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Egipto encarcela a otro símbolo de la defensa de los derechos humanos

Condenado a cinco años el activista Alaa Abdelfatá por violar la ley de manifestaciones

El activista egipcio Alaa Abdelfatá el pasado junio.
El activista egipcio Alaa Abdelfatá el pasado junio. EFE

Un tribunal de El Cairo ha condenado a cinco años de cárcel y una multa de más de 10.000 euros al activista y bloguero Alaa Abdelfatá, uno de los pocos iconos de la Revolución de 2011 que se encontraba aún en libertad. Junto a Abdelfatá, otros 18 activistas han sido sentenciados a tres años de cárcel, mientras que cuatro juzgados in absentia recibieron 15 años. Los cargos hacen referencia a una concentración celebrada en noviembre del 2013 sin el permiso oficial, violando la entonces recién aprobada ley de manifestaciones. El objetivo de la protesta era expresar a la asamblea constituyente su rechazo por la inclusión de los juicios militares contra civiles en el redactado de la nueva Constitución.

Este es el segundo juicio que se celebra por estos mismos cargos contra este grupo de activistas, y que en el caso de Abdelfatá incluyen alteración del orden público y agresión a un oficial de policía para arrebatarle un walkie talkie. El pasado junio todos ellos fueron juzgados in absentia y condenados a 15 años de cárcel. Sin embargo, al iniciarse la repetición del proceso, el juez decretó la prisión condicional para los activistas.

Después de conocerse el veredicto, la sala donde se celebraba el juicio, lleno de familiares y amigos de los acusados, estalló en gritos de “abajo el régimen militar” y “abajo la opresión”. Mohamed Abdel Aziz, uno de los abogados defensores, definió el fallo como “duro y opresivo”. “La Corte no ha tomado en consideración las pruebas que demostraban la inocencia de los acusados”, declaró a la agencia AP. En los últimos meses, la justicia egipcia ha sido duramente criticada por parte de las organizaciones de derechos civiles por no ofrecer las garantías jurídicas suficientes.

Alaa Abdelfatá, que ha sido encarcelado bajo cada uno de los gobiernos que se han sucedido tras la revolución, es miembro de una familia con un largo historial de activismo político. Su padre, Ahmed Seif al Islam, que falleció el pasado verano a causa de una dolencia cardíaca, fue el fundador de una de las organizaciones pioneras en la defensa de los derechos humanos en Egipto: El Centro Legal Hisham Mubarak. Sanaa, su hermana pequeña, se encuentra cumpliendo una condena de dos años de cárcel que le fue impuesta en diciembre por exactamente la misma razón: desafiar la draconiana ley de manifestaciones que establece duras penas para aquellos que organicen protestas sin la aprobación previa del ministerio del Interior.

Paradójicamente, la condena llega solo unas horas después de que, en un mensaje televisivo dirigido a la nación, el presidente egipcio, Abdelfatá al Sisi, prometiera que “durante los próximos días” sería puesto en libertad el primer grupo de “jóvenes inocentes” encarcelados. Tras el golpe de Estado del verano del 2013, se desencadenó en Egipto una fuerte represión contra cualquier voz disidente. Los islamistas Hermanos Musulmanes han sido las principales víctimas de este hostigamiento, que se ha cobrado la vida de unas 3.000 personas. No obstante, también ha afectado a los jóvenes revolucionarios laicos, como Abdelfatá, los principales protagonistas de la revuelta del 2011 contra el dictador Hosni Mubarak.

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