudoeste de Pará. Actualmente ocupa el mismo cargo en Senador José Porfírio. Cuenta que uno de sus antecesores tuvo un infarto en la Concejalía de Medio Ambiente del municipio en la gestión anterior. Murió al llegar al hospital. A otro colega, Luiz Alberto Araújo, de Altamira, le dieron nueve tiros en la puerta de su casa en octubre de 2016. La concejala tardó más de dos semanas en decidirse a denunciar la amenaza de muerte que recibió en un área donde hay conflicto de tierras, en la Vuelta Grande del Xingú.

–Esperé a que la situación se calmara. El de concejal de Medio Ambiente en esta región es un empleo de altísimo riesgo. Mi equipo fue a comprobar las necesidades del programa Luz para Todos en la región de la Vuelta Grande del Xingú, en una comunidad llamada Mocotó. Unos hombres se acercaron y uno de ellos le dio unas palmadas en la espalda a uno de los técnicos. Le preguntó: “¿Estáis controlando la deforestación ilegal?”. Él respondió: “No, señor, estamos trabajando para traerles luz”. Y entonces le dijo: “Oye, volved con vuestra concejala y le decís que el concejal de Medio Ambiente de Altamira ya ha muerto”.

El concejal de Medio Ambiente de Altamira fue asesinado hace más de un año, pero la investigación continúa abierta. Quien lo mató sigue impune, y los motivos desconocidos, lo que genera todo tipo de especulación en la región. La asesoría de comunicación de la Policía Civil afirmó a EL PAÍS que el comisario Vinícius Dias “prefiere” no dar entrevistas para no comprometer la investigación. La denuncia de la amenaza de muerte de la concejala de Senador José Porfírio se hizo el 25 de noviembre en la Superintendencia de la Policía Civil de Altamira. Más de diez días después, la información oficial era que nadie sabía de qué se trataba. Vale recordar que Brasil es el país más peligroso para los activistas del medio ambiente, según un informe reciente de Amnistía Internacional.

Reproducción de la denuncia realizada por Zelma Campos.
Reproducción de la denuncia realizada por Zelma Campos.

El de concejal de Medio Ambiente en la región, como Zelma Campos afirma, no es solo un puesto de “altísimo riesgo”, sino también de alta rotación: “En los cuatro años de la legislatura anterior, en los 12 municipios (que componen el Plan de Desarrollo Regional Sostenible del Xingú) se cambiaron 35 concejales de Medio Ambiente. De estos 35, dos fueron por muerte. En esta legislatura, llevamos 11 meses y ya hemos cambiado 7 concejales de Medio Ambiente”. Según Campos, la presión es muy fuerte de todos lados, especialmente de los ladrones de tierras públicas y de las madereras. “Te quedas sin aire y lo dejas, porque quieres continuar viviendo, quieres formar parte de la sociedad. En fin... es muy tenso”.

Zelma Campos está filiada al PSDB. Pero garantiza que no es por el alcalde, sino porque sigue a su marido, militar jubilado del batallón de la selva y líder de un proyecto agroextractivista en la Vuelta Grande del Xingú. Tras pasar por el Partido Popular Socialista (PPS) y por el Partido Progresista (PP), se presentó a concejal por el PSDB, y ella lo siguió en la filiación al partido. Zelma Campos se expresa siempre en el mismo tono, con el habla pausada y bajita, incluso al afirmar que es la primera vez que recibe una amenaza de muerte más directa. Antes, en 2013, cuando era concejala de Brasil Novo, la camioneta que volvía de una acción de registro ambiental rural recibió diez disparos en la carretera Transamazónica. Había solo una persona en el vehículo, el conductor, que solo sufrió heridas por los cristales rotos.

La concejala de Senador José Porfírio tiene fama en la región de ser seria y competente. Pero también la tratan con cautela actores importantes, que sospechan que juegue a dos bandas. “Una incógnita” es la expresión que más se oye cuando se pregunta por ella. Pero cuando se busca algo concreto para basar las dudas, nadie aparece con una denuncia formal. En una región en que muchas veces los concejales de Medio Ambiente son de empresas madereras o personas a quienes se enchufa por haber conseguido votos pero que no tienen ninguna afinidad con el área, solo quieren un cargo que les dé dinero fácil, Zelma Campos es licenciada en Biología por la Universidad Federal de Pará y una de las pocas especialistas en gestión pública ambiental. Nadie duda de que la amenaza de muerte es seria. Pero hasta ahora parece que quien debería tomárselo en serio e investigar los hechos no lo hace.

Con un mapa en manos para mostrar las dificultades de administrar un municipio como el de Senador José Porfírio, se esfuerza para explicar la complejidad que una persona del centro-sur del país no puede alcanzar: “El municipio carece de recursos, tiene el menor IDH de la región. Es muy rico en minerales en el subsuelo, pero la parte humana es paupérrima, de verdad. Por un lado, se podría hacer ecoturismo si se coordinaran bien las políticas públicas de turismo. Por otro lado, está el cultivo de cacao y la industria pecuaria. Solo. También todo está en estado natural, no hay ningún principio de industria, nada. Todo muy muy muy pobre... ¿Y qué hacer con un ayuntamiento endeudado, con un CIF lleno de procesos mal hechos? Los alcaldes anteriores contrataron a tanta gente que hoy tenemos a 535 funcionarios efectivos. Nuestro ayuntamiento es pequeño. Y es el único municipio del estado de Pará que es discontinuo. Una parte del municipio está en la ciudad y, para llegar a la otra parte, tienes que atravesar Vitória do Xingú y Altamira. Todo eso es malo y caro.

La concejala de Medio Ambiente del municipio que alberga el proyecto de extracción minera afirma que el alcalde no le permite que hable de Belo Sun

Las personas de la ciudad de Senador no conocen esta realidad (muestra el mapa). El de aquí no habla con el de allí (mostrando las dos partes discontinuas). Y aquí, en esta parte, la de Vuelta Grande del Xingú, el suelo es más fértil. Es donde ha impactado Belo Monte, donde se instalará la empresa minera y donde el 70% del territorio es de tierras indígenas. Y estos indígenas nunca han ido a esta otra parte del municipio. Y en esta otra parte, no conocen a los indígenas... Es muy caro gestionar la política pública. Y todavía más hacer una política púbica municipal eficiente. Para reconocer el territorio, para que la gente se identifique...”

Las relaciones con los alcaldes de la región, algunos de ellos con lazos fuertes con los ladrones de tierras públicas y/o madereras, cuando no son ellos mismos los ladrones de tierras públicas y/o dueños de madereras, no parecen ser fáciles. Además de estar declaradamente amenazada de muerte, Zelma Campos vive una paradoja: es concejala de Medio Ambiente del municipio donde la empresa minera canadiense Belo Sun quiere instalar la mayor mina de oro a cielo abierto de la historia de Brasil, los ojos del mundo se centran en su región, pero afirma que el alcalde, Dirceu Biancardi (PSDB), no le permite hablar de Belo Sun: “Solo él puede hablar”.

¿Cómo es eso?, es la siguiente pregunta. “El alcalde Dirceu (Biancardi) no permite que ningún asesor, de ningún nivel, hable de este asunto. Solo él. Solo él y punto. Por lo tanto, no nos involucramos directamente en el tema porque él se ha apropiado del asunto en su legislatura”.

Cuando tomó posesión de la concejalía de Senador José Porfírio, Zelma Campos pidió ayuda al Instituto Brasileño de Administración Municipal (IBAM) para entender los entresijos de un proyecto minero. “Cerré la concejalía y nos pasamos tres días con consultores de minería para entender todo el proceso, incluso la emisión de licencias. Me llevé a todo el equipo, desde el auxiliar de servicios generales a los analistas de procesos, y estuve con ellos en la formación”. Pero, aun así, no está autorizada a hablar sobre el tema. Entonces, ¿por qué solo el alcalde quiere hablar?, insisto. “Las cosas aquí son así. A los gestores les gusta esta visibilidad”, dice.

Ni siquiera la concejala de Medio Ambiente sabe cuántas toneladas de oro Belo Sun pretende extraer de la Vuelta Grande del Xingú

Le pregunto otra vez: “Usted es concejala de Medio Ambiente en el municipio sede de unos de los proyectos ambientales más controvertidos actualmente en el mundo, en plena Amazonia brasileña, y no puede hablar sobre este proyecto porque solo habla el alcalde...”. Ella responde, sin alterar la voz: “Sí, siempre será así. Para mí o para quien me sustituya en ese municipio. Siempre fue así, el alcalde iba allí, a la obra donde estaban en la Vuelta Grande, hablaba con la gente de allí, se quedaba a dormir, hablaba de finanzas, y el pequeño equipo de gestión del municipio, ya no digo de Medio Ambiente, de la gestión en general, no sabían nada de eso”.

¿Y cómo definiría ella su situación? “Es tensa”, afirma. Le pregunto qué opina del episodio en que el alcalde encerró a la gente dentro del auditorio de la Universidad Federal de Pará y transformó el debate en una tribuna. “Trágico”, dice. “Nos enteramos por la prensa. Ahora nos abrirán una investigación a todos”.

¿Está a favor o en contra de Belo Sun? Tras insistir mucho, dice: “Como está, no puede ser, hay que resolver los problemas, especialmente de las tierras, y escuchar a los indígenas, sino serán diezmados”. Pero también afirma que no duda que, si no es Belo Sun, será otra empresa la que explote de forma industrial un área “tan rica”, que tiene la extracción de oro como vocación.

Le pregunto cuánto oro Belo Sun pretende extraer de la Vuelta Grande del Xingú, ya que los números son controvertidos.

La concejala de Medio Ambiente de Senador José Porfírio dice: “No lo sé, es una incógnita”.

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El proyecto de extracción de oro de la canadiense Belo Sun no afecta solo a los que viven en la Vuelta Grande del Xingú o en cualquier parte del municipio de Senador José Porfírio. Directa e indirectamente, nos afecta a todos. Pero si los brasileños siguen inhibiéndose de ejercer la ciudadanía incluso cuando la selva amazónica está en riesgo, el alcalde de Senador José Porfírio ni siquiera va a tener que esforzarse para seguir hablando solo y afirmando que solo el coronel puede hablar.

Está fácil destruir la Amazonia. Y los pocos que la defienden ponen el pecho ante la bala.

Eliane Brum es escritora, reportera y documentalista. Autora de los libros de no ficción Coluna Prestes - O Avesso da Lenda, A Vida que Ninguém vê, O Olho da Rua, A Menina Quebrada, Meus Desacontecimentos, y de la novela Uma Duas. Web: desacontecimentos.com. E-mail: elianebrum.coluna@gmail.com. Twitter: @brumelianebrum. Facebook: @brumelianebrum.

Traducción: Meritxell Almarza

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