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Mélenchon se erige en jefe de la oposición francesa y lidera la protesta contra la reforma laboral

El líder de Francia Insumisa ha logrado colocarse como la principal voz contra el presidente Macron

Protesta multitudinaria en París en contra de la reforma laboral el 23 de septiembre de 2017.
Protesta multitudinaria en París en contra de la reforma laboral el 23 de septiembre de 2017. AP

Frente a Júpiter, Espartaco. Si el presidente francés, Emmanuel Macron, ha elegido la figura del omnipotente dios romano para definir su mandato, su principal rival en la arena política francesa, Jean-Luc Mélenchon, dice verse como Espartaco, el esclavo que dirigió la mayor rebelión en tiempos romanos. El líder del movimiento de izquierda radical Francia Insumisa ha encabezado este sábado en París una protesta contra la reforma laboral recién aprobada por el Consejo de Ministros.

“Estamos ante un pulso social”, afirmó Mélenchon ante las decenas de miles de manifestantes —30.000 según la policía, 150.000, según los organizadores— en la plaza de la República. “Y la batalla no ha hecho más que comenzar”, agregó el político, que amenazó con reunir a un millón de personas en las próximas semanas para seguir demostrando el rechazo a la reforma laboral.

Mélenchon fracasó en su intento de conquistar el Elíseo en los comicios y fundar una nueva república francesa, la sexta, menos presidencialista. Pero estos primeros meses de la era macronista ha sabido aprovechar la travesía en el desierto que atraviesan los partidos tradicionales para colocarse como el principal referente de la oposición, la voz que en todo le lleva la contraria a Macron. Ya sea desde su escaño en la Asamblea Nacional o en la calle, sigue luchando para acabar con la “monarquía republicana” en general y con el “rey Macron” en particular, en cuya promesa de reformas ve un peligro para los derechos sociales durante años defendidos a capa y espada en Francia.

El Espartaco francés ha encontrado su principal causa en la reforma laboral que Macron acaba de rubricar a golpe de ordenanzas (una especia de decreto). Lo considera un “golpe de Estado social” que justifica, dice, las protestas masivas a las que arenga desde hace meses y con las que tiene un objetivo claro: “Queremos bloquear a Macron”, explicaba el diputado insumiso Eric Coquerel. El movimiento fletó más de un centenar de autobuses en todo el país para asegurarse una “oleada de insumisos” que se apoderarían el sábado de las calles de la capital, haciendo así una demostración de fuerza ante Macron. 

Macron, que hace tiempo que ha identificado a Mélenchon como su principal voz contestataria, le ha advertido de que “la democracia no es la calle”. “Fue la calle la que acabó con un rey, con los nazis, fue la calle la que protegió la república, fue la calle la que conquistó los derechos laborales y es la calle, siempre, la que lleva las aspiraciones del pueblo francés”, le replicó Mélenchon este sábado ante una multitud que superaba ampliamente la congregada el jueves en París por los sindicatos, a quienes el líder insumiso llamó a unirse en la lucha contra el Elíseo.

Es lo que hizo Mathieu, un estudiante de Literatura de Lyon que viajó a París para “demostrarle a Macron que no puede hacer lo que le venga en gana”. También Marie Stoll se desplazó desde Lorena para mostrar su preocupación ante un Gobierno donde “Macron actúa como un rey en su trono, rodeado de cortesanos que solo validan lo que dice. Y eso, en democracia, es inadmisible”, respaldaba esta jubilada que no se define como una melenchonista convencida. Pero “en estos momentos, Mélenchon es la única oposición visible”, señaló. 

Tanto el fulminante éxito político de Macron (hace solo un año era el relativamente desconocido ministro de Economía) como el propio impulso de Mélenchon hasta la primera línea de oposición (pese a que Francia Insumisa solo cuenta con 17 escaños en la Asamblea Nacional) se debe a la descomposición del paisaje partidista tradicional. Por primera vez, ninguno de los grandes partidos —el socialista o el conservador Los Republicanos— llegó a la segunda vuelta presidencial, que se dirimió entre Macron y la líder de ultraderecha, Marine Le Pen, sumida ahora también en una crisis interna. 

El presidente y Mélenchon coinciden también en que la antigua división izquierda-derecha está superada. No obstante Mélenchon, que tiene como modelo a Podemos, ha sabido convertirse en el principal referente de la izquierda francesa y en la única voz que se escucha fuerte frente a un Macron al que define como “una pura criatura del sistema neoliberal, un concentrado de [Tony] Blair y [Margaret] Thatcher”, como dijo en una reciente entrevista con la revista Marianne.

El propio fenómeno Mélenchon es, sin embargo, en sí mismo una paradoja: un político de carrera que ha sido senador socialista y eurodiputado y que ha hecho de Francia Insumisa un movimiento fuertemente personalizado —a día de hoy, no hay alternativa a Mélenchon entre los insumisos— ha sabido, a sus 66 años, reciclarse para presentarse como la voz más fresca de la política nacional.

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