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El petróleo sube un 6% tras el pacto de la OPEP para recortar producción

Irán y Arabia Saudí llevan su enfrentamiento a la organización de exportadores de crudo

El ministro de Energía de los Emiratos Árabes Unidos, Suhail Al Mazroui, en la apertura del Foro Internacional de Energía en Argelia.
El ministro de Energía de los Emiratos Árabes Unidos, Suhail Al Mazroui, en la apertura del Foro Internacional de Energía en Argelia. EFE

La rivalidad entre Irán y Arabia Saudí ha vuelto a bloquear el intento de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de cerrar un pacto detallado sobre el petróleo. La reunión de los ministros de este miércoles en Argel había suscitado expectativas ante los signos de mayor flexibilidad mostrados por Riad. El principio de acuerdo alcanzado resulta bastante vago: reducir la producción de 33,24 millones barriles diarios a 32,5 millones. El diablo, como siempre, está en los detalles, en el reparto de cuotas que se acordará en noviembre. Aun así, el acuerdo impulsó el precio del barril de crudo más de un 6% en la tarde de este miércoles, hasta cerca de 49 dólares.

“Las diferencias entre los países de la OPEP sobre los niveles a los que debemos congelar [la extracción], se están reduciendo”, declaró la víspera el ministro saudí de Petróleo, Khaled al Falih. El responsable explicó que se estaba barajando permitir “que Libia, Nigeria e Irán produzcan a los niveles máximos que tenga sentido” y que estos estarían en torno a los actuales. Aunque Irán sigue rechazando esa posibilidad, los analistas ven un cambio notable en la postura saudí, opuesta hasta ahora a cualquier compromiso que no afectara a todos los miembros.

Tanto Al Falih como su homólogo iraní, Bijan Zanganeh, expresaron su deseo de poner los cimientos para lograr un acuerdo en la próxima reunión formal del grupo, prevista el 30 de noviembre en su sede de Viena. Algunos expertos apuntan no obstante que para que la OPEP tenga algún efecto en el mercado no basta con que congele sus niveles de extracción, tiene que reducirlos. Y su esfuerzo puede quedar anulado por el aumento de la producción en Rusia que, según Bloomberg, ha batido un nuevo récord en septiembre al alcanzar los 11,1 millones de barriles diarios, 400.000 más que en agosto y por encima de su máximo de 10,9 millones de enero.

El barril de crudo se ha desplomado desde junio de 2014, como resultado del exceso de oferta. Aunque una menor producción de EE. UU. ha reducido los excedentes, aún se mantiene por debajo de los 50 dólares, demasiado bajo para que los productores puedan equilibrar sus presupuestos. Irán y Arabia Saudí, cuyas economías son muy dependientes del petróleo, se beneficiarían de un pacto que impulse una subida. Sin embargo, un primer intento en ese sentido el pasado abril en Qatar fracasó debido a sus intereses enfrentados.

La República Islámica, recién levantadas las sanciones internacionales, defendía su derecho a recuperar el nivel de producción anterior. El gigante petrolero árabe, por su parte, se negaba a hacer concesiones en la apuesta por mantener su cuota de mercado frente al aumento del petróleo de esquisto norteamericano.

A diferencia de entonces, Teherán no ha boicoteado la cita de Argel, organizada aprovechando el 15º Foro Internacional de la Energía, y Riad se ha mostrado más flexible. De acuerdo con fuentes de la OPEP, ya antes de esa reunión informal, el reino ofreció reducir su producción de los 10,7 millones de barriles alcanzados el pasado verano a 10,2 millones, si Teherán aceptaba congelar la suya en los niveles actuales de unos 3,6 millones de barriles. Zanganeh rechazó la oferta. Su argumento es que Arabia Saudí ha aumentado tanto la extracción desde 2012 que la mengua propuesta no afectaría al reino y perjudicaría a Irán, que insiste en alcanzar los 4,2 millones de barriles previos a las sanciones.

A nadie se le escapa que es mucho más que una diferencia de 600.000 barriles lo que está en juego. Los intereses políticos y rivalidades regionales que tradicionalmente han dificultado el reparto de cuotas entre los miembros de la OPEP, se han exacerbado en los últimos años. El cambio de régimen en Irak, las guerras en Siria y Yemen, y el acuerdo nuclear de EE. UU. con Irán han agravado la tensión entre Riad y Teherán. El petróleo se ha convertido en un arma más.

Pero es un arma de doble filo. El dolor por los precios bajos ha alcanzado incluso al peso pesado saudí, cuyo nivel de producción solo alcanzan Rusia y EE. UU., ambos fuera de la OPEP. El reino, cuyos ingresos se han reducido a la mitad, afronta un déficit récord por segundo año consecutivo y se ha visto obligado a liquidar activos, reducir los subsidios y recortar los salarios de los funcionarios. En Irán, aunque tras una década de sanciones el impacto no ha sido tan grande, también las autoridades necesitan más ingresos para hacer posibles las inversiones que requiere su economía.