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“Cuando ves la injusticia, no te puedes quedar quieta”

Cuatro defensoras de los derechos humanos en América Latina critican la discriminación de la mujer

De izquierda a derecha, Imelda Marrufo, Alda Facio, Andrea Torres y Dina Meza, ayer en Madrid.
De izquierda a derecha, Imelda Marrufo, Alda Facio, Andrea Torres y Dina Meza, ayer en Madrid.

Son mujeres, feministas, defensoras de los derechos humanos y viven en zonas de posconflicto o con altos niveles de violencia en Latinoamérica. Andrea Torres, de Colombia, Dina Meza, de Honduras, Imelda Marrufo, de México, y Alda Facio, de Costa Rica, especialista internacional en derecho de la mujer, están “de gira” por España —el lunes en Barcelona, el martes y el miércoles en Madrid—, para reivindicar la protección de mujeres que como ellas ponen su vida en peligro por un mundo un poco más justo. Antes de que comience el seminario organizado por la fundación Calala se reúnen en una céntrica cafetería madrileña para hablar de su recorrido y de la situación de la mujer en sus países de origen.

“Hasta cuando tuvimos una presidenta, ella sufrió discriminación”. Cuando Alda Facio (Estados Unidos, 1948) empezó su carrera de activista en defensa de los derechos humanos en Costa Rica, “nos tiraban huevos podridos”, recuerda, “no era peligroso, pero sí desvalorizante”. Desde entonces ha trabajado, como jurista en distintas organizaciones, entre ellas Naciones Unidas.

“En Costa Rica, a pesar de que vivimos en paz desde hace muchos años, hay todavía discriminación contras las mujeres. Hasta cuando tuvimos una presidenta [Laura Chinchilla, 2010-2014], los medios de comunicación la trataban de manera diferente de como lo hacían con los presidentes”. Aclara que en su país la violencia hacia la mujer es menor que en México, Honduras y Colombia, y señala que el principal objetivo a alcanzar en Costa Rica es la laicidad del Estado: “Pensamos que hasta que no logremos la laicidad del Estado, no vamos a poder seguir avanzando en los derechos de las mujeres”, zanja.

“Las llamadas en las que insisten en que me van a violar y a matar son constantes”. Andrea Torres (Bogotá, 1979) se involucró en la defensa de los derechos humanos y de las mujeres tras la desaparición de su tía Nydia Erika Bautista a manos de fuerzas militares. “No quiero que mi caso le ocurra a nadie más”, afirma. En Colombia, relata, “el marco del conflicto armado ha provocado que se les utilice como arma de guerra. Además no se habla de los delitos que se cometen contra las mujeres, porque no hay voluntad política para investigar y visibilizar que existe una violencia sistematizada”.

Su madre, a través de la Fundación Nydia Erika Bautista, participó en las negociaciones de paz. Aunque reconoce que no está totalmente satisfecha con el resultado del acuerdo afirma que se lograron “grandes cosas”. Votó en el referéndum del 2 de octubre.

Torres denuncia que está siendo amenazada desde 2014. Ese año le entregaron una nota a su hijo pequeño que decía: “Dígale a esa perra que deje de joder o la vamos a matar”. Ahora las Brigadas Internacionales de Paz son la única organización que les brinda “algo de protección”, señala. Se ha traído a sus hijos a Madrid, “porque no tengo garantías de que se queden a salvo allí”.

“En Honduras ser mujer es un delito”. La historia de Dina Meza (Cofradía, Honduras, 1962) viene también marcada por la desaparición de uno de sus hermanos: “Se lo llevaron a cárceles clandestinas, afortunadamente salió vivo, pero lo torturaron horriblemente”. Corría el año 1989 y decidió saltar al activismo. Convertirse en una feminista convencida fue para ella un proceso natural. “Muchas mujeres siguen calladas porque no lo ven. La vida que llevan es mandato de Dios, del código de la familia y así son las cosas”.

Meza considera que en Honduras las mujeres son personas “de quinta categoría”. De formación periodista advierte de que el tratamiento que se les da desde los medios de comunicación es “espantoso”. “La opinión de la mujer no cuenta, las entrevistas se enfocan en si andamos bien vestidas o no”, continúa Meza, “ante, por ejemplo, cuerpos de mujeres que se encuentran desmembrados, se centran en preguntarse qué es lo que andaba haciendo, si era de noche o si llevaba un vestido corto”.

A la labor del Gobierno de Honduras por la igualdad de la mujer le pondría “un menos 10”, tras 396 asesinadas en lo que va de año, entre ellas la activista ambientalista Berta Cáceres.

“En México hay mucha misoginia”. Nació y vivió en un barrio popular de Ciudad Juárez, en el Estado de Chihuahua. Consciente de que habitaba una zona de exclusión social y después de leer muchas noticias sobre feminicidios, Imelda Marrufo empezó a los 17 años a trabajar con un grupo de jóvenes mujeres que luchaban contra el acoso.

Aunque las cifras bailan, Ciudad Juárez es conocida por el alto número de feminicidios registrados. “Pero la constante es no destinar presupuesto para la prevención, para generar una cultura de no discriminación”, critica Marrufo. A pesar de ello, puntuaría al Gobierno mexicano con un dos sobre cinco. “Este dos lo pondría por reconocer a las feministas el trabajo que hemos hecho en el país. Así se ha conseguido establecer el debate y, aunque en el ámbito local, la influencia sigue siendo débil, en el federal ya somos un contrapeso”, defiende.