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EAU emerge como potencia regional en medio del caos de Oriente Próximo

El jeque Mohamed Bin Zayed ha sido el segundo líder árabe al que ha telefoneado Trump

El Príncipe de Gales presenta un manuscrito coránico al jeque Mohammed bin Zayed Al Nathan, príncipe heredero de Abu Dhabi, en Emiratos Árabes Unidos.
El Príncipe de Gales presenta un manuscrito coránico al jeque Mohammed bin Zayed Al Nathan, príncipe heredero de Abu Dhabi, en Emiratos Árabes Unidos. Cordon Press

El ministro ruso de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, visita este miércoles Abu Dhabi. Dos días antes lo hizo el jefe de la diplomacia italiana, Angelino Alfano. Rara es la semana que la capital de Emiratos Árabes Unidos (EAU) no alberga una conferencia internacional o reunión de alto nivel, muestra de la creciente influencia regional de este país. El pasado domingo, el príncipe heredero de Abu Dhabi fue el segundo líder árabe, después del rey de Arabia Saudí, a quien telefoneó el presidente Donald Trump.

El gesto supone un gran cambio respecto a solo una década atrás cuando el país que hacía sombra al Reino del Desierto, era el pequeño y riquísimo Qatar. Gracias a sus enormes reservas de gas, el entonces emir, el jeque Hamad, se embarcó en una ambiciosa carrera en busca de influencia global que acabó de repente con su abdicación en 2013.

“Si [a Trump] le interesan los dos líderes importantes del golfo Arábigo, estos son los dos que vienen a la mente”, ha declarado el politólogo Abdulkhaleq Abdulla en referencia al rey Salmán y a Mohamed Bin Zayed.

Aunque el jeque Mohamed no tiene ningún cargo ejecutivo en el Gobierno de EAU, la enfermedad del jeque Jalifa, su hermano mayor y presidente de la federación, le ha convertido desde hace algunos años en el hombre fuerte del país. Dado el peso de Abu Dhabi, su emir es automáticamente jefe del Estado y comandante supremo de las Fuerzas Armadas. Ese emirato ya demostró su poderío económico a finales de 2009 cuando rescató de la quiebra al vecino (y más glamuroso) Dubái. Pero bajo la dirección del heredero, Emiratos ha reforzado su presencia internacional a través tanto de la diplomacia como de la ayuda humanitaria y, sobre todo, la intervención militar.

Resultaba una tarea difícil a la sombra del poderoso Arabia Saudí, el hermano mayor, con el que no siempre coinciden los intereses. A diferencia del arrollador Qatar, Emiratos ha seguido una senda más discreta, en estrecha cooperación con Washington. Tal como destaca la página web de la Embajada emiratí en esa capital, “EAU es uno de solo tres países y la única nación árabe que ha participado con EE UU en las seis acciones de coalición de los últimos 20 años: Afganistán, Libia, Somalia, Bosnia-Kosovo, la guerra del Golfo de 1990 y la lucha contra el ISIS”. Además, facilita apoyo logístico tanto a la Marina como a la Fuerza Aérea norteamericanas, y alberga la sede de un Centro de Combate Aéreo Conjunto.

El entusiasmo con que los emiratíes anunciaron su participación en los primeros ataques contra el ISIS ya revelaba ambiciones más amplias de la Esparta del Golfo, el apodo con el que algunos diplomáticos estadounidenses se refieren a Emiratos. Pero el salto cualitativo se había producido a partir de 2011, cuando los vientos de la primavera árabe parecían favorecer el ascenso de los Hermanos Musulmanes (respaldados por Qatar y Turquía). EAU, que ve el islam político como una amenaza existencial y molesto con la pasividad de EE UU, respaldó la intervención saudí en Bahréin con el envío de 500 policías, bombardeó posiciones islamistas en Libia, apoyó a algunos opositores sirios y se ha revelado un socio clave en la controvertida intervención de Riad en Yemen a pesar de la diferencia de objetivos.

“Emiratos aspira a convertirse en interlocutor imprescindible en la región”, señalan fuentes diplomáticas europeas que mencionan la reciente visita del jeque Mohamed a India. Esa nación de 1.300 millones de almas ha recibido con los máximos honores al representante de un país en el que el 88 % de sus 9,5 millones de habitantes son inmigrantes extranjeros (2,6 millones precisamente indios). Algunos analistas ven en esa alianza, cuyas raíces se remontan a los intercambios comerciales del siglo XIX, una alternativa a la que establecieron Arabia Saudí y Pakistán, muy degradada por la asociación de ambos con el radicalismo islámico que sacude la región.

“EAU espera superar esta situación de caos e inestabilidad en la zona a través de la cooperación y los esfuerzos conjuntos en aras de los intereses mutuos, alcanzar la paz y la estabilidad y restablecer la seguridad”, le dijo el jeque Mohamed a Trump durante su conversación telefónica, según la agencia WAM.

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