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Nueva York, laboratorio político de la desigualdad

Pese a las protestas del 99%, Clinton sale favorecida como opción prágmática y moderada

Un colegio electoral de Brooklyn, Nueva York, este martes 19 de abril.
Un colegio electoral de Brooklyn, Nueva York, este martes 19 de abril. EFE

Si una ciudad simboliza la creciente distancia que separa a ricos y pobres esa ciudad es Nueva York, aunque las estadísticas no la colocan en la peor posición. La semana pasada el ayuntamiento anunció con alegría que había batido su récord histórico de puestos de trabajo, así nunca tanta gente había tenido un empleo al mismo tiempo, y, a la vez, el número de indigentes se ha disparado casi un 90% en la última década, hasta niveles que, según las ONG, no se veían desde la Gran Depresión.

El empobrecimiento de la clase media ha sido está siendo el gran asunto económico de esta campaña y es en la Gran Manzana donde nació el movimiento Ocupa Wall Street o Somos el 99% (frente al 1% más rico), pero no es el izquierdista Bernie Sanders el que sale mejor posicionado en las encuestas demócratas, sino su rival, Hillary Clinton, más asociada a las élites.

El discurso abiertamente socialista de Sanders inquieta entre los progresistas moderados y de clase media y alta de la ciudad y, además, muchos demócratas prefieren depositar su voto en quien creen que tiene más opciones de llegar a la Casa Blanca. El Nobel de Economía Paul Krugman, con un discurso muy crítico contra la creciente desigualdad, ha mostrado sus preferencias por Clinton. Coincide curiosamente con Wall Street, que también la prefiere, pese a que la candidata ha endurecido su tono contra las grandes corporaciones financieras, en respuesta a un Sanders que le pisa los talones hacia la candidatura.

El propio estado ha dado un giro laborista. Junto con California, acaba de convertirse en el primer estado en elevar el sueldo mínimo de los trabajadores 15 dólares de forma progresiva en un plazo de tres a cinco años, en función de la ciudad.Tras el multimillonario Michael Bloomberg, los neoyorquinos eligieron a alcalde en diciembre de 2014 a Bill de Blasio, un demócrata que había trabajado como cooperante en la Nicaragua sandinista y basado su campaña en la denuncia de esa brecha entre ricos y pobres, azuzando la protesta contra el dickensiano relato “de las dos ciudades” en que se había convertido la Gran Manzana.

Y a nadie se le escapa que De Blasio se hizo el remolón antes de dar su apoyo a la exsecretaria de Estado frente al senador de Vermont.

¿Por qué está usted con Bernie Sanders? “Porque él está conmigo, está con los trabajadores”, decía Joe Turulli, de 42 años, el lunes por la noche en el último acto de campaña antes de las primarias de este martes, en Long Island City. Era uno de los trabajadores de la compañía de telecomunicaciones Verizon en huelga contra despidos y la externalización de servicios.

A la espalda se alzaba el espectacular skyline de Manhattan, la cordillera de rascacielos que concentra el poder financiero de Estados Unidos. El republicano Donald Trump, con todas las papeletas para salir con una amplia victoria en las primarias de Nueva York, también ha sabido capitalizar el enfado de los trabajadores en Estados Unidos, que han recogido pocos frutos de la recuperación en comparación con la gran empresa. Pero no habla de elevar el salario mínimo, sino que lanza un discurso proteccionista, algo en lo que coincide con Bernie Sanders, crítico con la apertura comercial a países que no tienen las mismas reglas de juego ni laboral ni medioambientalmente.

Los beneficios de los negocios en el estado de Nueva York han subido un 61% entre 2001 y 2013, mientras que los sueldos de los trabajadores han crecido la mitad y no basta para cubrir la inflación, según el Instituto de Política Fiscal.

Después de Nueva York, los dos mayores estados a los que viajan las primarias son Pensilvania y California, que también se ha puesto en pie de guerra contra la precariedad.

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