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Tres azotes y nueve meses de cárcel por una pintada

Singapur condena por vandalismo a dos jóvenes alemanes que pintaron un grafiti

En primer plano, uno de los dos jóvenes alemanes acusados de vandalismo en Singapur, el pasado 22 de noviembre.
En primer plano, uno de los dos jóvenes alemanes acusados de vandalismo en Singapur, el pasado 22 de noviembre. EFE

Los actos vandálicos en Singapur se pagan caros. Un tribunal de la ciudad-estado condenó este jueves a dos jóvenes alemanes a nueve meses de cárcel y a tres azotes. ¿Su delito? Acceder a una propiedad privada y pintar un grafiti en uno de los convoyes de la red ferroviaria del país.

El suceso ocurrió durante la madrugada del pasado 8 de noviembre, cuando Elton Hinz y Andreas Von Knorre, de 21 y 22 años respectivamente, accedieron a las instalaciones de SMRT —la compañía que opera los servicios ferroviarios en Singapur— y pulverizaron el vagón con el uso de aerosoles que habían adquirido cuatro días antes. La pareja huyó del país, pero la policía malasia los encontró tras una orden de búsqueda internacional y los extraditó para hacer frente al juicio.

Con uniforme carcelario y la palabra "prisionero" impresa en la espalda, los condenados expresaron su remordimiento ante el tribunal: "Este es el peor episodio de toda mi vida, quiero pedir disculpas al Estado de Singapur por ese acto estúpido... He aprendido la lección y nunca más lo volveré a hacer", declaró Von Knorre, informa Reuters.

El tribunal no dictaminó la pena máxima por vandalismo, establecida en tres años de cárcel o una multa de 2.000 dólares de Singapur (unos 1.300 euros) y entre tres y ocho azotes con una vara de madera. Los condenados no han decidido aún si apelarán la sentencia.

La ciudad-estado es uno de los países más desarrollados del mundo y es conocida mundialmente por su limpieza, su bajísima tolerancia con el crimen y su larga lista de prohibiciones —la más famosa, su restricción a las importaciones de chicles—. Cada año centenares de personas son condenadas a algún tipo de castigo corporal, principalmente azotes, por delitos como el vandalismo, robo, abuso sexual o por vulnerar las leyes de inmigración. Los delitos de sangre, así como el tráfico de drogas o la violación, acarrean la pena de muerte.

No es la primera vez que ciudadanos extranjeros se encuentran en esta tesitura. En 2010, un ciudadano suizo fue condenado también por una pintada en un tren a siete meses de cárcel y a tres azotes. Y en 1994 un estadounidense recibió cuatro golpes por dañar varios vehículos y mobiliario público. La justicia de Singapur le había condenado a seis, pero la intermediación del entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, consiguió reducir la condena.

Numerosas organizaciones pro derechos humanos han denunciado en repetidas ocasiones el uso de los castigos corporales en el sistema judicial de Singapur, que solamente se pueden aplicar a los varones de entre 18 y 50 años. Según datos del Departamento de Estado de EE UU, en 2012 se aplicaron más de 2.000 condenas que incluyeron esta práctica. Fuera de la justicia, los azotes con vara son también legales como medida disciplinaria en las prisiones, en los reformatorios y hasta en las escuelas del país del sureste asiático.