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La Izquierda lucha para mantenerse relevante en la política alemana

Las encuestas dan al partido 'Die Linke' entre un 8% y un 10% de los votos, una tercera posición que se disputarían los ultras de AfD, los Verdes y los Liberales

elecciones alemania
Acto de campaña de Die Linke (La Izquierda) en Dresde, Alemania. EFE

Frente a un pequeño escenario construido en la céntrica plaza Breitscheidplatz, en el corazón de Berlín, los organizadores del acto de campaña del partido Die Linke (La Izquierda) que tuvo lugar el pasado lunes colocaron cinco hileras de banquetas que fueron ocupadas por personas de la tercera edad. La formación lucha en su décimo año de vida por mantener sus votos y que los ultras de Alternativa para Alemania (AfD) no les adelanten. Las encuestas, a pocos días de los comicios del domingo, dan un triple empate (entre el 8% y el 11% de los votos) para ocupar la tercera fuerza de la primera economía de la Unión Europea (UE) a Die Linke, AfD y Los Liberales.

Todos los asistentes llegaron a la plaza para escuchar a dos de las más emblemáticas figuras del partido; el carismático Gregor Gysi y la popular vicepresidenta del Bundestag (Parlamento), Petra Pau, que esa tarde deseaban conquistar el alma política de los habitantes del sector occidental de la ciudad para hacer posible la meta con la que sueña el partido: seguir siendo la tercera fuerza del país.

“Gysi ha sido siempre la estrella del partido. Es inteligente, un orador exquisito y siempre ha sabido poner en apuros a la canciller [Angela Merkel]”, dice Harald Grünewald, un jubilado de 68 años que llegó a la plaza para conocer más de cerca lo que defienden los dos candidatos de Die Linke. “Es posible que vote por ellos para evitar que AfD sea la tercera fuerza en el Bundestag”, dice.

Aunque Gysi y Pau son dos personajes de primera fila de la política alemana, en la plaza no hay más de 150 oyentes. Todos aplauden para saludar la presencia de los dos candidatos en el escenario y todos gritan un potente “Ja!” (Sí!) cuando Pau y Gysi piden el voto del público para impedir que la formación xenófoba AfD se corone como la tercera fuerza política el próximo domingo, una posibilidad real si se confirma lo que predicen las encuestas: un 11% del voto.

“Los votos a favor de nuestro partido son un voto contra AfD. No podemos permitir que haya nazis en el Bundestag”, dice Petra Pau con energía. "AfD no es una alternativa para Alemania”, insiste. Gregor Gysi, quizás el mejor orador que haya tenido el Parlamento alemán en la última legislatura, arranca aplausos del público cuando dice que los líderes de AfD se “burlan de las víctimas del holocausto y ponen en peligro la democracia”.

A comienzos de año, Gregor Gysi y Petra Pau tenían un sueño que su propio partido sacó de la agenda: formar una coalición de izquierdas junto al SPD y Los Verdes. Los tres partidos podían formar una alianza para acabar con el reinado de la canciller Angela Merkel (de la CSU). Pero tan solo dos frases del programa electoral de Die Linke han podido costar a la formación quedar eternamente en una eterna organización de oposición: “La seguridad en Europa puede ser seguridad con y no contra Rusia. Queremos disolver la OTAN y reemplazarla por un colectivo de seguridad con la inclusión de Rusia que persiga la meta del desarme”.

Gregor Gysi y Petra Pau también están en contra de las misiones militares de Alemania en el exterior y el lunes pidieron más dinero para Educación e Investigación y condenaron las intenciones de Merkel de aumentar el presupuesto militar hasta el 2% del PIB en 2024. “Queremos más educación en lugar de más bombas”, dijo la principal candidata de Die Linke en Berlín. “La señora Merkel ha claudicado ante [Donald] Trump”. insistió. Declaraciones que arrancaron el aplauso del escaso público que acudió a escuchar a las dos estrellas de Die Linke. El presidente de EE UU insiste desde su llegada a la Casa Blanca en que todas las potencias de la OTAN deben aumentar su gasto militar hasta alcanzar el 2% del PIB.

La Izquierda nació como partido en 2007 gracias a la unión del viejo Partido del Socialismo democrático, heredero del partido comunista de la desaparecida RDA, con una fracción disidente del SPD liderada por Oskar Lafontaine. En las elecciones de 2009 obtuvieron un excelente 11,9% de los votos y cuatro años más tarde sólo recibieron un 8,6%. Los últimos sondeos señalan que Die Linke podría obtener, salvo sorpresas de último minuto, entre un 8% y un 10%.

Las aproximadamente 150 personas que acudieron el lunes para escuchar a Petra Pau y Gregor Gysi despidieron a los políticos con aplausos y con una frase que recordaba a épocas pasadas. “Wir werden siegen!” (“¡Venceremos!”, en castellano). 

Los alemanes no esconden su satisfacción por la situación económica del país y cuando las masas no se han empobrecido, un partido socialista que predica la justicia social y un mejor reparto de la riqueza tiene serios problemas para convencer al electorado. Peor aún, dos temas cruciales, la ayuda social Hartz IV y la famosa y polémica Agenda 2010, dejaron ver una preocupación de la mayoría de los alemanes, una realidad que se refleja en el electorado que vota por La Izquierda en los cinco nuevos Estados federados. Allí, Die Linke obtuvo un 30% de los votos hace ocho años. Cuatro años después solo obtuvieron un 23% y este domingo pueden bajar hasta un 20% o menos.

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