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El bloque del Este estrecha su alianza ultraconservadora y euroescéptica

Hungría, Polonia, Eslovaquia y República Checa resaltan valores que los miembros más antiguos del la UE dejaron atrás hace tiempo

Con una defensa de la homogeneidad de sus sociedades, el bloque del Este ha logrado forjar una alianza basada en el conservadurismo. Hungría, Polonia, Eslovaquia y República Checa, de los últimos en entrar en el club comunitarios, resaltan valores que los miembros más antiguos dejó atrás hace tiempo. El grupo comparte –y sin bajar la cabeza-- no sólo un grave problema de exclusión social de las minorías, como los gitanos, o la desprotección de las uniones gais; también duros y cada vez más xenófobos mensajes hacia la inmigración.

 Viktor Orban speaks en una conferencia de prensa en Viena, el 24 de septiembre.
Viktor Orban speaks en una conferencia de prensa en Viena, el 24 de septiembre. AP

Mientras que hace unos años el cuarteto del llamado Grupo de Visegrado transitaba por caminos diferentes, el espíritu de crítica hacia el diferente y una visión social conservadora, ha unido a Hungría, Polonia, Eslovaquia y República Checa. El grupo, apunta Edit Zgut, analista del think tank húngaro Political Capital, ya compartía una postura común en el rechazo a la política climática y energética de la UE o el apoyo a un mercado digital común. Pero poco acostumbrados a recibir extranjeros —de hecho, comparten cuatro décadas de relativo aislamiento bajo el comunismo—, ha sido la crisis migratoria lo que ha cimentado la alianza del bloque (dos países gobernados por conservadores y otros dos por socialdemócratas en coalición) y les ha dado la excusa para defender ante la UE una agenda en la que han encontrado otros puntos en común y en la que la homogeneidad social juega un papel clave.

Los cuatro han sufrido toques de atención de las instituciones comunitarias por su trato a los gitanos. Pero las críticas hacia la segregación en las escuelas, la agrupación en guetos o la discriminación laboral que se vive en el bloque del Este, no han surtido efecto. Tampoco las denuncias de las organizaciones sociales sobre las políticas hacia la comunidad de Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales (LGTBI), que critican sobre todo la situación de Hungría y Polonia, donde las políticas contra el colectivo LGTBI son una realidad. Sin olvidar que en Eslovaquia, ante el auge de la derecha y una fuerte campaña de la Iglesia, el Gobierno ha aparcado su intención de regular las uniones igualitarias.

Críticas y denuncias que, no obstante, han quedado completamente eclipsadas por la postura común sobre inmigración del bloque, que trabaja duro para defender la idea de una Europa como fortaleza, con un Ejército común incluido. Una política con la que sus líderes ganan apoyos en sus países y con la que buscan cosechar los votos que se están yendo a la ultraderecha. En Eslovaquia, por ejemplo, su primer ministro, el socialdemócrata Robert Fico, ha llegado a decir que los musulmanes son “prácticamente imposibles de integrar”. En Hungría, el primer ministro conservador Víktor Orban ha comparado a los inmigrantes con terroristas. En Polonia, el líder del ultranacionalista de Ley y Justicia, Jaroslaw Kaczynski, llegó a decir que los refugiados traen “parásitos que portan enfermedades contra las que están inmunizados en sus países pero no en Europa”.

István Kovács, director de estrategia del Centro de Derechos Fundamentales, un laboratorio de ideas húngaro afín al Gobierno, afirma que la alianza de Visegrado –creada en 1991 para acelerar su integración en la Unión— es más fuerte que nunca. El analista asegura que el bloque ha sabido poner encima de la mesa los asuntos calientes. Cierto es que el grupo busca aprovechar el auge del sentimiento anti-inmigración y del debilitamiento del eje franco-alemán para hacerse un hueco en la UE. Aunque para ello sus votos no son suficientes, destaca la investigadora Zgut. Necesita aliados y en algunos puntos se ha acercado a Rumanía y Bulgaria, con los que comparten un espíritu similar.

Pese a esto, matiza Stefan Lehne, del think tank Carnegie Europe, todavía quedan cuestiones clave que separan al bloque del Este. Uno de ellos es la postura frente a Rusia: “Mientras que Rusia y República Checa abogan por una línea dura, Hungría y Eslovaquia desean poner fin a las sanciones de la UE”. Además, por ahora los elementos nacionalistas y liberales sólo han ganado terreno en Hungría y Polonia, que parecen oponerse a una mayor integración en la UE. A la República Checa, el más liberal de los cuatro, no le interesa perder sus buenas relaciones con Alemania; y Eslovaquia trata este semestre de mantener un perfil bajo.

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