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Zapatero llega a Venezuela en busca de encarrilar el diálogo entre Gobierno y oposición

Los opositores piden que otra figura haga contrapeso al expresidente, al que ven muy cercano a Maduro

El expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero llegó este martes a Caracas para mediar de nuevo entre el Ejecutivo y la oposición de Venezuela. Sus gestiones han cobrado un nuevo impulso después de que la semana pasada resucitara en República Dominicana un proceso que parecía condenado a muerte. Al régimen de Nicolás Maduro, cercado por las sanciones financieras de Estados Unidos y la inminente posibilidad de que la Unión Europea también lo penalice, le urge demostrar que no sigue una deriva autoritaria.

El expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, el pasado 13 de septiembre en Santo Domingo. Ampliar foto
El expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, el pasado 13 de septiembre en Santo Domingo. EFE

El oficialismo ha llamado a elecciones regionales, que se celebrarán el 15 de octubre, y está intentando con intensas gestiones ante las cancillerías europeas que no se amplíe el cerco a su economía agitando la bandera del diálogo con sus adversarios de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

La coalición de formaciones opositoras, sin embargo, no tiene muchas expectativas y prefiere ser cauta, de acuerdo con el testimonio de tres fuentes enteradas del contenido de las conversaciones. En primer lugar, porque el régimen, incluso aceptando las recurrentes demandas opositoras (liberación de presos políticos, respeto a las competencias del Parlamento, la celebración de elecciones presidenciales y el inmediato abastecimiento de alimentos y medicinas a través de la cooperación internacional), ha llevado a la mesa el punto de honor de que se le levanten las sanciones financieras y que se reconozca a la Asamblea Nacional Constituyente, el Parlamento convocado por Maduro con el supuesto objetivo de escribir una nueva Constitución, pero que en realidad funciona como una instancia de control de sus adversarios.

La primera petición escapa incluso del ámbito de acción de los mediadores. La segunda condición es también un punto de honor para la MUD. “Nunca reconoceremos a la Constituyente”, asegura uno de los delegados opositores. “Podemos estar de acuerdo en todo lo demás, pero si persiste el desacuerdo [en este punto] todo se podría venir abajo”, agrega. A excepción de los aliados continentales del régimen, casi toda la región rechaza esa instancia.

Tres etapas del proceso

La MUD se ha planteado una carrera con tres etapas claramente definidas. Por ahora, apenas transitan la primera. Según su criterio, aún no se puede hablar de diálogo. En el camino de esa primera meta aspiran a fijar, antes de los próximos 12 meses, la fecha de las elecciones presidenciales, que incluya la garantía de la observación internacional y que permita el trabajo de la prensa independiente; formar una nueva terna del Consejo Nacional Electoral mucho más equilibrada; buscarle un contrapeso a Zapatero, a quien perciben como un delegado del régimen de Maduro; y nombrar a tres países que hagan cumplir los eventuales acuerdos que surjan.

La oposición completó esta tarea la semana pasada. Sus representantes serán México, Chile y Paraguay. El régimen chavista ha nombrado a Bolivia y Nicaragua. Aún le falta un tercer país. Los delegados de la MUD creen que será alguna de las islas del Caribe Oriental, que se beneficia de la venta de petróleo subsidiado, o El Salvador.

Mientras se desarrolla este pulso, la MUD intensifica sus contactos con los Gobiernos de la región para mantenerlos al tanto de todo cuanto sucede en Venezuela. “Nos han pedido que no bajemos la presión”, asegura un diplomático, en referencia al curso que podrían seguir las anunciadas sanciones de la Unión Europea. A la oposición le mueve la certeza de que el Gobierno de Maduro, aunque siente la presión del estrangulamiento financiero del Gobierno de Estados Unidos, todavía tiene margen de maniobra para desconocer los acuerdos y ganar tiempo.

Francia apuesta por la “presión colectiva”

Una prueba de los diarios intercambios entre la oposición venezolana y los Gobiernos europeos puede rastrearse en la intervención del presidente de Francia, Emmanuel Macron, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, que se celebra en Nueva York.  Macron afirmó que deben existir “presiones colectivas” que impulsen el respeto a la democracia en el país sudamericano y destacó que no se debe permitir el fortalecimiento de las tendencias dictatoriales del régimen de Nicolás Maduro. Las eventuales sanciones que impondría la UE siguen su inexorable camino.

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