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La DEA acusa a un alto mando de la policía mexicana de pasar información al narco

Iván Reyes Arzate, con un puesto clave en la Policía Federal, estaba comprado por los Beltrán Leyva, según documentos judiciales

Beltrán Leyva México
Operación de la Policía Federal contra los Beltrán Leyva en 2009. AP

La conversación entre los dos narcotraficantes, captada por la DEA estadounidense a las 11.42 de la mañana del pasado 17 de octubre, no dejaba lugar a dudas. “¿Quién es Iván?”, pregunta el narco Ángel Domínguez Ramírez. “El jefe”, contesta su interlocutor, no identificado. Se refieren a Iván Reyes Arzate, un alto mando de la Policía Federal mexicana que se acaba de entregar en Chicago acusado de pasar información de la Agencia Antidroga de Estados Unidos al cártel de los Beltrán Leyva.

En una denuncia de 42 páginas presentada en febrero y dada a conocer este miércoles, la DEA cuenta con todo detalle como Reyes cobraba de la banda criminal a cambio de información de investigaciones sobre ellos. Las actividades de Reyes incluso llevaron a destapar a un informador de la policía estadounidense, que fue torturado y asesinado.

El dato más difícil de digerir para las autoridades mexicanas es que Reyes llegó a ser el máximo responsable de las llamadas unidades de investigación especial (SIU, por las siglas en inglés que la DEA otorga a estos grupos). Las SIU son unidades de especial confianza de las autoridades estadounidenses, con las que comparten la información más sensible en sus investigaciones contra las grandes bandas criminales. Es decir, el mismo jefe de la unidad supuestamente de confianza de Estados Unidos en México para perseguir a los cárteles era un topo. Según la denuncia, Reyes formó parte de las SIU desde 2008 y en septiembre de 2016 llegó a ser el oficial de más alto rango en este cuerpo.

El procesamiento de Reyes culmina una semana de bochorno para las autoridades mexicanas en lo que se refiere a la cooperación transfronteriza contra el narcotráfico. El pasado 27 de marzo, fue detenido en San Diego el fiscal general de Nayarit, Edgar Veytia, acusado de delitos de narcotráfico. Nayarit es un estado clave en el trafico de drogas.

La DEA llegó hasta Reyes en el contexto de una investigación sobre tráfico de drogas en el área de Chicago, centrada en un traficante llamado Ángel Domínguez Ramírez y otras dos personas no identificadas en la denuncia, que operaban como distribuidores de droga en Estados Unidos para los cárteles Beltrán Leyva y Sinaloa, el que dirigía Joaquín El Chapo Guzmán.

Los teléfonos de los tres narcotraficantes estaban pinchados y es en esas conversaciones en las que aparece un topo que les informa de que están siendo vigilados. Ese topo sería Reyes. En una de las conversaciones, bajo el sobrenombre Ayala, dice:

Ayala: Sobre lo de ayer, adivina, eres tú.

Narco 1: ¿Qué teléfono es? ¿Me deshago de ellos?

Ayala: Aquí hay oídos que lo tienen.

Narco 1: Ya veo.

Ayala: Deshazte de todo.

La conversación continúa y el tal Ayala (que la DEA asegura que es Reyes, le dice que le están investigando, que no se reúna con nadie y que no haga llamadas, que se comunique solo por mensajes. Durante este intercambio, Reyes incluso le envía al narco una fotografía que le tomaron los investigadores.

La denuncia asegura también que en una ocasión, en enero de 2016, información facilitada por Reyes a los Beltrán Leyva llevó a la tortura y asesinato de una fuente confidencial de la DEA en Miami. Reyes no solo era perfectamente consciente de esto, sino que estuvo en la reunión donde se decidió el asesinato y, junto con otras dos personas, cobró tres millones de dólares por esta información.

El pasado 2 de febrero, Reyes acudió a una cita en la Embajada de Estados Unidos en México con miembros de la fiscalía y agentes de la DEA. En esa reunión, reconoció sus conversaciones con Domínguez. Se encuentra detenido en Chicago a la espera de comparecer ante el juez.

El juez federal del Distrito Norte de Illinois levantó el secreto sobre el caso en el mismo día en que Alfredo Beltrán Leyva, El Mochomo, líder del cártel que lleva su nombre, fue condenado a cadena perpetua en una corte del Distrito de Columbia. Además, coincide una semana después de que fuera detenido en San Diego el fiscal general del Estado de Nayarit, Edgar Veytia, acusado de pertenecer a una red de tráfico de drogas. Veytia, hasta ese momento máximo responsable de la lucha contra el narco en su Estado, está reclamado por un juzgado de Nueva York y se le acusa de delitos de narcotráfico que podrían suponer cadena perpetua.