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El alemán que asusta a Europa

El liberal Christian Lindner, que prefiere a Grecia fuera del euro y se opone a una eurozona más integrada, se perfila como posible socio de Merkel

elecciones alemania
El líder del FDP alemán, Christian Lindner, en un acto en la plaza Römer de Fráncfort el lunes 18 de septiembre EFE

En esta plácida —algunos dirían soporífera— campaña electoral alemana, en la que la mayor incógnita consiste en quién va a compartir el poder con la eterna Angela Merkel, un personaje despierta una creciente preocupación en gobernantes europeos, analistas e inversores. No se trata de ningún ultraderechista con proclamas racistas, sino del líder del partido que gobernó 45 de los 68 años de la República Federal. Es Christian Lindner, presidente de los liberales, que se perfila como posible socio de la democristiana Merkel para los próximos cuatro años. Muchos temen que, si llega al Gobierno, sus propuestas para la eurozona aviven la llama de una crisis que, poco a poco, Europa empezaba a superar.

Termina el mitin, y una multitud ávida de un selfie se lanza a por la presa. A sus 38 años, Lindner es la estrella del momento de la política alemana. Pero él no tiene tiempo. “Tengo que irme. Pierdo mi tren”, dice. Acaba de hablar en Fráncfort y va a su segundo acto del día, en Núremberg. Quedan solo cuatro días de campaña y el líder del FDP apura hasta el último minuto para colocar a su partido como tercera fuerza en las elecciones del próximo domingo y, sobre todo, volver al Gobierno que abandonó en 2013, cuando por primera vez en la historia de la Alemania moderna los liberales quedaron fuera del Bundestag.

Las encuestas coinciden en que, tras las elecciones, Merkel tendrá dos opciones: reeditar la gran coalición con los socialdemócratas o gobernar con el FDP, quizás en compañía de Los Verdes también.

Antes de salir pitando, Lindner responde a unas preguntas a EL PAÍS. Si hubiera estado en el Gobierno en esta legislatura, ¿sería hoy Grecia miembro del euro? “No. Con el FDP no se habría aprobado en 2015 el tercer programa de rescate”. ¿Qué opina de los que creen que usted puede reanimar la crisis de deuda? “Acepto como un cumplido que los hedge funds que ganan dinero con los bajos tipos de interés alerten contra nosotros. Eso muestra que no somos los representantes del gran capital, sino de la gente común”, asegura con una sonrisa.

La mención a los hedge funds —o fondos de alto riesgo— se explica porque Blackrock, la mayor gestora del mundo, ha alertado de una fuerte reacción adversa de los mercados si Lindner impone en una futura coalición la expulsión de Grecia del euro o mayor dureza en las reglas fiscales de la eurozona. Pero la preocupación no afecta solo a los mercados. Para la propia Merkel puede convertirse en un problema coaligarse con un socio que promete dejarle poco margen de maniobra en la política europea. “El peor resultado posible para la canciller sería una mayoría muy reducida de democristianos y liberales. Porque no podría negarse a gobernar con ellos. Y en el Bundestag dependería toda la legislatura de los diputados más euroescépticos”, señala Franz Decker, politólogo de la Universidad de Bonn que dirigió la tesis de Lindner.

Joven, guapo y con una cuidada imagen de ganador que puede resultar arrogante, Lindner ha devuelto la esperanza a los liberales. En Internet han hecho furor unas imágenes en las que aparece con 18 años —cuando ya había empezado su carrera política y empresarial— yendo al colegio con maletín y corbata. En la plaza de Fráncfort donde habla se han congregado unas 600 personas, muchos de ellos jóvenes. En las elecciones de 2013, según un organizador, no reunían ni a 200. Entonces, el FDP pasó de ocupar el Ministerio de Exteriores a la humillación de no alcanzar el 5% necesario para entrar en el Bundestag. Hoy, las encuestas le otorgan más del 9%, en una muy reñida carrera por el tercer puesto con los ultras de AfD y los izquierdistas de Die Linke. El jubilado Achim admite que el domingo volverá a votar a los liberales después de haberlos abandonado. “Con él, la cosa ha cambiado. Habla muy bien. Y tiene contenido”, dice.

Modelo profesional

El profesor Decker conoce bien al hombre que posa con camisa blanca como un modelo profesional en los carteles. El politólogo recuerda a Lindner como un estudiante brillante y dinámico que descubrió muy pronto la dureza de la política, con el supuesto suicidio de Jürgen Möllemann, el dirigente liberal que le introdujo en el FDP, del que fue apartado por unas declaraciones antisemitas. “Conoce desde dentro la brutalidad de los juegos de poder”, concluye.

La estrella de los liberales domina el escenario. Hace pausas dramáticas y sabe cómo hacer reír. En casi una hora de discurso, Lindner no menciona la eurozona ni una vez. Habla de educación, digitalización —“en este aspecto, Alemania está más cerca de Corea del Norte que de la del Sur”—, seguridad ciudadana e inmigración. Y arremete contra las críticas que recibió por reclamar que los refugiados vuelvan a su país cuando la situación allí se calme, una frase interpretada como un intento de robar votantes a los ultras de AfD.

Guntram Wolff, del think-tank Bruegel, cree que, llegue o no al Gobierno, la popularidad de Lindner muestra que el próximo Parlamento alemán tendrá más voces euroescépticas. En el FDP, que se define como “el partido más europeísta de Alemania”, no lo ven así. “Muchos tienen miedo de nuestra vuelta al Gobierno por peligrar la estabilidad financiera. Pero no hay motivo. Apostamos por menos deuda, más reformas y más responsabilidad. Con nosotros habrá más estabilidad”, responde Lindner antes de salir a la carrera hacia el próximo acto.

Objetivo: el sillón de Schäuble

Christian Lindner dice querer hablar de contenidos, no de cargos. Pero él mismo contribuyó a los rumores cuando este domingo dijo a Die Welt que el Ministerio de Finanzas es el único con poder suficiente para “mirar a la canciller a la altura de los ojos”.

En Alemania, la tradición manda que el socio menor de una coalición elija qué ministerio desea. Y Lindner no quiere repetir los errores de su antecesor, Guido Westerwelle, que en 2009 optó por Exteriores, un departamento con mucho relumbrón, pero poco poder real. No es de extrañar que desde ahí los liberales fueran incapaces de cumplir su promesa de bajar impuestos; ni que cuatro años más tarde fueran barridos del Bundestag. El problema es que para hacerse con Finanzas, Lindner tendrá que desplazar a Wolfgang Schäuble, uno de los políticos más populares de Alemania. Tras 45 años como diputado y 15 como ministro, es poco probable que Schäuble vaya a conformarse con un puesto de segunda.