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El Califato no pierde atractivo

Un año después de lanzada la ofensiva por EE UU, el EI mantiene un contingente de unos 31.000 milicianos y goza de un fuerte magnetismo hacia los musulmanes radicales

Estado Islámico
Fotograma de un vídeo difundido por el Estado Islámico.

La joven está nerviosa. La escena, casual, tuvo lugar recientemente en Túnez. Habla en árabe. A preguntas de por qué está tan alterada, el traductor, conocido de la joven, cuenta que una amiga suya acaba de partir hacia Siria para vivir junto a su marido en el Califato. Su amiga era una joven normal, tanto que incluso se había hecho algún tatuaje. Ahora, eso sí, lo escondía bajo el niqab(velo integral que solo deja los ojos al descubierto) que vestía junto a su marido, islamista convencido y responsable de la mudanza al Califato. Marcharon simplemente para vivir allí. El Estado Islámico no ha perdido atractivo para musulmanes radicales pese a las pérdidas en el frente. Y su magnetismo no vive solo de la violencia.

Doce meses después de que los cazas estadounidenses iniciaran el bombardeo contra el grupo comandado por el iraquí Abubaker al Bagdadi, la cifra de combatientes se mantiene prácticamente intacta según los servicios de inteligencia. El de Estados Unidos calcula que el Estado Islámico (EI) cuenta con alrededor de 31.000 milicianos. De ellos, unos 25.000 son extranjeros, 4.500 de procedencia occidental.

Hace un año, antes de la ofensiva que según Washington ha matado a más de 15.000 yihadistas, esos números eran similares o incluso más bajos. El centro de análisis estadounidense The Soufan Group concluye: el EI ha repuesto sus rangos al mismo tiempo que eran eliminados. “Los yihadistas han demostrado incluso a sus seguidores que están invirtiendo en un futuro a largo plazo”, dice John Horgan, experto en terrorismo y psicología de la Universidad de Massachusetts.

Horgan se afana en echar por tierra “la visión naif” sobre los motivos que conducen a alguien a viajar al Califato. Jóvenes y no tan jóvenes ávidos de apretar el gatillo hay muchos, pero el gusto por la violencia no explica el viaje de familias como la de aquella joven tunecina. “Nos guste o no, el EI está construyendo un proto-Estado”, continúa Horgan, “y eso supone un tremendo atractivo para aquellos que puedan ser tentados a trasladarse hasta allí”.

En la mente de los estudiosos del yihadismo está bien presente el reciente caso de la familia del septagenario Mohamed Abdul Mannan, formada por 12 miembros, entre ellos un bebé, que emigró en mayo desde la ciudad británica de Luton hasta Siria, en un periplo que les llevó por Bangladés y Turquía. “Nos sentimos más seguros de lo que nos hemos sentido nunca”, afirmaron en un comunicado difundido a través de un miembro británico del EI.

Propaganda de Estado

Se desconoce si la nota fue firmada voluntariamente por la familia o es un panfleto más de la propaganda del EI sobre sus bondades. Los yihadistas mantienen un aparato de comunicación todavía sin igual entre los grupos terroristas. En uno de sus últimos vídeos, producido por el brazo mediático Al Hayat bajo el título Come my friend (Ven, amigo mío), el grupo anima a los musulmanes a unirse a sus filas con una retahíla de imágenes de combatientes felices y menores, muchos hijos de extranjeros, entrenando uniformados. “La felicidad es hoy para la gente de fe”, dice la grabación.

En esta línea, el análisis de The Soufan Group alerta de que el Califato del EI es “tanto una ideología como un destino físico”. “El EI”, dice en una nota, “depende de la gente que viaja allí a vivir y morir, y también de que se hable de ello en Internet”. Esto explica, añade el centro de análisis, que sellar las fronteras al paso de extranjeros sea vital.

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