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Irán y las potencias amplían el plazo para el pacto nuclear

El ministro de Exteriores iraní viaja a Teherán para consultas con el ayatolá Ali Jamenei

Los representantes de las grandes potencias e Irán, reunidos en Viena para intentar cerrar el pacto nuclear.
Los representantes de las grandes potencias e Irán, reunidos en Viena para intentar cerrar el pacto nuclear. EFE

Representantes de Irán y las seis grandes potencias mundiales se reúnen en Viena para concluir el acuerdo nuclear que negocian desde hace 20 meses. El viaje relámpago a Teherán del ministro de Exteriores iraní, Mohammad Javad Zarif, transmitía anoche la sensación de que se entra en la recta final. Dado lo lejos que se ha llegado, los implicados se mostraban dispuestos a extender las discusiones más allá del día 30 que fijaron como límite.

“Zarif regresará a Teherán esta noche [por el domingo] y volverá a Viena mañana”, anunció la agencia iraní Tasnim citando a un funcionario sin identificar. Fuentes diplomáticas iraníes confirmaron más tarde en Viena que el ministro iba a “consultar con el liderazgo”, en referencia a la más alta autoridad de la República Islámica, el ayatolá Ali Jamenei. El mensaje es que se ha llegado ya al ajuste fino en el que tienen que tomarse decisiones políticas, más que técnicas, sobre lo que las partes están dispuestas a conceder para lograr el éxito.

Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido, Francia y Alemania buscan garantías de que Irán no trata de construir un arma atómica. Desde el preacuerdo de Ginebra en noviembre de 2013, Teherán se ha mostrado dispuesto a limitar su programa nuclear para despejar esas sospechas.

A cambio pide que se levanten las sanciones internacionales que desde hace una década le ha granjeado ese proyecto y que ahogan su economía. Las dificultades se centran en el plazo que debe durar esa limitación, los controles para verificarla y el ritmo de levantamiento de las sanciones.

Los occidentales quieren que las restricciones a la investigación y producción nuclear se extiendan al menos una década, que durante ese tiempo haya inspecciones de las instalaciones (incluidas las militares) y que se establezca un sistema automático de restablecimiento de las sanciones si se detecta un incumplimiento. Los iraníes tratan de reducir al máximo el tiempo que deberán limitar su programa, que siempre han asegurado que tiene carácter pacífico, y exigen el fin inmediato de todas las sanciones.

Además, Jamenei, que tiene la última palabra en todos los asuntos de Estado, reiteró la semana pasada que el acceso a centros militares supone una “línea roja”.

De ahí la relevancia del viaje de Zarif. La víspera, el ministro iraní y su homólogo estadounidense, John Kerry, declararon a su llegada a Viena que quedaba “mucho trabajo duro” por delante. Ambos son los verdaderos protagonistas de esta negociación que ha roto un tabú histórico dado que sus países carecen de relaciones diplomáticas desde hace tres décadas, cuando un grupo de estudiantes revolucionarios asaltó la embajada de EE UU en Teherán y cogió como rehenes a sus diplomáticos.

De conseguirse, el acuerdo abre el camino hacia una reconciliación entre los dos países y daría un vuelco al equilibrio de poderes en la región, algo que alarma a sus vecinos árabes. También tendría efectos sobre el mercado energético mundial, ya que Irán dispone de grandes reservas de petróleo y gas.

En Israel, el primer ministro, Benjamín Netanyahu, escaló este domingo unos peldaños más en su campaña de rechazo a un eventual acuerdo nuclear con Irán al acusar a las grandes potencias de haberse “saltado sus propias líneas rojas”, informa Juan Carlos Sanz desde Jerusalén. Netanyahu aseguró que aún no es demasiado tarde para impedir que Teherán pueda dotarse de armas nucleares. “Irán ha aumentado sus agresiones en la región, se está rearmado y disemina el terrorismo por el mundo”, declaró tras la reunión semanal del Gobierno. Israel considera que las potencias están incrementando las concesiones al régimen iraní mientras se aproxima el plazo para la conclusión de las negociaciones.