Le Pen carga contra Macron como candidato de “la casta”

La candidata ultra apela a votantes de izquierdas y derechas con un mensaje contra las élites finacieras

La líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, se dirige a sus simpatizantes durante un mitin en Villepinte en el norte de París el 1 de mayo de 2017.Vídeo: E. L (EFE) / REUTERS-QUALITY

El pueblo contra las élites, los trabajadores contra los banqueros, la nación independiente contra la globalización ciega. “Nuestro Gobierno no será el de la casta, sino el de todos los franceses”, dijo Marine Le Pen este lunes ante 6.000 personas en su gran mitin en las afueras de París.

A falta de seis días para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, la candidata del Frente Nacional, heredera del viejo partido de la extrema derecha francesa, redobla el mensaje de la lucha de clases. Le Pen intenta seducir a los votantes de izquierda y derecha bajo una poderosa idea de fuerza: la defensa del pueblo, de la Francia eterna, frente a una oligarquía invisible encarnada, según ella, en su contrincante, el centrista Emmanuel Macron.

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Con los sondeos claramente en contra, Le Pen intenta salir del rincón de la ultraderecha, el estigma de apellido y las siglas que elección tras otra la dejan a las puertas del poder. Las aristas más desagradables —la retórica contra el extranjero— o impopulares —la promesa de salir del euro— quedan revestidas de declaraciones vagas sobre la defensa de las fronteras nacionales o la renegociación de los tratados europeos y su eventual salida. Ella busca confederar a las personas de todo color político —las clases medias, las clases populares, la derecha nacionalista que aún podría tener algún reparo ante la marca FN— con un mensaje transversal. La inclusión del autoproclamado gaullista Nicolas Dupont-Aignan en el ticket electoral —le ha designado como primer ministro— va en este sentido. “Yo devolveré la independencia a Francia”, promete Le Pen.

Macron intenta arrinconar a Le Pen recordando el ADN ultraderechista y colaboracionista del FN con gestos como la visita el domingo al memorial de la shoa y la deportación, o la participación este lunes a un homenaje a Brahim Bourram, asesinado en 1995 por militantes ultras. Le Pen se esfuerza por retratar a Macron, que fue banquero de inversiones y ministro de Economía del presidente socialista François Hollande, como una especie de títere movido por oscuros intereses, el hombre del establishment político, económico y mediático.

Le Pen recordó el discurso electoral de Hollande de 2012 en Le Bourget, cerca del lugar donde ella hablaba, Villepinte. Allí el entonces candidato dijo que el verdadero enemigo de Francia era la finanza, pero era un enemigo sin rostro. "Hoy tiene un rostro", dijo la candidata. "Se llama Emmanuel Macron".

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La palabra clave, que repitió hasta tres veces en el mitin: casta. Los de arriba y los de abajo. No importa que Le Pen creciese en un palacete en el barrio acomodado Saint-Cloud o que siempre haya vivido de la política o en el entorno a ella.

Todo esto importa poco a seguidores como Vincent Lecaillon, un profesor de historia y geografía que vino en autobús desde la Alta Savoya. “Esperamos que se unan a nosotros electores de izquierdas y de derecha. Patriotas”, dijo mientras esperaba a que Le Pen comenzase a hablar. “Porque el voto de Marine es un voto de clase. En el sentido marxista. Las clases populares y las clases medias desclasadas votan a Marine”.

La segunda palabra clave del mitin: protección. Le Pen se presenta como protectora ante la “mundialización, la miseria, el paro, la uberización [de Uber, la empresa de transporte que compite con los taxis], la desreglamentación de todas las profesiones”. Protectora, también, de los derechos laborales y del medioambiente. Incluso, concedió, de “los extranjeros que estén aquí y respeten las leyes”. Protectora, en fin, del pueblo ante “la insensibilidad del mundo del dinero”, y ante lo que ella llama “dos ideologías totalitarias”, en pie de igualdad: mundialismo e islamismo. “Entre el ‘todo económico’ y el ‘todo religioso’, nosotros abrimos una vía alternativa”, dijo.

El antiguo partido que agrupaba a colaboracionistas con los nazis en la Segunda Guerra Mundial y monárquicos nostálgicos, católicos integristas, el que detestaba al general De Gaulle por haber aceptado la independencia de Argelia, el que recelaba de la República y el laicismo, el que en los ochenta abrazaba el libre mercado de Reagan, intenta transformarse. Culminar esta transformación es la condición necesaria para la victoria, la remuntada, o remontada, otra palabra de inspiración hispánica, como casta, que Le Pen usa estos días.

Toda la campaña consistirá esta semana en un forcejeo por definir ante la opinión pública al FN, fijar su imagen —¿partido apestado y ultra? ¿o partido republicano y transversal?— entre los millones de votantes que el 7 de mayo decidirán, entre Le Pen y Macron, el nombre del próximo presidente de Francia. 

Jean-Marie Le Pen pide el voto para su hija Marine

S. Ayuso

A pesar de la distancia que le ha impuesto su hija y candidata presidencial, Marine Le Pen, el fundador del Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, pidió este lunes el voto para la nueva líder del partido de extrema derecha, a la que presentó durante un homenaje a Juana de Arco como “una opción nacional y patriótica” frente al “candidato socialista enmascarado” Emmanuel Macron.

“Macron es el candidato de Hollande y de Soros, el candidato socialista enmascarado, el candidato del sistema (…) nos habla de futuro , pero no tiene hijos, habla de trabajadores pero es un antiguo banquero de Rothschild, quiere dinamizar la economía, pero forma parte de los que la dinamitaron”, cargó Le Pen padre contra el rival centrista de su hija.

Frente a este “Hollande bis”, existe la “opción patriótica” de una “madre de familia dedicada desde hace años al servicio público, diputada, consejera regional, que ha adquirido competencias y tiene el carácter necesario como jefa de Estado”, contrapuso Le Pen, que sin embargo solo pronunció una vez el nombre de su hija y candidata, Marine. “Es una hija de Francia, no es una Juana de Arco pero acepta la misma misión que esa Juana que ella ama y admira, ella ha elegido Francia”, insistió Le Pen.

Sobre la firma

Marc Bassets

Es corresponsal de EL PAÍS en París y antes lo fue en Washington. Se incorporó a este diario en 2014 después de haber trabajado para 'La Vanguardia' en Bruselas, Berlín, Nueva York y Washington. Es autor del libro 'Otoño americano' (editorial Elba, 2017).

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