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Grecia pelea en el Eurogrupo para desbloqear 2.000 millones de euros

Atenas quiere usar como arma de negociación su papel crucial en la crisis de refugiados y el riesgo asociado al ascenso de la extrema derecha para suavizar las medidas más duras

Alexis Tsipras y Martin Schulz, en Lesbos.
Alexis Tsipras y Martin Schulz, en Lesbos. EFE

Pasa el tiempo, se suceden los rescates y cambian los Gobiernos, pero la relación entre Grecia y Europa sigue metida en un bucle sin fin: Atenas peleaba anoche por desbloquear 2.000 millones de euros para pagar las facturas que se acumulan en el cajón. El Ejecutivo griego aprobó el viernes un nuevo paquete de medidas, que se suma a la oleada de leyes de septiembre y octubre, pero no acaba de atreverse con las más duras; con las que le pueden causar problemas con su electorado. Atenas ha empezado a usar la crisis de refugiados y el riesgo que supone el empuje de la extrema derecha como ariete para suavizar las exigencias más polémicas, según un documento interno al que ha tenido acceso EL PAÍS. El Eurogrupo que amenaza con retener hoy la entrega de dinero si no se cumplen todas y cada una de las 48 "acciones prioritarias" acordadas en el tercer rescate.

Persisten tres desencuentros fundamentales entre el Ejecutivo de Alexis Tsipras y los acreedores: una subida del IVA educativo, una nueva ley que facilite los desahucios de primeras viviendas y una normativa menos laxa con los retrasos en el pago de impuestos. Pero el sprint legislativo que exige el tercer rescate no ha hecho sino comenzar. En cuanto haya luz verde para eso reaparecerán las dificultades. Incluso con más intensidad: Atenas tiene que aprobar rebajas de pensiones y otras reformas de gran calado para liberar 1.000 millones de euros más, activar la recapitalización bancaria con fondos europeos y, sobre todo, conseguir un aprobado antes de enero en un exigente primer examen del rescate que debería despejar el panorama para acometer las mil veces prometida reestructuración de la deuda pública.

Nada de eso va a ser fácil; nada lo ha sido nunca con Grecia. Pero Atenas tiene esta vez algún tanto a su favor. Uno: la atmósfera entre Tsipras y los acreedores ha mejorado. Dos: la estabilidad política tras las últimas elecciones ha permitido a Atenas aprobar la mayoría de lo acordado; Grecia ha recibido ya 23.000 de los 26.000 millones del primer tramo del rescate. Y tres: Tsipras está decidido a usar a su favor la crisis de refugiados y la amenaza que supone la extrema derecha en ese país a medio camino entre los Balcanes y el Mediterráneo, según un documento interno del Ejecutivo al que ha accedido este diario. Grecia es la puerta de entrada de buena parte de los refugiados que llegan a Europa. Y Atenas va a echar mano en la negociación de su papel crucial en la crisis migratoria, incluso del riesgo que suponen los neonazis de Aurora Dorada.

Atenas y el Eurogrupo se citaron ayer por la tarde en un último intento por consensuar las medidas más espinosas. La troika quiere que el IVA de la educación privada suba al 23%; Grecia apuesta por dejarlo como está y a cambio propone un impuesto sobre el juego para compensar. Pero el verdadero cuello de botella está en las ejecuciones hipotecarias. El anterior Gobierno conservador aprobó una ley para proteger las primeras viviendas ante la gravedad de la crisis: los sueldos han bajado un 40% y dificultan el pago de los créditos. La troika quiere endurecer esa ley. Pretende que solo proteja a las viviendas cuyo valor sea inferior a 120.000 euros; Atenas —y sus bancos— quieren elevar ese umbral a 200.000 euros para evitar un desplome de los precios si se multiplican los desahucios. La troika, además, quiere endurecer la ley que permite a los griegos pagar sus deudas tributarias en cómodos plazos.

El Gobierno griego advierte a la troika que imponer medidas demasiado duras “aumentará la tensión social” y “podría beneficiar a los neonazis de Aurora Dorada”, según el citado informe, que en otro momento del pulso Atenas-troika habría sido pura dinamita. Syriza cuida sus relaciones con los socios como nunca, pero a la vez deja muy claro que activar “propuestas irracionales” no beneficiaría en nada “el cumplimiento del acuerdo” sobre el tercer rescate. Y apunta que endurecer las ejecuciones de primera vivienda “puede dejar a miles de familias en la marginalización” en plena presión por la crisis migratoria.

Las constantes vitales de Grecia se han normalizado. La recesión es más suave de lo esperado y el agujero de la banca, menor de lo que parecía. El sector financiero necesita 14.400 millones; pretenden levantar unos 5.000 millones por su cuenta, y ya están disponibles 10.000 millones euros para completar la recapitalización antes de fin de año. Las medidas más polémicas costarán más, con Grecia decidida a hacer valer su papel en la crisis de refugiados y agitando el espantajo del miedo a la extrema derecha para tratar de rebajar la presión. Todo ello con la vista puesta en la reestructuración de la deuda, que roza el 200% del PIB. Atenas es consciente de que antes de eso tiene que hacer un esfuerzo adicional, pero subraya que también hay condicionantes políticos externos que impiden más rapidez: “El primer examen del rescate no llegará antes de las elecciones españolas del 20-D para no dar votos extra a Podemos”, asegura un alto cargo del Gobierno.