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La jefa de la diplomacia de la UE busca en EE UU encauzar la tensa relación bilateral

Comercio, terrorismo y cambio climático, entre los temas que abordará Mogherini en su visita a EE UU, durante la que no está prevista que sea recibida por el presidente norteamericano

Federica Mogherini.Foto: reuters_live | Vídeo: FRANCOIS LENOIR (REUTERS) / REUTERS-QUALITY

La UE dio por hecho que su próxima interlocutora al otro lado del Atlántico sería Hillary Clinton y recibió con estupor la victoria de Donald Trump. Tras varias fases de respuesta diplomática —primero la prudencia, luego la definición de Trump como amenaza exterior y finalmente la constatación de inquietud ante el nuevo rumbo estadounidense—, Bruselas optó ayer por rebajar la tensión. La alta representante para la Política Exterior, Federica Mogherini, se ha entrevistado en Washington con el secretario de Estado, Rex Tillerson, y otros miembros de la Administración Trump. Hubo “atmósfera positiva y voluntad de cooperar”.

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La jefa de la diplomacia europea y la Administración de Trump han empezado así a medirse, en persona, después de un arranque abrupto de las relaciones. Con Tillerson ha mantenido una reunión larga en la que hablaron de la relación entre la UE y Estados Unidos y de los puntos más conflictivos de la política exterior: Rusia, Ucrania, Siria e Irán, según explicaron a EL PAÍS fuentes cercanas a la alta representante.

Además del secretario de Estado, la agenda de Mogherini para este viaje, que concluye este viernes, incluía al asesor especial del presidente —y yerno suyo—, Jared Kushner y al asesor de seguridad nacional, Michael Flynn. Fuera del Gobierno, la alta representante se citó con varios senadores, entre ellos John McCain, crítico con el nuevo presidente y diana de algunos ataques de Trump durante la campaña electoral.

Desde sus comienzos como candidato, el republicano puso de los nervios a los socios europeos con su apoyo entusiasta al Brexit, anatema de la Unión, y más adelante con sus críticas a su política de refugiados o su burocracia. Además, ha propuesto a un gran escéptico sobre el proyecto europeo, Ted Malloch, como futuro embajador estadounidense para la UE. El Parlamento Europeo ha pedido su veto, si llega a ser designado, y las instituciones dudan sobre si gastar toda su munición en esa maniobra —toda una afrenta diplomática a Washington— o aguardar a ocasiones venideras.

Malloch es un ex diplomático de Naciones Unidas que da clases de gobernanza en una escuela de negocios de Reino Unido y ha demostrado tener muy pocos pelos en la lengua. Coincidiendo con la visita de Mogherini, ayer mismo decía en una entrevista con Associated Press que uno de los grandes problemas con la UE “es su obvio antiamericanismo”. “Ha tomado posiciones contrarias a la política exterior americana en muchos asuntos, ya sea Israel, en Oriente Próximo o Irán y en algunos temas de derechos humanos”, lamentó. “Hay una larga y creciente lista de asuntos en los que diferimos de la UE”, insistió.

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Como responsable de Asuntos Exteriores en la esfera comunitaria, Mogherini lleva Oriente Próximo entre sus principales puntos de discusión. Para dejar claro el malestar con el envalentonamiento israelí respecto a la expansión de las colonias —tolerado, como mínimo, por Trump—, la jefa de la diplomacia divulgó, antes de sus entrevistas en Washington, que había mantenido una charla telefónica con el líder palestino Mahmud Abbas.

El interlocutor para esas cuitas, que antes compartía con John Kerry, es ahora Rex Tillerson, el exprimer ejecutivo del gigante petrolero ExxonMobil. Pese a todo, Tillerson ha mostrado mejores dotes diplomáticas que el presidente y, según algunos analistas, puede desempeñar el papel de apagafuegos. Dentro de unas semanas, por ejemplo, viajará a México para tratar de apaciguar la crisis creada por el muro fronterizo.

Hace tres décadas Henry Kissinger, secretario de Estado con Nixon, ironizaba sobre Europa preguntándose qué teléfono debía marcar si quería hablar con este club de países. Para Barack Obama, ese número tenía prefijo alemán: el de Angela Merkel. Pero Trump no ha empezado bien con Berlín ni con París. No hay teléfonos de referencia en la agenda del presidente de la mayor potencia mundial.

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