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Israel, el último tabú

La perspectiva del acuerdo nuclear reaviva la aversión de la República Islámica hacia “el régimen sionista”

El Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu.
El Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. AFP

La cita es para hablar de cómo va a afectar el eventual acuerdo nuclear a Oriente Próximo. Sin embargo, Foad Izadi, profesor de Estudios de América del Norte en la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad de Teherán, termina siempre refiriéndose al “peso del lobby judío” en Estados Unidos. Para él, su influencia frena el levantamiento de las sanciones, es responsable de las exigencias de última hora en Viena, e impedirá que la región se beneficie del pacto. Roto el tabú del diálogo con Washington, la República Islámica mantiene la aversión hacia Israel como pilar inamovible de sus valores revolucionarios.

“Irán no enfoca la cuestión palestina en términos sectarios”, subraya Izadi tras señalar que si no hubiera apoyado a Hamás y a Yihad Islámica (grupos suníes, frente al chiísmo preponderante en Irán) hubiera tenido menos problemas. Tres días antes, durante la celebración de la jornada de Jerusalén, el líder de la plegaria, el ayatolá Ahmad Jatamí, vino a decir otro tanto cuando aseguró que se les había ofrecido “más flexibilidad en las negociaciones nucleares” si reconocían al "régimen sionista". Tanto él como el presidente del Parlamento, Ali Lariyaní, que también intervino en la ceremonia, rechazaron esa posibilidad.

La posición oficial, repetida ese día, apoya el regreso de los refugiados palestinos y un referéndum sobre el futuro del país que considera “tierra musulmana”. Esas exigencias van más allá de lo que los propios palestinos han aceptado en los acuerdos de Oslo, pero algunos observadores iraníes intuyen que, de alcanzarse el acuerdo nuclear, se radicalizarán como contrapunto.

La enemistad con Israel sirve de elemento aglutinador. Los chiíes son especialmente sensibles ante las injusticias y la actuación israelí en Gaza y Cisjordania facilita a diario argumentos para respaldar el rechazo. Pero más allá de la solidaridad con los palestinos ante los abusos del ocupante, la enemistad se ha ahondado en las últimas décadas con asuntos como el apoyo israelí a los disidentes iraníes Muyahidín Jalq, sus advertencias ante el programa atómico y las operaciones encubiertas que se atribuyen a sus servicios secretos, entre ellas el asesinato de varios científicos nucleares; mientras que Tel Aviv ha responsabilizado a agentes iraníes del ataque a su embajada en Buenos Aires en 1992 y a la mutua judía (AMIA) dos años más tarde, además de haber sufrido las provocaciones del ex presidente Ahmadineyad (2005-2013) con su empeño en cuestionar el Holocausto y anunciar la desaparición de Israel.

No siempre ha sido así. Aunque Irán estuvo entre las 13 naciones que en 1947 votaron contra el plan de la ONU para la partición de Palestina, luego fue el segundo país de mayoría musulmana en reconocer a Israel. Sin embargo, la luna de miel que ambos vivieron durante la época del shah, el pro occidental Mohammad Reza Pahlavi, concluyó con la revolución de 1979 y la proclamación de la República Islámica. El ayatolá Jomeini declaró a Israel “enemigo del islam” y cortó todos los lazos comerciales y diplomáticos. La que hasta entonces había sido embajada israelí en Teherán fue entregada a la OLP, entonces representante oficioso de los palestinos.

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