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ANÁLISIS

Todavía hay color

Medio siglo después, el sueño de Martin Luther King no se ha cumplido

En Baltimore, una ciudad de 620.000 habitantes, de mayoría negra, con alcaldesa, jefe de policía y fiscal de color, el problema racial no debiera ser en principio el más importante. En la noche del lunes y la madrugada del martes, Baltimore sufrió los peores disturbios raciales desde el asesinato de Martin Luther King, en 1968. Coleaba todavía entonces la segregación y fanáticos blancos linchaban a negros y quemaban sus casas. Antes de su muerte, Luther King soñó que sus cuatro hijos no fueran juzgados en el futuro por el color de su piel. Su sueño todavía no se ha cumplido.

Probablemente, medio siglo —el transcurrido desde que legalmente se puso fin a la segregación racial en EE UU— es históricamente insuficiente para que este país se sacuda definitivamente la profunda indignidad de la esclavitud. ¿Por qué si eres negro tienes muchas más posibilidades de ser víctima de un crimen? La población afroamericana, con razón, cree que la policía y la justicia locales están sesgadas contra los negros.

Freddie Gray, un joven de color de 25 años, fue detenido con gran violencia el 12 de abril en un barrio negro de Baltimore. Mortalmente herido, la laringe y la columna vertebral aplastadas, fue arrastrado e introducido en un furgón policial; trasladado después al hospital entró en coma y murió seis días más tarde. Los negros tienen tres veces más posibilidades que los blancos de ser pobres, y seis veces más de ir a la cárcel.

Hay dos Baltimore, el de los barrios del oeste y el este, donde se desarrolla la famosa serie televisiva The Wire, y el limpio y aseado donde habitan los jóvenes profesionales blancos y visitan los turistas. Son dos mundos aparte. La policía de la ciudad tiene fama de muy dura y ha pasado años golpeando a los habitantes de los suburbios pobres para lograr la seguridad de la minoría blanca en sus enclaves privilegiados. Aun así este año ya se han contabilizado 68 asesinatos, nada que ver con los 300 anuales de los años ochenta y noventa del siglo pasado. Esta ciudad de Maryland tiene la mayor concentración de adictos a la heroína entre las metrópolis estadounidenses.

Los barrios negros están destripados en muchas ciudades del país. En el vecindario donde vivía Freddie, el 35% de los jóvenes no acaba la enseñanza secundaria, frente a un 11% de media en la ciudad. Y el 35% de sus casas están abandonadas, frente al 8% en el total de Baltimore. El barrio sufre también el doble de crímenes que la media.

Un cóctel explosivo que produce abandono, frustración y un índice insoportable de pobreza. Son explicaciones, no justifican los disturbios y el vandalismo. Las tropas de la Guardia Nacional han sido desplegadas y decretado un toque de queda. Insólitos Estados Unidos. “No hay una América negra y blanca, sino unos EE UU de América”, afirma Obama, el primer presidente negro. Sí, hay color.