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El día de la verdad

El desenlace colérico de la austeridad y los errores del euro se plasma el domingo

Mañana domingo, Grecia decidirá su futuro y, en cierta forma, el futuro de las relaciones intraeuropeas. Si Syriza, el partido de izquierda antiausteridad de Alexis Tsipras, gana las legislativas con mayoría absoluta, la elección para él será más difícil que si se posiciona en cabeza sin esa mayoría, ya que en el primer caso podrá gobernar solo, pero estará obligado a cumplir, para su electorado, su programa (rechazo de un nuevo plan de austeridad, reestructuración de la deuda). En el segundo caso, Syriza necesitará el apoyo de otras formaciones, sea por asociación en el Gobierno o por apoyo en el Parlamento. Paradójicamente, esto dará un margen mayor de maniobra a Tsipras en cuanto a su electorado. En el proceso de construcción europeo, este domingo será histórico ya que plasmará el desenlace colérico de todos los errores cometidos tanto en la concepción del euro como en la estrategia de austeridad impuesta desde 2010, primero por el tándem Merkozy y luego por la Comisión de Bruselas y el FMI. Con el caso griego, Europa paga la aberración estructural de la concepción inicial que precedió al nacimiento del euro y que se resume en una única fórmula: aceptando firmar el Tratado de Maastricht, Alemania ha dado el marco fuerte a los europeos, (el euro es desde el principio un marco enmascarado), a condición de que los países del club med (España, Italia, Grecia y Portugal), como se decía en esa época, preservaran su valor alemán, es decir, el marco fuerte.

Sin embargo, países tan heterogéneos en sus fundamentos económicos como los de Europa del sur y del norte no pueden converger hacia una cohesión económica y una zona monetaria óptima, como deseaba el tratado monetario, salvo si hay un presupuesto federal muy alto y políticas fiscales comunes, lo cual es actualmente y por mucho tiempo imposible. Recordémoslo, se había calculado en aquel tiempo que para llegar a una relativa cohesión económica Alemania debería haber contribuido con más de un 10% de su PIB. Ningún país podía aceptar tal sacrificio.

Así pues, la crisis era virtual desde el inicio entre esos dos polos de la zona euro. Estalla con la explosión de la burbuja financiera en 2008, que había servido en España para ocultar la realidad de las divergencias de desarrollo; en Italia, el aumento incesante de la deuda; en Grecia, la existencia de un déficit real de más del 12% ¡cuándo la cifra anunciada por las autoridades griegas era del 2,7% en 2009! Una enorme mentira que servirá de capote para el toro alemán. Tres planes de rescate en marcha, miles de millones desaparecidos en el pozo griego, ¡y aún nada resuelto siete años después de estallar la crisis! Una única cifra da idea del desastre griego: ese país deberá reembolsar su deuda hasta el…¡2045! ¿Hay alguna otra solución que la salida de Grecia del euro? Sean cuales sean los resultados electorales, esta cuestión será central en el país que ha inventado la tragedia.