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El sueño de Rosa Parks se cumple a medias

En los autobuses de Montgomery, no hay rastro de segregación racial pero apenas hay pasajeros blancos

La antigua parada de autobús en la que en 1955 se subió una señora blanca a la que Rosa Parks se negó a ceder su asiento.
La antigua parada de autobús en la que en 1955 se subió una señora blanca a la que Rosa Parks se negó a ceder su asiento.

Darcia Brice, una mujer negra de unos 70 años, dice que cada vez que toma el autobús piensa en que lo que ahora es normal hasta hace 60 años no lo era. Brice se puede sentar donde quiera en los autobuses de Montgomery gracias al desafío lanzado en 1955 por Rosa Parks en la capital de Alabama. “Recuerdo que la gente hablaba de ello”, rememora, cuando era una niña en la ciudad, sobre el impacto de la acción de la activista afroamericana.

Brice va a bordo de la línea 10 de autobús, que pasa por delante de la parada en que Parks se negó a levantarse de su asiento para cederlo a pasajeros blancos. Las primeras 10 filas del autobús estaban reservadas exclusivamente para blancos. Parks, que entonces tenía 42 años, estaba en la undécima y cuando el autobús se llenó declinó levantarse para que se sentaran personas blancas que iban de pie. Fue detenida.

Su acto de desobediencia civil propició un año de boicot de la población negra de Montgomery a los autobuses públicos que acabó con la segregación racial en el transporte e impulsó el movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos.

Darcia Brice, sentada en el autobús.
Darcia Brice, sentada en el autobús.

Todos los pasajeros de la línea 10 son negros. Se sientan en las filas delanteras y traseras. La presencia de un hombre blanco, como este periodista, les sorprende. Durante tres viajes en esa línea, solo van a bordo personas negras, la mayoría de clase baja. Otra pasajera, que declina dar su nombre, dice que suele ser así porque los blancos se mueven más en coche. Asegura que, si pudiera, ella viajaría en coche porque el autobús nunca respeta los horarios previstos de llegada.

En el centro de Montgomery, muy pocos transeúntes tienen información sobre el sistema de autobuses. La lucha inicial de Parks se centraba en que los negros fueran tratados con respeto por los blancos en los medios de transporte. Lo ha logrado con creces.

Pero el sueño se ha cumplido a medias: el autobús en Montgomery se ha convertido en un medio más residual y sin apenas pasajeros blancos. También es un reflejo del cambio demográfico de la ciudad, que ahora es de mayoría negra cuando en la época de Parks lo era de blanca.

Brice, que tiene dos hijas, advierte de que las siguientes generaciones negras no son conscientes del coraje que supuso derruir las barreras raciales en los autobuses. “Ya no tenemos un género racial. Simplemente pagas y entras”, subraya. Sostiene que ahora blancos y negros están “unidos”, pero que hay gente, como algunos policías, que mantienen prejuicios raciales.