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La abrupta caída de Hastert, un líder tranquilo y oportunista

El exjefe republicano de la Cámara de Representantes, acusado de pagar para ocultar un caso de abuso sexual cuando era profesor

Hastert, al anunciar su retirada en 2007.
Hastert, al anunciar su retirada en 2007. AP

El republicano Dennis Hastert, de modales tranquilos y gestión efectiva en la sombra, poseía el don de la oportunidad. Construyó su carrera política a base de saber estar en el momento y el lugar adecuado: consiguió la mayoría de puestos tras la retirada de candidatos mejor posicionados. Su baza: ser una opción segura, que no iba a dar problemas. La estrategia le catapultó hasta la presidencia de la Cámara de Representantes, entre 1999 y 2007, y ser el segundo en la línea de sucesión de la presidencia de Estados Unidos.

El aura de normalidad de Hastert, de 73 años, se hizo añicos el jueves cuando fiscales federales le imputaron por haber pagado presuntamente 1,7 millones de dólares por un chantaje y por esconder la información a investigadores del FBI. Según fuentes de la investigación citadas por medios estadounidenses, Hastert, que sirvió en el Capitolio entre 1987 y 2007, habría pagado a un antiguo estudiante para evitar que revelara que había abusado sexualmente de él cuando era profesor y entrenador de lucha en un instituto de Yorkville, en su Illinois natal.

El político, según la imputación, acordó en 2010 con el antiguo estudiante, cuya identidad es secreta, pagarle 3,5 millones de dólares “para compensar y ocultar su previa mala conducta" con él. Se desconoce cuándo sucedieron los hechos. Hastert fue profesor en Yorkville entre 1965 y 1981. Es recordado sobre todo por convertir el equipo escolar de lucha en campeón estatal en 1976. Hastert logró enterrar ese pasado durante su etapa política. Ocho años después de retirarse y tras convertirse en un exitoso lobista en Washington, su carrera queda tocada.

“El Denny con el que yo serví trabajó duro para sus votantes y el país. Estoy conmocionado y entristecido de conocer estas informaciones”, dijo el actual líder de la Cámara de Representantes, el republicano John A. Boehner. Las reacciones fueron similares fuera de la esfera política: “Están todos estupefactos con la noticia”, señaló al diario The New York Times George Dyche, un entrenador de lucha en Illinois que colaboró con Hastert.

Los escándalos sexuales de otros propiciaron el auge y el declive de Hastert en el Capitolio. Ahora, sus propios escándalos lo acechan

Su salto a la política nacional se fraguó en 1986 cuando un congresista por Aurora, su ciudad natal, se retiró por problemas de salud. Era demasiado tarde para celebrar primarias y se optó por presentar a Hastert, que llevaba seis años en el Congreso estatal tras haber accedido inicialmente por la baja médica de un legislador.

Una vez en Washington, Hastert fue hábil en saberse mover por los pasillos del Capitolio y tejer las alianzas en las que fundamentaría su ascenso. En 1998, se hizo con la presidencia de la Cámara de Representantes después de que el candidato inicial se viera forzado a dimitir por una polémica extramatrimonial. Su ascenso coincidió con el proceso de impeachment al presidente Bill Clinton por su relación con la becaria de la Casa Blanca Monica Lewinsky.

Los ocho años de Hastert al frente de la Cámara estuvieron marcados por la agenda legislativa, que él apoyó vivamente, relacionada con la guerra contra el terrorismo tras los atentados del 11 de septiembre en 2001 y por la debacle republicana en las elecciones legislativas de 2006, en la última etapa del presidente republicano George W. Bush. Contribuyó a la derrota la pasividad de Hastert y su círculo ante las revelaciones de que el congresista republicano Mark Foley había mandado mensajes de tono sexual a chicos adolescentes que habían trabajado en un programa de la Cámara de Representantes.