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México abre la puerta a una subida de tipos este mismo año

Ante el riesgo de la salida de capitales y una caída mayor del peso, el Banco de México advierte de que está dispuesto a responder a la subida de tipos en EE UU elevando también su tasa de referencia

El gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, este jueves
El gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, este jueves EFE

México está dispuesto a utilizar toda la artillería a su alcance para evitar que su economía entre en territorios peligrosos. La esperada subida de tipos de interés en EE UU sumada a la pronunciada caída del precio del petróleo se ha convertido en una seria amenaza para la estabilidad de las finanzas públicas mexicanas. En los últimos meses, el peso ha sufrido una fuerte depreciación y las expectativas de crecimiento del PIB apenas superan un modesto 2%. Ante los riesgos de que las turbulencias precipiten una fuga de capitales y empujen al alza la inflación, el Banco de México ha lanzado una señal al mercado. Está preparado para usar la política monetaria como arma disuasoria. “Estaremos muy atentos a la volatilidad que genere la decisión de la FED, y si es necesario podríamos aumentar también nosotros la tasa de interés”, advirtió este jueves el gobernador de la entidad Agustín Carstens.

La recuperación de la locomotora estadounidense y el volantazo de la Reserva Federal - previsto para junio- supone un contratiempo para prácticamente todas las economías emergentes. Los seis años de tasas baratas en EE UU sirvieron de incentivo para el viaje de importantes flujos de capital rumbo a otros destinos con jugosas rentabilidades. Pero el dinero ha empezado a tomar el camino de vuelta y la proverbial susceptibilidad de los inversores se ha traducido en una fuerte volatilidad en gran parte de los mercados de deuda, divisas y renta variable. “La depreciación no solo está siendo contra el peso. En los últimos ocho meses el dólar ha vivido la mayor subida desde 1973. Todos los emergentes están viendo caer sus divisas”, señaló Carstens durante un acto organizado por la patronal bancaria mexicana.

Es cierto que el peso, con una caída cercana al 10% en lo que va de año, no está siendo el mayor de los damnificados. El bolívar venezolano registra más de un 30% y el peso argentino roza el 20%. Pero el papel soberano mexicano ha sido uno de los principales caladeros para los inversores internacionales durante los últimos años y las repercusiones de una potencial salida harían tambalear los cimientos las finanzas públicas. La tenencia de bonos mexicanos en manos extranjeras alcanzó el récord histórico a finales del año pasado. Casi el 40% de la deuda azteca en circulación pertenece a grandes fondos y bancos foráneos.

A este delicado contexto hay que sumar la profunda caída del petróleo, del que depende una cuarta parte de los ingresos del Estado. El barril de mezcla mexicana ha perdido más de un 60% en los últimos 10 meses, a lo que el Gobierno reaccionó en enero con un duro recorte en el gasto público de 9.000 millones de dólares (el 0,7% del PIB). “Mandamos una señal muy clara. El Gobierno tomará las medidas que sean necesarias para asegurar la consolidación de las cuentas públicas”, defendió el secretario de Hacienda Luis Videgaray, también presente el acto organizado por los representantes del sector financiero mexicano. “Sabemos que la caída del precio del crudo va a ser una constante durante el año. Al Gobierno le toca ajustarse el cinturón”, añadió alusión a un posible segundo tijeretazo al gasto durante este año.

El termómetro para medir la temperatura del riesgo antes de actuar será la inflación. “Por ahora el impacto ha sido limitado. Pero hay que estar en guarida y ajustar los tipos de interés si fuera el caso”, incidió Carstens. El índice de precios en México se mantiene en un desahogado 3%, en línea con el objetivo de la autoridad monetaria del país y favorecido paradójicamente por el abaratamiento de las materias primas y la débil demanda interna.

El último movimiento en la tasa de referencia se produjo el verano pesado. El Banco de México abarató en medio punto el precio del dinero en un intento precisamente de estimular la actividad económica, que acumula ya dos años de anémicos avances, muy alejados de las vigorosas tasas de los 6% previstas por el Enrique Peña Nieto al comienzo del sexenio. En caso de una subida durante este año, el Gobierno mexicano sacrificaría una de las armas para espolear el crecimiento a cambio de taponar la posible hemorragia de capitales.