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Guatemala convoca elecciones ante los escándalos de corrupción

A ocho meses del fin de la legislatura, el Gobierno de Otto Pérez se tambalea ante reiterados casos de corrupción en el Ejecutivo

El presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina.
El presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina. EFE

Cuando en 1985 Vinicio Cerezo accedió al poder tras el fin de las dictaduras militares, se abría para Guatemala un periodo esperanzador. 30 años después el modelo democrático está tan corroído por la corrupción y el desafecto popular es tan grande que empaña las elecciones, previstas para septiembre, y que el Tribunal Supremo Electoral debe convocar este sábado. Dado que la ley guatemalteca no prevé mecanismos revocatorios para un mandato, Pérez Molina continuará en el poder hasta el 14 de enero de 2016.

El expolio de las finanzas del Estado precipitó el hundimiento del partido en el Gobierno, ocho meses antes del término de su mandato. La prensa independiente llevaba tiempo denunciándolo a diario hasta que, el pasado el 16 de marzo, el Ministerio Público (Fiscalía) y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala denunciaron una trama de corrupción en las fronteras del país. El servicio de Aduanas junto con la Superintendencia de Administración Tributaria adulteraban los documentos de las importaciones: por cada furgón de mercancías que ingresaba al país, sólo el 40% llegaba a las arcas públicas. Con un 30% se sobornaba a los funcionarios de aduanas implicados; el otro era para los jefes de la estructura criminal. Según esta investigación, la mafia en Aduanas se habría apoderado hasta de 1.800 millones de quetzales (232 millones de dólares) a la semana.

Una manifestación el pasado sábado frente al antiguo Palacio de Gobierno reunió a 15.000 personas 

El escándalo alcanzó su mayor apogeo cuando se descubrió que el jefe de la estructura criminal era Juan Carlos Monzón, secretario privado de la vicepresidenta, Roxana Baldetti, la funcionaria más cuestionada de la actual administración por su enriquecimiento ilegal: yates de lujo, apartamentos en Nueva York, en sitios paradisíacos de Guatemala y en Italia, cuya nacionalidad adoptó, ya como vicepresidenta, al ser nieta de italianos. Para pedir la renuncia del presidente Otto Pérez y de su vicepresidenta y exigir su comparecencia ante la justicia, los guatemaltecos convocaron una manifestación el pasado sábado en la Plaza Mayor, frente al antiguo Palacio de Gobierno, a la que asistieron entre 12.000 y 15.000 personas.

En este contexto, el Tribunal Supremo Electoral convocará este sábado elecciones generales. “No es la primera vez que ocurre algo así”, recuerda el analista Héctor Rosada al referirse al movimiento de 1962 para derrocar al presidente Miguel Ydígoras Fuentes.

“En Guatemala las manifestaciones nunca evolucionan hacia movimientos políticos influyentes. No veo claro tampoco qué pasaría si Pérez y Baldetti fueran removidos. En el mejor de los casos, quedaríamos en manos del Congreso, el poder del Estado más corrupto y desprestigiado”, señala el analista, y añade: “Si no se corrigen los problemas de fondo, todo seguirá igual”.

Para Manfredo Marroquín, de Acción Ciudadana, la crisis complica el proceso electoral: “¿Qué pasaría si el Gobierno decide apoyar a una oposición concertada? Habría un Gobierno ilegítimo”.

Marroquín solo ve una salida: que el clamor popular derrumbe el sistema político que favorece la corrupción. “Quienes son ajenos a las mafias son satanizados por un esquema mediático y de poder que impide que haya líderes que pretendan romper ese esquema”.

Al echar la vista al futuro, Marroquín tampoco es muy optimista: “Esta forma de estado está a punto de colapsar y no sabemos que puede salir de ese hundimiento”.