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El largo camino para recuperar Mosul

Los analistas coinciden en que Bagdad no tiene capacidad para la reconquista

Seguidores del Estado Islámico, en una marcha multitudinaria en Mosul en junio de 2014.
Seguidores del Estado Islámico, en una marcha multitudinaria en Mosul en junio de 2014. AP

“Planeamos recuperar Mosul”, declaró la semana pasada el primer ministro iraquí, Haider al Abadi. Nada sorprendente ya que tal ha sido el objetivo del Gobierno central desde que el pasado junio el entonces llamado Estado Islámico en Irak y el Levante se hiciera con el control de la tercera ciudad del país. Pocos días después, sus palabras adquirieron inmediatez cuando fuentes militares estadounidenses revelaron que están entrenando a las fuerzas iraquíes y kurdas para lanzar el asalto en abril o mayo. Los analistas dudan sin embargo de que Bagdad tenga la capacidad militar, y sobre todo política, para lograrlo.

“Ninguna de las fuerzas de seguridad iraquíes ha demostrado tener la capacidad para recuperar amplias zonas urbanas como Mosul”, asegura Sam Morris, investigador del Middle East Research Institute (MERI), un centro de estudios kurdo.

EE UU prepara una fuerza de 25.000 kurdos e iraquíes para la operación

Esa ciudad del norte de Irak, que contaba con casi dos millones de habitantes, sucumbió ante el avance de apenas unos centenares de yihadistas, lo que provocó la huida de un tercio de su población. Los expertos militares estiman que entre 1.000 y 2.000 milicianos del grupo renombrado Estado Islámico (EI) la mantienen ahora bajo control. Según las revelaciones del Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM), la fuerza que el Ejército norteamericano está preparando para el asalto sumaría entre 20.000 y 25.000 soldados iraquíes y kurdos.

“No es una cuestión de números”, advierte Morris. “En la actualidad, EE UU está entrenando a nueve brigadas del Ejército iraquí, pero no hay signos de que estén a la altura. Las únicas fuerzas de combate efectivas contra el Estado Islámico han sido los Peshmerga kurdos y las milicias chiíes”, añade.

Los dirigentes kurdos han dado a entender que no quieren implicar a sus tropas en el combate puerta a puerta que será necesario cuando se entre en Mosul. Son conscientes de que sus vecinos árabes suníes no van a recibirles con los brazos abiertos, ya que recelarán de sus ambiciones territoriales, lo mismo que el Gobierno central. Bagdad tampoco puede fiar la operación a las milicias chiíes que hasta ahora están llevando la iniciativa en la lucha contra el EI, ya que los excesos del aparato de seguridad percibido como chií ayudaron a que los yihadistas se hicieran con la ciudad el año pasado. Esa fractura político-confesional constituye, a decir de los analistas, el mayor obstáculo para movilizar una fuerza capaz y cohesiva.

“El principal reto es recuperar la confianza”, señala Renad Mansour, investigador del centro Carnegie en Oriente Próximo. “Los líderes tribales suníes, que son necesarios para cualquier ofensiva en Mosul, no consideran en este momento que merezca la pena sacrificar a su gente en una batalla contra el EI, sólo para allanar el camino a Irán y las milicias chiíes. Para ellos, esta alternativa no es mejor que el EI”, explica en un correo electrónico.

Mansour opina que la desconfianza podría vencerse con la creación de una Guardia Nacional que integrara a las milicias y descentralizara el poder hacia las unidades locales, lo que permitiría que los suníes se ocuparan de la seguridad en las regiones en las que son mayoría, como las provincias de Al Anbar y Nínive, de la que Mosul es la capital. Pero esa posibilidad, que Al Abadi ha respaldado, está estancada ante el temor de los chiíes (que controlan el Gobierno y el Parlamento) a armar a los suníes, algunos de cuyos líderes han sido cooptados por el EI.

“No hay forma de que las fuerzas iraquíes tomen y mantengan Mosul sin voluntad política”, insiste Morris.

Incluso si se logra ese consenso, todos los analistas consultados coinciden en la dificultad de la operación. La cobertura aérea de la coalición internacional que tanto ha ayudado a frenar el avance del EI será de escasa ayuda en las calles de Mosul. Las noticias que llegan desde allí hablan de que los ocupantes se han atrincherado en la ciudad y han plantado numerosas trampas explosivas en los accesos.

“Mosul es la joya de la corona del Daesh y no va a cederla con facilidad”, apunta Sajad Jiyad, del Iraqi Institute for Economic Reform (IIER), utilizando el acrónimo árabe para el EI. La mayor concentración urbana que controlan en Irak tiene además un gran simbolismo, ya que desde ella Abu Baker el Bagdadi proclamó el califato. “Al igual que en Kobane, [los yihadistas] están preparados para luchar calle por calle y destruir las posiciones que tengan que ceder”, alerta dando a entender el alto coste que tendrá la reconquista.

Aún así, Jiyad considera que “el mensaje de que las fuerzas de seguridad van a recuperar Mosul es importante”. “La fecha exacta no lo es, pero el Gobierno necesita decir a sus ciudadanos que va a rescatarles y que no ha abandonado la ciudad”. En su opinión, “es una cuestión de tiempo”.