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Holanda vislumbra el final de siete meses de parálisis política

Una coalición de cuatro partidos, que no incluye la ultraderecha, alcanza un pacto según la prensa local

El primer ministro holandés, Mark Rutte, el pasado día 3 en La Haya.
El primer ministro holandés, Mark Rutte, el pasado día 3 en La Haya. AFP

Holanda emerge de una complicada negociación en busca de un nuevo Gobierno con un pacto entre liberales de derecha, cristianodemócratas, liberales de izquierda y Christen Unie, el partido protestante. Los primeros ganaron los comicios del pasado 15 de marzo con 33 escaños. Los dos siguientes empataron con 19, y los del grupo confesional solo obtuvieron cinco. Un intento previo de pactar con los ecologistas de Groen Links (Izquierda Verde) que lograron 14 diputados, salió mal. Las diferencias entre el cuarteto final, sobre todo en temas éticos y de moral, han precisado casi cuatro meses de reuniones para solventarse, y la presentación oficial está prevista para la semana entrante.

La agencia estatal de noticias ANP así lo ha asegurado citando “fuentes fiables del entorno de los negociadores”. Nadie lo ha desmentido, y una vez hecho público el acuerdo, el liberal de derecha, Mark Rutte, repetirá como primer ministro. Tiene hasta fin de mes para nombrar a sus ministros, y aunque el quién es quién no está cerrado, los medios holandeses hablan de 16 carteras. Del pacto final ha sido apartado Geert Wilders, el líder anti musulmán, a pesar de que su Partido para la Libertad quedó en segundo puesto con 20 escaños. Nadie ha querido gobernar con él.

La nueva coalición ha necesitado en total casi siete meses de reuniones porque el primer intento, con los verdes, no llegó a cristalizar. Las conversaciones con Jesse Klaver, el mediático líder ecologista, se malograron en dos ocasiones debido a las desavenencias en materia de asilo. Él quería que los refugiados de una guerra, en especial los sirios, pudieran pedir asilo en Europa. Los otros tres partidos preferían cerrar acuerdos como el de la UE con Turquía. Y también con Túnez o Egipto, para retener en origen a los que quieren huir a cambio de ayuda financiera. Al final, no se pusieron de acuerdo y Christen Unie sustituyó a Klaver como socio.

Los pactos de los cuatro partidos que han llegado a la meta se han ido filtrando, y se sabe, por ejemplo, que reducirán el impuesto sobre el patrimonio. Hasta los 30.000 euros, ya sea en ahorros, acciones, arte o una segunda residencia, no se pagarán tasas. Liberales de derecha e izquierda, democristianos y protestantes quieren apoyar así a las rentas medias. También se anima a las escuelas a llevar a los niños, al menos una vez, al Rijksmuseum (Museo Nacional) de Ámsterdam y al Congreso. No se ampliará -aunque tampoco se suprime- la amnistía para los menores refugiados, incluso si llevan años viviendo en Holanda a la espera de una decisión sobre su futuro. Se trata de una medida de gracia discrecional del ministerio de Justicia, que puede conceder permisos de residencia en casos especiales.

Habrá, por otro lado, una Ley sobre el Clima, que obliga a reducir las emisiones de CO2 para 2030, aunque el porcentaje definitivo está por saber. Y un experimento sobre la marihuana, que legalizará su cultivo en una decena de municipios. De este modo, podrán surtir a los coffeeshops, donde se puede fumar sin problemas. La actual Ley del Opio permite el consumo personal pero castiga cultivar cannabis, de modo que la policía no pregunta a los dueños de los locales por el origen de su mercancía. La nueva regulación pretende acabar con los traficantes y cultivadores clandestinos, pero los fiscales recuerdan que la medida es contraria a los tratados internacionales firmados por Holanda. También subrayan que la mayor parte del hachís patrio se exporta y no se notará el cambio.