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Mancera busca la presidencia de México pese a su fracaso electoral

El jefe de Gobierno del DF se suma a la lista de aspirantes a suceder a Enrique Peña Nieto

Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno del DF.
Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno del DF. NOTIMEX

Miguel Ángel Mancera, el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, se ha sumado a la lista de prematuros aspirantes a suceder a Enrique Peña Nieto en las elecciones de 2018. “Sí, quiero ser presidente”, dijo en un programa de televisión una semana después de que el partido que lo llevó al poder, el izquierdista PRD —hundido en una severa crisis—, registrara recientemente sus peores resultados en unos comicios en décadas.

Además de castigar al partido, el voto de las pasadas elecciones también repudió los tres años de Miguel Ángel Mancera al frente del Distrito Federal, marcados por decisiones impopulares y por acercarse al Gobierno del PRI, un pecado capital en un bastión de la izquierda desde hace 18 años. Pese a todo, él aspira ahora a la presidencia mexicana en 2018.

“Si quiere disputar la candidatura tiene que definirse ideológicamente y dar carácter a su Gobierno”, comenta Raúl Monge, que acaba de publicar Mancera: el rumbo extraviado. Su biógrafo considera que la derrota en las urnas —el PRD perdió ocho de las 14 alcaldías de la ciudad y cedió la mayoría en el Congreso local a Morena, el partido de López Obrador— orillará a Mancera y le obligará a marcar un nuevo norte en sus tres años restantes.

Mancera, hijo de madre soltera, no comparte las características de sus tres antecesores en el cargo. Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard eran animales políticos puros, obsesionados con conocer cada detalle que sucedía en la ciudad y con mano experimentada para tratar a las diversas corrientes que componen el PRD, enfrentadas entre ellas en muchas ocasiones. El jefe de Gobierno actual es diferente. “Delegó la operación en Héctor Serrano, su secretario de Gobierno, y él se ha dedicado a las relaciones públicas que más le convienen”, explica Monge.

Muchos de los barones del partido han responsabilizado a Serrano, un personaje oscuro de orígenes priistas, de la derrota y le han exigido su renuncia. Mancera no ha cedido a las demandas. Esa ha sido una de sus banderas. Llegó al poder sin ser militante del PRD, lo que le ha dado una independencia que presume y que permite tomarse con ligereza las obligaciones que la cúpula del partido trata de imponerle.

Mancera es un hábil abogado que hizo carrera en la procuraduría local hasta que escaló a la oficina del fiscal. La ciudad, obsesionada con la seguridad y el combate contra el crimen común, lo colocó en el primer plano. Marcelo Ebrard, exjefe de Gobierno y su padre político, lo eligió en 2012 como candidato sobre su delfín, Mario Delgado. La decisión fue acertada. Mancera se convirtió en el político más votado en la ciudad desde 1997, cuando el DF comenzó a elegir gobiernos. Arrasó en las elecciones con el 63,5% de los votos, aupado por la popularidad de Ebrard.

Pero el encanto duró poco. Mancera incrementó el precio del billete del metro, que utilizan 4,6 millones de personas cada día. También trató de plantó decenas de parquímetros provocando la furia de 15 barrios. Y lo más grave a ojos de una ciudad que lleva votando casi 20 años por la izquierda: se acercó al Gobierno de Peña Nieto. “Es parte de su carácter, una prudencia política que lo hace llevar la fiesta en paz con todos”, dice Monge. Todo esto llevó sus índices de reprobación llegaran al 60% en diciembre de 2014.

Estilo rompedor

Su estilo rompió con la tradición de oposición a cara de perro que tenían los gobernadores de la ciudad con los presidentes. Una historia que comenzó en las polémicas de López Obrador con el panista Vicente Fox y que continuó Marcelo Ebrard, que tardó cuatro años y siete meses en saludar a Felipe Calderón, señalado por la izquierda como el villano que se robó la presidencia en 2006.

Mancera tiene en el horizonte tres años a contracorriente. Lo que haga en los próximos meses puede apuntalarlo como el candidato más viable de la izquierda o marcarlo como el jefe de Gobierno más impopular. Su experiencia ha demostrado que es un superviviente que remonta las adversidades. En octubre entró al hospital a atenderse una arritmia cardiaca. Sobre la plancha la cirugía se complicó y terminó siendo una operación a corazón abierto que lo mantuvo al borde de la muerte. Estuvo 10 días en el hospital. Allí recibió la visita de López Obrador. El veterano excandidato a la presidencia bromeó con él y le pidió que no se muriera; era una de las pocas figuras de peso que quedaban en la izquierda. “Yo ya estoy viejito”, dijo el líder de Morena. El corazón de Mancera vuelve a latir con fuerza. Está por ver si resiste la carrera rumbo a Los Pinos.