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El Papa define como genocidio la matanza de armenios de hace un siglo

Turquía, que niega que fuera una masacre sistemática, llama a consultas a su embajador en el Vaticano

El Papa y el líder religioso armenio, este domingo en San Pedro.

Ahí donde no persiste la memoria significa que el mal mantiene aún la herida abierta”. El papa Francisco apeló este domingo a la necesidad de recordar los horrores del pasado durante la conmemoración del centenario de lo que consideró como “el primer genocidio del siglo XX”, el asesinato, ordenado por las autoridades otomanas durante la I Guerra Mundial, de más de un millón y medio de armenios. “Esconder o negar el mal”, advirtió Jorge Mario Bergoglio durante una ceremonia celebrada según el rito armenio en la basílica de San Pedro, “es como dejar que una herida continúe sangrando sin curarla”.

En protesta por las declaraciones del Papa, el embajador en el Vaticano, Mehmet Paçaci, fue llamado a consultas horas después de que Ankara convocara al nuncio papal. “Las afirmaciones del Papa son inaceptables por estar lejos de las realidades históricas y jurídicas. Las instancias religiosas no son lugar para hacer acusaciones sin fundamento que sólo fomentan el odio y el rencor”, se quejó, en su cuenta de Twitter, el ministro de Asuntos Exteriores turco, Mevlut Çavusoglu. Una nota oficial del ministerio subraya que no se esperaban la declaración del Papa y que su gesto “ha abierto la vía a la pérdida de confianza” entre los dos países. También añade que tendrá consecuencias, aunque no especifica cuáles. Las autoridades turcas llevan meses intentando influir en las altas esferas del Vaticano para evitar los posicionamientos del Papa respecto a la tragedia vivida por los armenios hace ahora un siglo.

El Gobierno de Armenia, un país independiente desde 1991, calcula que entre 1915 y 1923, los otomanos, alineados junto a Alemania en la Gran Guerra, practicaron el exterminio de más de un millón y medio de personas y deportaron a otras 600.000. Turquía, surgida tras la desaparición del Imperio otomano, reconoce las masacres sufridas por el pueblo caucásico, pero se niega a calificarlas de genocidio —el exterminio sistemático de un grupo social por razón de su raza, religión o nacionalidad— y las sitúa dentro de los horrores generados por la guerra. Esa negativa del Gobierno de Ankara supone uno de los escollos para la integración de Turquía en la Unión Europea.

Si bien hasta hace una década hablar del genocidio armenio en Turquía —un país en el que habitan unos 70.000 armenios— era tabú y podía implicar castigos judiciales, el debate en la academia y la sociedad civil es ahora mucho mayor, hasta tal punto que el Gobierno turco emitió el año pasado una nota de condolencias hacia las víctimas de las deportaciones otomanas y lamentó el “dolor compartido” por diversas poblaciones de la actual Turquía en los últimos años del Imperio.

Varias organizaciones turcas y armenias se reunirán el día 24 en Estambul para conmemorar la fecha de inicio de las masacres. El Ejecutivo turco tiene previsto adoptar una posición más dura este año y, de hecho, ha trasladado la conmemoración del centenario de la batalla de Galípoli del 18 de marzo al 25 de abril, una ceremonia a la que ha invitado a autoridades de todo el mundo y que tiene el objetivo de hacer sombra a los actos en Armenia.

Ya Juan Pablo II se había referido al exterminio armenio como “el primer genocidio del siglo XX”, situando a continuación los perpetrados por el nazismo y el estalinismo. Francisco, quien suele alertar sobre la existencia de una “tercera guerra mundial” difusa, provocada por los conflictos armados que tienen lugar en muchos lugares del planeta, señaló que esta especie de nuevo genocidio está provocado por la indiferencia general y colectiva: “Es el silencio cómplice de Caín, que exclama: ¡A mí qué me importa!”.

“Parece”, añadió el Pontífice, “que la familia humana rechaza aprender de sus propios errores causados por la ley del terror. Y así, aún hoy, hay quien trata de eliminar a sus semejantes con la ayuda del silencio cómplice de otros que permanecen como espectadores”. El Papa dirigió un mensaje a la población armenia para que “recupere el camino de la reconciliación”.

Represalias económicas

A. M. Estambul

Tradicionalmente, el Gobierno de Estados Unidos —un país donde reside una buena parte de los descendientes de los armenios supervivientes de las matanzas— ha sido muy cauteloso a la hora de usar la terminología respecto al Genocidio y no molestar a su aliado turco. En lugar de genocidio se ha preferido el término Meds Yeghern (Gran Crimen), que los armenios utilizan de forma similar a la Shoah judía.

Este año, armenios y turcos estarán muy atentos a cómo se pronuncie el presidente Barack Obama respecto al tema, pues en juego no está sólo soliviantar o no a uno u otro pueblo, sino también una importante licitación de misiles. Turquía lleva meses preparando la compra de un nuevo escudo antimisiles y ha llegado a coquetear con adquirirlos a una empresa china, lo que sería incompatible con los sistemas de la OTAN, organización a la que pertenece. Ankara decidirá entre las tres empresas que se han presentado a la licitación —una de EE UU, una de Francia y otra de China— una vez pasado el 24 de abril. “El modo en que estos países observen el centenario de estos hechos, será muy importante en nuestra decisión final”, afirmó el pasado enero una fuente de la sección ministerial encargada de la adquisición de armamento citada por el diario Hürriyet Daily News.

El intento del Parlamento francés de aprobar una ley para criminalizar la negación del Genocidio Armenio en 2006 y 2011 llevó a un enfriamiento de las relaciones turco-galas y a que empresas de Francia se viesen excluidas de contratos públicos así como sometidas a boicot por parte de los ciudadanos de Turquía. Sin embargo, tras la pataleta inicial, las relaciones volvieron a su lugar al cabo de unos meses.

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