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El problema de Irlanda del Norte vuelve a poner sobre la mesa un ‘Brexit’ suave

Los partidarios de que Reino Unido permanezca en el mercado único buscan capitalizar el fracaso del Gobierno británico

El problema de la frontera irlandesa se ha convertido para el Brexit en una especie de callejón sin salida. En realidad, sí tiene una salida, pero atraviesa las líneas rojas marcadas por Theresa May. Si una solución a medida para Irlanda del Norte es inaceptable, como pareció constatarse el lunes, la única manera de evitar una frontera en la isla sería que Reino Unido en su conjunto siga, de facto, en el mercado único y en la unión aduanera. Así se encargaron de recordarlo ayer figuras de todo el espectro político y territorial del país.

Miembros del Partido Unionista Democrático (DUP), en Westminster.
Miembros del Partido Unionista Democrático (DUP), en Westminster. AFP

La disputa sobre el futuro de Irlanda del Norte se ha convertido en la antesala de un debate más amplio sobre el tipo de salida de la UE que quiere Reino Unido. Un debate que parecía enterrado hasta que, el lunes, el acuerdo en Bruselas sobre los términos del divorcio fracasó por la oposición de los unionistas del DUP a una solución específica para Irlanda del Norte. El martes, los partidarios de un Brexit más suave quisieron capitalizar el fracaso del Gobierno y levantaron el tabú.

Los más proeuropeos siempre han defendido que el voto por el Brexit no implicaba necesariamente que Reino Unido salga por completo del mercado único y la unión aduanera. Critican a May por realizar una interpretación restrictiva al insistir en que continuar dentro no es una opción, pues conllevaría limitaciones inaceptables, como tolerar la jurisdicción europea o cierta flexibilidad en el control de las fronteras. El Brexit duro se convirtió, pues, en el único Brexit posible, y cualquier contestación era eficazmente tachada de negacionismo.

Pero el asunto de la frontera irlandesa ha vuelto a poner sobre la mesa un Brexit suave, aunque solo sea para evitar males mayores. Dublín vetará el avance de las negociaciones si no obtiene garantías de que no habrá frontera física entre Irlanda del Norte y la República. Y para que no haya frontera deben evitarse divergencias regulatorias entre las dos partes. De modo que, o Reino Unido entero sigue de facto en la unión aduanera y el mercado único, o se diseña un traje a medida para Irlanda del Norte. El traje a medida no lo tolerará el DUP, cuyos diez escaños May necesita para gobernar, y además lo reclamarían para sí también Escocia, Gales y Londres, abriendo un peligrosísimo melón territorial. Entonces, descartado el traje a medida, la permanencia del conjunto del país en el mercado único y la unión aduanera, o algo que se le parezca mucho, vuelve a entrar en el debate.

Una de las formulaciones más contundentes llegó desde el propio partido de May. La hizo la líder conservadora escocesa Ruth Davidson, figura de gran peso tras haber convertido a los tories en la primera fuerza de la oposición a los nacionalistas en Edimburgo. “Si el alineamiento regulatorio en una serie de áreas específicas es el requisito para que no haya una frontera física en Irlanda, entonces la primera ministra debe concluir que eso debe ser aplicable a todo Reino Unido”, dijo Davidson.

En eso coincidió —algo insólito— con su gran contrincante, la ministra principal escocesa, Nicola Sturgeon. “Este puede ser el momento para que la oposición y los tories partidarios de un Brexit suave fuercen un enfoque diferente y menos dañino: mantener a Reino Unido en el mercado único y la unión aduanera”, tuiteó la líder nacionalista.

En Westminster, el portavoz laborista del Brexit, Keir Starmer, exigió a May “que repiense sus temerarias líneas rojas”. Es hora, dijo, de que ponga la opción de permanecer en el mercado único “de nuevo encima de la mesa”. “Si el precio de la postura de la primera ministra es la ruptura de la unión y la reapertura de las amargas divisiones en Irlanda del Norte, entonces el precio es demasiado alto”, defendió.

Sorprendentemente, también se planteó el debate desde las propias filas del DUP. Nigel Dodds, su líder en Westminster, explicó en rueda de prensa las razones por las que el partido vetó el acuerdo de May. Se les mostró el borrador demasiado tarde, dijo, y la redacción era demasiado ambigua. Pero también celebró las llamadas a repensar el enfoque en el conjunto del país. Su partido, dijo, quiere “un Brexit sensato”, y eso significa que Reino Unido se vaya “como una sola nación” y con una frontera suave con Irlanda.

Davis Davis: "Alineamiento no es armonización"

El ministro del Brexit, David Davis, defendió el martes que cualquier alineamiento regulatorio que se diseñe para evitar una frontera en la isla de Irlanda se aplicará al conjunto de Reino Unido, y que el Gobierno no contempla una solución a medida para Irlanda del Norte. “La presunción del debate era que todo lo que hablábamos se aplicaría al conjunto del país”, dijo en el Parlamento, tratando de hacer a los unionistas norirlandeses reconsiderar su veto. Sin embargo, Davis quiso aclarar que “alineamiento no es lo mismo que armonización”. “No es tener exactamente las mismas normas”, explicó. “Es tener a veces normas mutuamente reconocidas, inspección mutuamente reconocida, todo ese tipo de cosas. Y eso es lo que perseguimos”.

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