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CRÓNICA

De Karl Marx a Karl Lagerfeld

Tres días en La Habana. Una bitácora del rompecabezas del proceso cubano

Karl Lagerfeld en La Habana.

Si como teorizaba Hegel en el siglo XIX la evolución de la Historia se basa en la síntesis progresiva de opuestos, el futuro de Cuba tal vez tenga algo que ver con dos eventos que se tocaron a principios de mes en La Habana: el desfile del Primero de Mayo y el desfile de la Colección Crucero 2016/2017 de Chanel. Karl Marx vs Karl Lagerfeld.

Domingo 1 de mayo

"Soy ateo. Mi único Dios es Fidel Castro".

Londinense de 72 años, el taxista jubilado Tony Caccavone fue uno de los 1.600 simpatizantes extranjeros de la Cuba socialista que acudieron a celebrar el Día de los Trabajadores a la Plaza de la Revolución. Antes de partir, dejó depositado su voto por el liberal musulmán Sadiq Khan para las elecciones a la alcaldía de su ciudad.

"Me gusta el sistema de este país", dijo al amanecer, antes del desfile. "Sol y socialismo, educación gratuita, baja mortandad infantil. En Inglaterra tenemos un millón de iletrados, las librerías están cerrando, el presupuesto para discapacitados baja, y todo porque los bancos y las corporaciones han quebrado nuestra economía".

Sonaba música de Silvio Rodríguez. Bastantes banderas venezolanas. Una bandera del Frente Polisario. Pancarta a la tremenda: "Macri, sos hambre y represión".

Park Nam Young, 53 años, de Corea del Sur, sostenía una bandera con el rostro de Jeon Tae-il, un mártir sindical que se quemó a lo bonzo en 1970 en un país en el que medio siglo después la media de trabajo de un estudiante es de 13 horas diarias.

Alrededor de la plaza, lemas tamaño gigante: "El pueblo cubano vencerá". "Por Cuba: unidad y compromiso". Nam Young afirmó: "El problema es el capitalismo".

A las siete y media apareció en la tribuna presidencial Raúl Castro. Lo flanqueaban sus dos hombres fuertes: el vicepresidente del Gobierno, Miguel Díaz-Canel, 56 años, que supuestamente lo sucederá en el poder en 2018, y el vicepresidente del Partido Comunista, José Ramón Machado Ventura, de 85 años. Díaz-Canel, el tecnócrata moderado, a su derecha, Machado Ventura, guardián del dogma, a su izquierda.

Una mujer sostiene un retrato de Fidel Castro durante el desfile del 1 de mayo.
Una mujer sostiene un retrato de Fidel Castro durante el desfile del 1 de mayo.

Ulises Guilarte, secretario de la Central de Trabajadores y miembro del Buró Político, dio el discurso, que terminó:

"¡Adelante, marchemos unidos con la seguridad inconmovible en la victoria!

¡Viva nuestra gloriosa Revolución socialista!

¡Vivan Fidel y Raúl!".

Después empezó la marcha. Una multitud desfilando con animación. Proclamas, orden y contoneo, algo así como un sambódromo marxista. Entre ellos iba Timochenko, el jefe de las FARC.

"Soy el Secretario General del Buró Municipal de la Construcción en el Municipio Cabecera de la Provincia de Pinar del Río", se presentó al reportero Lifer Félix Vázquez Cejas, de 33 años, y a continuación repitió y desentrañó su nombre: "Lifer Félix: de feliz y de vida en inglés".

–¿Cómo ves el futuro de Cuba?

–En desarrollo constante. Todo está en lograr alta productividad y eficiencia.

Un repartidor de aguas que prefirió no dar su nombre, treintañero, dijo: "Mi aspiración es mejorar económicamente. La política no me interesa mucho, la verdad".

Subió el sol. Raúl Castro se puso un sombrero guajiro. Machado un panamá. Díaz-Canel no se cubrió. Dos horas después finalizó el desfile y todos se fueron para casa. Fidel Castro, que cumple 90 años en agosto, no estuvo. Sonó la Internacional.

(Domingo por la tarde)

–Sí, sé quién es Fidel Castro.

Bara Podzimkova. Altura: 180 cm. Cintura: 61. Cadera: 87. Número de pie: 41.

República Checa, 16 años.

–No, el presidente actual no sé quién es.

–¿Qué te han contado tus padres de la Checoslovaquia comunista?

–Básicamente que no podían viajar ni tener una opinión propia.

Bara estaba más interesada en volver a su corro interracial de modelos de Chanel de piernas longilíneas. Era la inauguración de una exposición sobre Lagerfeld en Factoría Habana, una galería de arte instalada en un antiguo almacén de La Habana Vieja.

"¡Coñó!, qué hace toda esta gente aquí", exclamó un habanero al ver a Lagerfeld entre 'flashes'

"Esto hace cinco años se estaba cayendo", dijo en la calle una habanera que no pudo entrar porque no estaba en la lista, "¡y mira cómo la han dejado!".

Bajó el sol y llegó Lagerfeld. Gafas negras. Coleta blanca. Guantes plateados. Flashes flashes flashes, ¡Karl Lagerfeld en La Habana!, más flashes. Más. Flashes.

–¡Coñó! –exclamó otro habanero afuera–, ¿pero qué hace toda esta gente aquí?

El diseñador, que llegó con Hudson Kroening (un niño de ocho años que es modelo de Chanel desde los cinco; repetimos: un niño de ocho años que es modelo desde los cinco), salió enseguida y se metió en su furgoneta de vuelta al hotel. Hasta el martes.

Lunes 2 de mayo

La fuerza de un pueblo, titulaba Granma.

"En todas las plazas del país la alegría y las mismas razones desbordaron de fidelidad, de unidad y compromiso la mañana dominical", se leía en la portada.

–Un ronquito.

A las ocho y media de la mañana, un rato después de llegar al Malecón, Misael y sus hijos Michael y Maikol ("Maikol Maikol", insistía el niño en que se escribía con o, no con e) sólo habían pescado un pececillo de lomos dorados. Un ronquito.

Entrada del crucero en La Habana. ampliar foto
Entrada del crucero en La Habana.

Media hora después vieron entrar por la bahía de La Habana el buque inaugural de la primera línea de crucero turístico desde Estados Unidos en medio siglo.

Si Misael, de 34 años, tenía algo que decir sobre el acontecimiento nunca lo sabremos, porque cuando se le preguntaba, su amigo Raúl, de 54, que estaba pescando con ellos, se apresuraba a pontificar: "Esto significa la nueva era. Desgraciadamente, compadre, es algo que tendría que haberse hecho hace mucho tiempo. Sin relaciones con Estados Unidos, este país no puede caminar más ná".

Había poca gente esperando al barco. Había: una comparsa de conga.

(Lunes a mediodía)

No se podía pasar al Barrio Chino. Estaban grabando Rápido y furioso. A las puertas de Tabacos Partagás, unos pillos ofrecían puros más baratos u otros servicios:

–¿Quieres un guardaespaldas?

Sobre el rodaje, comentaban: a) Que la gente "se queda loca con el helicóptero" que usan para filmar las carreras desde el aire. b) Que hace un rato "estaban filmando a dos jevas corriendo en moto por la calle Salud". c) Que Vin Diesel tiene dos dobles.

El rodaje de 'Rápido y furioso' capta la atención. El helicóptero, las carreras, los supuestos dobles de Vin Diesel...

Nada de eso le interesaba ni lo más mínimo a Roberto, un chinocubano de 80 años que llegó en 1953 desde Cantón. Su nombre de chino de China era Tziang.  

–Antes éramos 6.000 en toda Cuba. Ahora sólo quedamos 120...

Él pasaba por la calle con una bolsa en la mano y no quería hablar, pero al insistirle se resignó a una breve charleta. "Mucha gente se fueron, mucha gente se murieron". Acento cubanochino. Sintaxis parca.

–Pero chino chino, chino natural, somos 120 o 130 nada más –repitió.

(Lunes por la tarde)

Las galerías de arte son adivinadoras de barrios con futuro. Suelen llegar antes y barato a donde los demás llegan después y caro. En La Habana la gentrificación corre en La Habana Vieja. Sin embargo la primera galería extranjera ha abierto en el Barrio Chino, en Centro Habana, donde Cuba sigue apuntalada con vigas de madera.

Portal pintado en La Habana, de Daniel Buren. ampliar foto
Portal pintado en La Habana, de Daniel Buren.

La sede –cedida por el Estado– es el antiguo cine Águila de Oro. Donde hace décadas se ofrecía ópera china, aquel lunes a las cinco un creador camerunés charlaba con un crítico de arte cubano en una salita blanca de ambiente global.

La galería, de origen italiano, se llama Continua. La estructura del cine se mantiene. Han aprovechado hasta un desván donde sobrevivía un proyector de la Unión Soviética que han dejado como estaba, incluida la capa de polvo. Dentro de la galería se habla, por ejemplo, de la obra que el artista francés Daniel Buren ha cedido a La Habana. Fuera, en una esquina, un veinteañero ceñudo con un palo en la mano resguarda una bocacalle donde se rueda Rápido y furioso.

Martes 3 de mayo

Uno

En la víspera del desfile de Chanel, Miguel Leyva Jibacoa, 21 años, fashionista en ciernes, aspirante a modelo de alta costura, hablaba en un parque sobre un nieto de Fidel Castro mientras permanecía indiferente a los ataques furiosos de los mosquitos habaneros. "Tony mide uno ochenta y cinco aprox. Es delgado, fuertecito, pelo largo, un chico muy atractivo. Se parece a su abuelo cuando era joven".

Tony Castro y él fueron elegidos en las pruebas de modelos cubanos que hizo la firma francesa y entrenados durantes varias semanas para la pasarela. Al final solamente fue llamado a desfilar uno de ellos. "No me decepcionó que no fuera yo", dijo Leyva, "para mí el mero hecho de pasar de la nada a Chanel fue un ¡WOW! literal".

Miguel Leyva y Tony Castro (sentado) en una sesión con el fotógrafo Brian Canelles. ampliar foto
Miguel Leyva y Tony Castro (sentado) en una sesión con el fotógrafo Brian Canelles.

El lunes, Miguel Leyva no había logrado contactar con su amigo en todo el día. "Pero nos vimos el sábado y me decía que todavía no se lo podía creer". En las redes sociales no dejaba de zumbar la noticia de que el nieto de Fidel desfilaría para Chanel. Al día siguiente, al contrario de lo previsto, Tony Castro no formó parte del medio centenar de modelos que caminó sobre el mármol del Paseo del Prado. Su función se limitó a acomodar invitados.

Dos

–Yo no sabía que había este desfile. No sé ni en qué lugar va a ser.

Caridad Quesada, 64 años, barrio de El Cerro. Top rosa. Martes por la mañana.

–Mi estilo es único, yo lo que me pinte bien me lo pongo.

Rosmany Pérez, 24 años, barrio de El Vedado. Pelo oxigenado. Martes a mediodía.

–La ropa es cara. Lo primero que hay que priorizar es la comida.

Gema Noa, 15 años, Centro Habana. Camisa azul claro. Martes por la tarde.

–Pero me gustaría vestir como Jennifer López.

Tres

"Qué sé yo de Cuba".

Karl Lagerfeld, a The New York Times.

A sus 80 años (dos menos que el diseñador) el escritor cubano Antón Arrufat tomó asiento el martes al anochecer en el balcón de su casa colonial del Paseo del Prado. Condenado al ostracismo durante los años más dogmáticos de la revolución, rehabilitado a partir de los ochenta, Premio Nacional de Literatura del 2000, Arrufat apenas habló durante la media hora de desfile de Chanel. Observaba con distancia.

Cuando terminó, dio su opinión. "Tiene un imaginario de Cuba un poco anticuado, como la Cuba de los turistas, pero ha hecho una reelaboración interesante". A continuación, dijo del evento: "Creo que es una manera de que los extranjeros se acerquen a Cuba, igual que la visita de Obama o la de los Rolling". Abajo los operarios de Chanel desmontaban todo con una celeridad que plasmaba en directo lo efímero de la moda. "Esto fue una escenografía que forma parte de un teatro mayor", añadió desde arriba el autor de La noche del aguafiestas. "Veremos en qué acaba la obra".

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