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La OSCE denuncia el opaco recuento de votos en Bielorrusia

Alexandr Lukashenko, en el cargo desde 1994, logró el 84% de los votos

Lukashenko y su hijo pequeño, Nikolay, en 2013.
Lukashenko y su hijo pequeño, Nikolay, en 2013. AFP

“No importa cómo voten, lo que importa es cómo cuenten”. Esta frase, atribuida al dictador soviético Yosef Stalin, cobró validez de nuevo en las elecciones presidenciales de Bielorrusia en las que el líder Alexandr Lukashenko, en el cargo desde 1994, fue declarado vencedor por quinta vez consecutiva, lo que le permitirá permanecer en su puesto hasta 2020.

La Comisión Electoral Central de Bielorrusia adjudicó al presidente el récord del 83,49% de los votos emitidos y dio a sus tres aparentemente inofensivos rivales porcentajes inferiores al 5%, por debajo del 6,4% obtenido por el “voto contra todos” (o voto de protesta) que se clasificó en segundo lugar. La participación, según los datos oficiales, superó el 87%.

Los observadores de la OSCE (Organización por la Seguridad y la Cooperación en Europa) señalaron este lunes que el sistema presidido por Lukashenko dio algunos pasos positivos durante en la campaña electoral, Sin embargo, los responsables electorales se mostraron inamovibles en lo que se refiere al sistema de recuento de los votos, en contra de las “esperanzas” y las “promesas” que albergaban los responsables de la misión observadora. El recuento fue valorado como “malo” o “muy malo” en el 30% de los colegios electorales observados por la misión, según concluye el informe provisional presentado el lunes. Kent Hárstedt, coordinador de los observadores de corto plazo de la OSCE, dijo estar “decepcionado” por las “inaceptables” técnicas utilizadas en el proceso. Denunció los intentos de “mantener a distancia a los observadores” y “hacer que sea imposible ver la mesa” sobre la que se recuenta. De esta operación son responsables las comisiones electorales, formadas por una mayoría de miembros de instituciones oficiales o paraoficiales y con escasos representantes de la oposición.

La opacidad del recuento fue documentada por observadores del grupo bielorruso Derecho de Elección que el lunes presentaron una colección de fotos donde se documenta cómo los miembros de colegios electorales se arremolinan sin dejar resquicio entre ellos en torno al montón de papeletas.

Pese a estas irregularidades, la UE ha suspendido durante cuatro meses las sanciones que pesaban sobre Belorrusia desde 2006, según ha manifestado Harlem Désir, secretario de Estado francés responsable de asuntos europeos. El Consejo de Europa considera que el desarrollo pacífico de las elecciones es suficiente para levantar esas sanciones que fueron ampliadas a raiz de la represión masiva que siguió a los comicios de 2010. Désir ha explicado que el objetivo de la medida es "acercar a Bielorrusia, no para su ingreso en la UE, pero como socio y para estabilizar la región". Aun así, las sanciones pueden ser reestablecidas en cualquier momento.

Gestos de Lukashenko

El voto por adelantado superó esta vez el 36% del electorado, lo que es una cifra récord. La oposición ha denunciado que las urnas procedentes de este contingente permanecen fuera de un control independiente y su contenido es mezclado después indiscriminadamente con los otros votos.

Los comicios del 11 de octubre indicaron que “Bielorrusia todavía tiene un largo camino que recorrer para cumplir con los requisitos de la OSCE sobre elecciones democráticas”, concluye el comunicado de los observadores de la organización. Estos evaluaron positivamente sin embargo que los prisioneros políticos hubieran sido liberados (los últimos en agosto pasado), los observadores internacionales fueran bien acogidos, y que los candidatos pudieron hacer campaña libremente. Por primera vez desde 2001 fueron invitados observadores del Consejo de Europa.

A diferencia de 2010, cuando siete de los 10 candidatos de oposición fueron encarcelados, esta vez no hubo violencia callejera y represión. Las protestas se limitaron a una manifestación de un centenar de personas, encabezada por activistas de una asociación juvenil, que marcharon el domingo por la noche por el centro de la ciudad con pancartas donde podía leerse “boicot a la dictadura” y banderas de la UE. Los observadores de la OSCE señalaron que el marco legal para celebración de elecciones, ya criticado en el pasado, no ha cambiado y subrayaron el abuso de los recursos administrativos en la campaña del jefe del Estado.

Lukashenko, cuya política ha sacado partido de su posición estratégica entre Rusia y Occidente, necesita recursos para hacer frente a la crisis derivada de la contracción del mercado ruso, su principal socio económico. El líder bielorruso está pendiente de un nuevo crédito del FMI por valor de 3.500 millones de dólares (3.078 millones de euros) y quiere mejorar su imagen, pero no está dispuesto a arriesgar ni un ápice de poder en las urnas. Desde 2000 en Bielorrusia no se registra ningún nuevo partido político. La oposición a Lukashenko, mantenida en la marginalidad, no ha sido capaz de unirse en torno a un candidato y, con los años, se ha desgastado y no es atractiva para sectores insatisfechos con el presidente, muchos de los cuales creen sinceramente que no hay alternativa al líder que ha ganado peso sobre el telón de fondo de la crisis y la violencia en Ucrania. En lo que a la democratización se refiere, los responsables de la misión de la OSCE subrayaron la necesidad de “voluntad política” para ello.