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Una tragedia en el primer aniversario de la igualdad de derechos en Estados Unidos

Más del 20% de los crímenes de odio perpetrados cada año en Estados Unidos están motivados por la orientación sexual de la víctima

Una pareja se abraza durante una vigilia en San Francisco (Estados Unidos).

El ataque con disparos más grave de la historia de Estados Unidos es también la mayor masacre de la comunidad de gais, lesbianas, bisexuales y transexuales (LGBT) del país. Las 50 víctimas mortales y los 53 heridos en un club nocturno de la ciudad de Orlando, en Florida, quedarán en la memoria de los estadounidenses como ya lo hicieron las redadas policiales contra el establecimiento Stonewall en el Nueva York a finales de los 60.

Las protestas que inundaron entonces el Greenwich Village de Manhattan ocurrieron en el marco de las reivindicaciones de una comunidad con tan poca visibilidad como derechos. Casi medio siglo después, la masacre de Orlando se produjo este domingo en el corazón de una comunidad que celebraba su primera fiesta del Orgullo Gay con el derecho al matrimonio igualitario en los bolsillos.

El reconocimiento de la igualdad por parte del Tribunal Supremo hace solo un año consolidó varias décadas de avances en Estados Unidos al legalizar el matrimonio igualitario. Pero la nueva visibilidad de la comunidad gay, ganada de manera acelerada en el último lustro, también la vuelve más vulnerable. Más del 20% de los crímenes de odio perpetrados cada año en Estados Unidos están motivados por la orientación sexual de la víctima, según datos del FBI.

La organización nacional Human Rights Campaign, que lucha por la igualdad de derechos de la comunidad LGBT, recordó este domingo que las estadísticas federales no están obligadas a registrar datos específicos sobre ataques contra homosexuales y transexuales. En el caso de Florida, estos crímenes de odio contra personas LGBT ascienden al 22% de todos los perpetrados en el Estado, según el grupo Equality Florida, convirtiendo a esta comunidad en la más vulnerable a nivel estatal.

¿Dónde se reúne un grupo de personas cuando el lugar que consideraban más seguro se convierte en diana de los ataques?

El club Pulse donde este fin de semana 50 personas perdieron la vida mientras celebraban una “noche latina” representa la consecuencia más trágica del salto hasta la igualdad de derechos y la visibilidad. El local fue fundado hace doce años por Barbara Poma en honor a su hermano, fallecido víctima del virus del sida. El nombre del local hace referencia al pulso de su corazón. “Cuando John reveló que era homosexual a su familia y amigos, la dinámica familiar pasó de ser una cultura estricta a una de aceptación y cariño”, aseguran en su página web. “Era importante crear una atmósfera que acogiera el estilo de vida homosexual de manera que John se sintiera orgulloso”.

Los norteamericanos han cambiado de opinión en los últimos años a un ritmo acelerado, en apoyo a la igualdad de derechos y abiertos a debatir sobre la situación, como se ha hecho en los últimos meses, de la comunidad transexual en el país.

A falta de conocer la verdadera motivación del ataque en Orlando, el asalto sí demuestra que el camino recorrido hacia la igualdad no ha alcanzado su meta. El tirador, identificado como Omar Mateen y nacido en Nueva York de padres afganos, eligió un club gay en su noche latina. El incidente ha recordado que la tolerancia y la aceptación, a pesar de viajar de la mano, son conceptos distintos. Y que la seguridad que puede sentir una persona gay en un local como el Pulse —como en Stonewall— no es sinónimo de que el lugar sea seguro.

En apenas tres horas, un tirador en Orlando ha reinventado una vez más el momento más desgarrador de la comunidad, atacada en 1973 en un incendio provocado en un bar gay de Nueva Orleans que dejó 32 víctimas. Este mismo domingo, poco después del tiroteo en Florida, un hombre con sus mismas intenciones fue detenido en Los Ángeles. ¿Dónde se reúne un grupo de personas cuando el lugar que consideraban más seguro se convierte en diana de los ataques?

La comunidad ha reaccionado entre el dolor y la rabia. “Tenemos el corazón roto y nos sentimos indignados por la violencia sin sentido que una vez más ha destruido tantas vidas en nuestro país”, aseguran desde la organización Equality Florida Action. “Los clubs gais pertenecen a un lugar especial en la historia LGBT. Durante mucho tiempo fueron el único lugar seguro donde reunirse y este acto terrorífico ataca directamente nuestra sensación de seguridad”.

“Este ataque llega durante nuestra celebración del Orgullo. Ahora más que nunca debemos unirnos y recordar que el amor conquista el odio”, declaró tras la masacre Chad Griffin, presidente de Human Rights Campaign. Griffin se encontraba este domingo en Los Ángeles, donde aseguró que iba a participar, aunque de manera “silenciosa”, en el desfile de las fiestas de la comunidad homosexual. “Estamos devastados por este trágico acto de violencia que se ha llevado la vida de al menos 50 personas LGBT y aliados y ha herido a otras 53”.

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