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Los antieuropeos se hacen con el debate en Reino Unido

El congreso 'tory' evidencia las divisiones de cara a la consulta sobre la permanencia en la UE

David Cameron, en el congreso del Partido Conservador.
David Cameron, en el congreso del Partido Conservador. AFP

Reino Unido cierra mañana su temporada de congresos políticos y, a expensas del discurso que pronuncie al mediodía el primer ministro, los partidarios de que el país permanezca en la Unión Europea deberían estar preocupados. En este inicio de curso, la iniciativa en el debate la ostentan los antieuropeos, a quienes las encuestas dan ya una ligera ventaja de cara al referéndum que deberá celebrarse antes del final de 2017. Los pesos pesados del Gobierno atacan a Bruselas en sus discursos y los diputados partidarios se crecen entre ovaciones en decenas de eventos abarrotados en el congreso tory en Manchester. Mientras tanto, los partidarios de permanecer siguen sin encontrar un discurso común. Nadie parece estar contento con el statu quo y quienes prefieren quedarse, incluido el nuevo laborismo de Corbyn y los liberal-demócratas, lo hacen con la promesa de cambiarlo. 

El pasado domingo, una semana antes de que se lancen oficialmente las dos campañas, David Cameron dijo comprender “la frustración” de algunos proeuropeos ante la falta de argumentación pública por permanecer en la UE. “Eso se debe en parte a que estamos metidos en una negociación”, aseguró. “Una vez obtenga de Europa lo que necesitamos, podré volver y defender la permanencia en una Europa reformada”. El primer ministro, en lo que se interpretó como una voluntad de encabezar la campaña por la permanencia, dijo no tener dudas de que Reino Unido gana quedándose. Pero el congreso de los conservadores, que arrancó ese mismo día, ha evidenciado las profundas divisiones que suscita el tema europeo en el seno del partido de Gobierno.

Asilo, solo para los más vulnerables

Theresa May, ministra del Interior británica, ha asegurado hoy en Manchester que la entrada masiva de inmigrantes en el Reino Unido puede amenazar la cohesión social y causar dificultades para los servicios públicos del país. “Cuando la inmigración es muy alta”, ha dicho, “es imposible construir la cohesión social". Reino unido revisará su política de asilo, ha anunciado, para beneficiar a los refugiados "más vulnerables" y evitar abusos del sistema por parte de solicitantes cuyas vidas no corren peligro. La ministra ha insistido en su objetivo es reducir la inmigración neta por debajo de las 100.000 personas al año, algo en ya prometió Cameron el año pasado y fracasó: en 2014 la cifra llegó a 318.000, un 50% más que en el año anterior. May ha prometdo también reformar las normas sobre inmigración europea, para que los ciudadanos de otros estados miembros con salarios más bajos no puedan completar su renta con ayudas públicas.

“Esto es fundamentalmente un asunto sobre la democracia. Deberíamos ser capaces de gobernarnos por las urnas, pero sucede que en muchas áreas lo que decidimos no cuenta para nada porque la decisión se toma en Bruselas”, explica en diputado tory Jaco Rees-Mogg, que se muestra crítico con la manera en que Cameron está haciendo las cosas: “Cualquier negociación empieza estableciendo abiertamente lo que tenemos que negociar. No es buena idea hacerlo a puerta cerrada. Este Gobierno está haciendo las cosas de manera insatisfactoria”.

Para John Redwood, otro diputado conservador, “la tragedia de la UE es que una unión diseñada con las mejores intenciones ha acabado causando miseria, desempleo y tensiones entre países”. “Y eso es porque ha menoscabado las identidades de sus miembros”, sostiene. “Hay presiones para romper España, y Reino Unido también. Los sentimientos de identidad han sido desafiados por la construcción europea. Ha potenciado más los nacionalismos regionales que los de los Estados naciones. Reino Unido no quiere responder por los bancos europeos, no destinar su dinero a los desempleados griegos o españoles. Es muy importante para nosotros que la eurozona vaya bien. Hagamos sus vidas más fáciles yéndonos. Saquemos nuestro problema de la mesa de Europa”.

El ministro de Exteriores, Philip Hammond, explicaba el pasado 22 de septiembre en un encuentro con una decena de periodistas europeos que Reino Unido “no comparte el vínculo emocional que tienen los miembros fundadores ni el de los últimos en incorporarse”. “El punto de vista británico siempre ha sido más pragmático. Nos gusta estar en la UE porque nos proporciona beneficios económicos, a pesar de que implica sacrificar soberanía nacional. Pero últimamente la pérdida de soberanía ha crecido y los beneficios económicos han bajado, en la medida en que el exceso de regulación perjudica el crecimiento”.

Hammond reconoció que hay “asuntos políticos importantes en Europa que afectan al progreso de las negociaciones” pero reiteró su “confianza” en que estas darán sus frutos y que “podrá haber un resultado positivo en el referéndum”. Pero expresó sus dudas acerca de que la consulta pueda celebrarse antes de 2017. “Para eso tendríamos que tener un acuerdo cerrado en la primera mitad de 2016 y no estoy seguro de que se pueda”, admitió.

Ayer, un importante lobby de empresas, el Instituto de Directores, pidió a Cameron que trate de convocar el referéndum en 2016 para minimizar el riesgo de una salida. Celebrarlo en 2017, advierten, haría coincidir las negociaciones con las elecciones de Francia y Alemania y, a nivel interno, correría el riesgo de convertirse en un plebiscito sobre los recortes del Gobierno. Pero Cameron, que cierra mañana con su discurso la temporada de congresos de los partidos políticos británicos, parece estar aún lejos de alcanzar un acuerdo con Bruselas que presentar a sus votantes para pedir que voten por quedarse.