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Anatomía del impacto psicológico del terrorismo en Francia

Un estudio observará a lo largo de 10 años las consecuencias de los atentados yihadistas

Ciudadanos parisinos durante el homenaje a las víctimas del atentado contra el semanario 'Charlie Hebdo', el pasado sábado en París.
Ciudadanos parisinos durante el homenaje a las víctimas del atentado contra el semanario 'Charlie Hebdo', el pasado sábado en París. EFE

Hace justo dos años, los atentados contra la revista Charlie Hebdo y un supermercado judío abrían la secuencia de ataques yihadistas que se ha cobrado la vida de más de 200 personas en Francia. ¿Cómo han afectado estos eventos a unos y otros? Y, ¿cómo se construye la memoria colectiva de unos acontecimientos tan traumáticos? Esto es lo que trata de analizar un gran estudio multidisciplinario lanzado a raíz de los ataques más sangrientos, los del 13 de noviembre de 2015, en los que fueron asesinadas 130 personas. Bautizado como proyecto memoria del 13 noviembre, parte del testimonio de 1.000 personas, afectados directamente o no por los ataques, que serán entrevistadas en varias ocasiones a lo largo de una década.

“Lanzar el programa ha sido como una misión ciudadana, intentamos responder con nuestras propias armas, que son las de la investigación y el conocimiento”, explica el historiador Denis Peschanski, quien dirige el proyecto junto al neuropsicólogo Francis Eustache, coordinado por el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) y el Instituto Nacional de Sanidad e Investigación Médica Inserm. “Se trata de analizar la articulación entre la memoria individual y la colectiva, sobre la base de un evento traumático”.

Para ello, la apuesta de esta pareja científica, que lleva tiempo colaborando en torno a estas temáticas, es borrar la frontera entre las ciencias sociales y la neurobiología. “Es imposible entender la construcción de la memoria colectiva sin entender las dinámicas cerebrales. Y, a la inversa, no podemos comprender la evolución de la memoria individual sin la influencia social”, añade el historiador de 62 años, también presidente del Comité Científico del Memorial del Campo de Rivesaltes.

El proyecto gira en torno a los testimonios de unos 1.000 voluntarios, divididos en cuatro círculos de cercanía. Los supervivientes y familiares de víctimas ocupan el primer círculo, junto al personal médico y las fuerzas de seguridad movilizadas el 13 de noviembre. El segundo lo forman los vecinos de los distritos afectados y el tercero los de los barrios periféricos. El cuarto incluye a ciudadanos que residen fuera de la capital, en Caen, Metz y Montpellier, pero que como tantos otros se han sentido conmocionadas por la tragedia. En paralelo, un estudio biomédico sobre 120 personas del primer círculo y 80 del cuarto, bautizado Remember, analiza los posibles síndromes posttraumáticos y su evolución en el tiempo.

Cada testigo comparte la vivencia del mismo acontecimiento, pero cada historia es diferente: entre los supervivientes de la sala Bataclan, epicentro de la masacre, algunos pudieron huir en los primeros instantes, otros se hicieron los muertos, otros se encerraron durante horas en una sala, otros fueron rehenes. Entre los policías, muchos describen lo que Peschanski define como el efecto túnel. "Entran al Bataclan con una misión, se concentran en ella y hacen abstracción del resto. Una vez dado el asalto, se hace la luz, ven los cadáveres, se miran las suelas de los zapatos... estremecedor. Muchos han quemado su ropa al llegar a casa. La mayoría se han dado duchas de una o dos horas", cuenta el historiador.

Las entrevistas, filmadas, se han realizado en su mayoría antes del pasado mes de octubre, para evitar la cercanía con el primer aniversario del 13N, y han movilizado a unas 150 personas, entre investigadores, técnicos y personal auxiliar. Tan solo quedan por cerrar las de algunas personalidades políticas, como la del actual primer ministro –y ministro del Interior en el momento de los atentados- Bernard Cazeneuve. El pasado jueves, Peschanski recogió durante dos horas el testimonio de la alcaldesa Anne Hidalgo y a finales de diciembre el del presidente François Hollande. Las mismas personas serán entrevistadas de nuevo en 2018, en 2021 y en 2026. Sus experiencias personales se analizarán junto al discurso colectivo, a través de los relatos en los medios de comunicación y los recogidos en las redes sociales. El conjunto del coste del proyecto está estimado en unos 20 millones de euros.

Cuando lanzaron el estudio, uno de los temores de los promotores era que las víctimas directas declinaran participar. Pero la respuesta ha sido sorprendentemente favorable. “Sumamos unos 380 testimonios del primer círculo. Agradecen que les demos el tiempo que necesitan para hablar y que el estudio se extienda en el tiempo” explica Peschanski. “Un superviviente estuvo hablando una hora y veinte antes de que tuviéramos que hacer otra pregunta. Otra víctima nos ha escrito después de la entrevista para decir que había sido difícil pero que le había ayudado a aliviar el dolor. Es el mejor cumplido que podía recibir”, asegura.

“Es importante dar sentido a todo esto. En este tipo de eventos, después de la estupefacción y el impacto, es difícil superar el trauma porque no conseguimos darle sentido”, señala por su parte Maurween Veyret-Moreau, de 41 años, psicóloga voluntaria que participa en el estudio como testigo, debido a su trabajo en contacto con las víctimas. “Estos estudios nos pueden ayudar a mejorar la respuesta que damos a las víctimas. También nos da pistas de investigación, como intentar entender el funcionamiento de la transmisión del trauma, sea al personal médico o a los familiares”, concluye.

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