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La antigua troika vuelve a Atenas para negociar el rescate

Las instituciones se ven obligadas a extremar las medidas de seguridad

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, este viernes en Atenas.
El primer ministro griego, Alexis Tsipras, este viernes en Atenas. AP

Nadie les llama ya hombres de negro; en Bruselas está proscrita la palabra troika. Pero en realidad poco o nada ha cambiado más allá de la terminología: las tres instituciones que velan por los intereses de los acreedores en Grecia —la Comisión Europea, el FMI y el Banco Central Europeo— llegarán a Atenas en las próximas horas para negociar las condiciones del tercer rescate, que tienen que estar listas para mediados de agosto.

El apoyo al ‘Grexit’ recula en Alemania

Un número cada vez mayor de alemanes quiere que Grecia permanezca en la zona euro, según un sondeo publicado este viernes por la segunda cadena de televisión alemana (ZDF). Si antes los opositores al Grexit eran un 41%, ahora la cifra sube a un 50%.

Aun así, la encuesta destaca el alto grado de desconfianza hacia el Gobierno de Alexis Tsipras. Para el 73% de los alemanes, el Ejecutivo heleno no pondrá en práctica las reformas acordadas con los acreedores, y solo el 22% cree que las medidas que Grecia tiene que poner en marcha para lograr un tercer rescate son demasiado duras.

El sondeo se realizó después de que la canciller Angela Merkel sostuviera que una salida de Grecia de la zona euro traería “el caos”. La gran mayoría de los alemanes (un 71%) cree, sin embargo, que el país heleno no será capaz de evitar la quiebra.

Grecia ha cumplido y ha aprobado dos paquetes de medidas urgentes en un tiempo récord. Llega la hora de los acreedores: los socios europeos y el FMI quieren ver recortes y reformas a cambio del tercer paquete de ayuda a Grecia desde el arranque de la crisis, en 2010, pero están obligados también a dar muestras de generosidad tanto en las metas fiscales como en la reestructuración de deuda y en la inclusión de los bonos griegos en el programa de compra de activos del BCE.

La negociación tenía que empezar este viernes, pero las instituciones se han visto obligadas a extremar las medidas de seguridad ante la posibilidad de que se produzcan episodios de tensión. Los griegos detestan a la vieja troika. El Gobierno de Alexis Tsipras llegó a forzar a la instituciones a negociar en Bruselas durante los últimos meses para evitar la humillación de ver a los tecnócratas paseándose por Atenas y dictando medidas al Ejecutivo. Pero los funcionarios del Fondo y de Bruselas han vuelto a Grecia con el mismo objetivo que otras veces. Incluso con la misma modalidad de negociación: palo y zanahoria. Los palos están claros: una nueva ronda de austeridad y reformas. Las zanahorias son más volátiles; dependen de la buena voluntad de los acreedores.

Grecia y las instituciones deben tener listo un Memorando de Entendimiento con las condiciones finales del rescate para mediados del próximo mes. El 20 de agosto vence un pago clave de 3.200 millones al BCE, y Grecia no se puede permitir licencias con eso. Los socios le han dado lo justo: poco más de 7.000 millones de financiación puente para los pagos más inmediatos. Pero Atenas puede necesitar 5.000 millones adicionales en agosto. La Comisión ha encarrilado 6.000 millones más —si los socios europeos lo aprueban— por si la negociación se complica, ante la dificultad de pactar en apenas tres semanas un paquete de medidas que suele llevar tres meses.

Liberalización

La vieja troika insistirá a partir de ahora en las medidas de liberalización, en particular en el mercado laboral. Casi todo lo demás está en el aire. Se sabe que el rescate será para tres años, pero no se sabe cuál será el papel del FMI. Se sabe que las necesidades financieras de Grecia son de 86.000 millones de euros, pero no se sabe exactamente a cuánto ascenderá el tercer rescate: los socios cuentan con que el FMI aportará los 16.000 millones que no ha gastado aún, y las instituciones han adelantado que el mecanismo de rescate europeo (Mede) pondrá entre 40.000 y 50.000 millones. La UE estima que, si todo va bien, Grecia puede volver a los mercados y conseguir por sí misma el resto del dinero.

Pero no se puede dar nada por hecho. El éxito del tercer rescate depende del dinamismo de la economía y el sistema financiero griego, tras seis meses de pesadilla que acabaron en un corralito y en una recesión que se irá en torno al 2,5% del PIB, según el think tank griego IOBE. Los acreedores tienen que aclarar el rol del FMI, los objetivos fiscales y el calendario de reestructuración de la deuda: solo habrá concesiones si Atenas sigue cumpliendo, señalan fuentes comunitarias. Entre las numerosas incógnitas figura también la estabilidad política: Tsipras debe demostrar que puede seguir sacando adelante la gestión tras la última remodelación del Gobierno, con las dudas que han dejado las dos votaciones con las medidas urgentes, con votos en contra de la facción izquierda de su propio partido. Si logra estabilidad, miel sobre hojuelas. Si no, después de acordar el tercer programa con la troika se podría ver obligado a convocar elecciones.