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La comunidad iberoamericana se refunda

La organización, que agrupa a 22 países de América y Europa, busca su espacio

La presidenta de Brasil falta a la reunión y se mantienen las dudas sobre Castro

El Rey junto al presidente de México en Veracruz.

Casi un cuarto de siglo después de su nacimiento, en Guadalajara (México) en 1991, la Comunidad Iberoamericana se enfrenta hoy y mañana en Veracruz, también México, al desafío de su refundación. Incapaz de competir con los nuevos foros continentales —como la CELAC (Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe), Unasur o la Alianza del Pacífico— las cumbres iberoamericanas han languidecido en los últimos años, hasta el punto de que la mitad de los mandatarios invitados faltaron a la cita en Paraguay (2011) o Panamá (2013).

Para evitar nuevos fiascos, lo primero que se ha hecho es espaciar las cumbres, que a partir de esta edición ya no serán anuales sino bienales, alternándose con las que celebra la CELAC con la UE —en 2015 tendrá lugar en Bruselas—, de tal forma que la siguiente cita iberoamericana será en Colombia en 2016.

La cumbre llega en un momento económico especialmente delicado. Ni España ni Portugal han logrado disipar la crisis, y en Latinoamérica los días de vino y rosas, con crecimientos cercanos al 5% del PIB, quedan ya lejos. La región, aunque con diferencias notables entre países, sufre una aguda desaceleración. Esta pérdida de velocidad ha despertado el miedo a un resurgimiento de las tensiones sociales.

El hemisferio, pese a sus avances en los últimos años, sigue mostrando enormes desigualdades en la distribución de la renta. Una lacra a la que se añade, especialmente en México y Centroamérica, la violencia. Aunque la cumbre iberoamericana, centrada en la educación, la cultura y la innovación, pasará de puntillas sobre estos problemas, en el aire no se respira nada parecido al optimismo. Incluso los gobiernos que han revalidado sus posiciones de poder en las últimas elecciones, o aquellos, como México, con amplios tiempos de maniobra por delante, andan enfrascados en dolorosos quebraderos de cabeza.

Con este escenario, en Veracruz, donde se ha convocado a mandatarios de 22 países —19 latinoamericanos, más España, Portugal y Andorra—, ya se han confirmado dos bajas notables: la brasileña Dilma Rousseff, inmersa en la formación de su nuevo Gobierno, tras su ajustada victoria sobre el opositor Aécio Neves; y la argentina Cristina Fernández de Kirchner, quien ha alegado motivos de salud, que no le han impedido sin embargo acudir a la reciente cumbre de Unasur en Ecuador.

La mayor duda es la presencia del líder cubano Raúl Castro. El canciller español, José Manuel García-Margallo, viajó a finales de noviembre a Cuba para convencerle de que asistiera a la cumbre iberoamericana, lo que no hace desde 2000, pero no consiguió que le recibiera. La convocatoria de una cumbre de países del Caribe, en las mismas fechas en La Habana, supone un inconveniente, pero la diplomacia española confía en que Castro esté al menos en la segunda jornada y no solo por el empeño de Margallo: tras una década larga de frialdad diplomática —que coincidió con los gobiernos del PAN— el presidente Enrique Peña Nieto ha iniciado una política de acercamiento de México a Cuba, a la que ha condonado el 70% de la deuda.

Quien está desde el sábado en Veracruz es Felipe VI, que por vez primera acude a una cumbre iberoamericana como jefe de Estado. Siendo príncipe, don Felipe ya participó en las dos celebradas en España —Salamanca (2005) y Cádiz (2012)— y el año pasado viajó a Panamá ante la imposibilidad de que lo hiciera su padre, el rey Juan Carlos, convaleciente de una intervención, pero tuvo que quedarse en los márgenes de la conferencia, sin participar en sus debates. Ahora no solo estará en el retiro con los demás mandatarios —en el que hablan a puerta cerrada y sin la atadura de un orden del día—, sino que protagonizará al menos seis intervenciones públicas, tanto dentro como fuera de la cumbre.

Veracruz será también el estreno de la nueva Secretaria General Iberoamericana, la costarricense Rebeca Grynspan, que ha sustituido al veterano Enrique Iglesias. Grynspan se ha empeñado en convertir a la comunidad iberoamericana en un instrumento útil y atractivo, buscando su propio espacio. Más que otro foro de concertación política, se trata de darle un enfoque pragmático y fomentar la cooperación en campos específicos de interés común. El lema de la cumbre de Veracruz —“Educación, Innovación y Cultura”— da idea de por dónde va el futuro. Uno de sus proyectos estrella es lanzamiento de la alianza por la movilidad de talentos, que incluye a investigadores, profesores universitarios y estudiantes. También se presentará la tarjeta joven iberoamericana, que permitirá acceder a descuentos y ofertas a través de acuerdos con empresas. Algunas de estas iniciativas son todavía incipientes y requieren financiación, como el llamado Erasmus iberoamericano, cuyo objetivo es conceder becas para estudiar en universidades iberoamericanas de las que podrían beneficiarse 200.000 alumnos en cinco años. En un continente joven —donde el 25% de la población tiene entre 15 y 29 años—, mejorar su formación y facilitar oportunidades de trabajo no solo es la única garantía de desarrollo, sino también la mejor forma de afrontar los graves problemas de inseguridad. La desaparición de 43 estudiantes en Iguala, el pasado 26 de septiembre, ha sacado a la luz la connivencia entre la clase política, los cuerpos policiales y el crimen organizado y ha obligado a Peña Nieto a emprender una profunda reforma del aparato de seguridad. El Rey y el presidente español, Mariano Rajoy, acuden a Veracruz con el propósito de brindar todo su apoyo al presidente mexicano, con quien almorzarán este lunes antes de la inauguración de la cumbre. Y no solo de palabra: la Guardia Civil dará asesoramiento en formación y organización para el desarrollo de la nueva Gendarmería.

En los márgenes de la cumbre se celebrarán numerosos foros, que van consolidando la existencia de una sociedad civil iberoamericana, más allá de las citas de responsables políticos, como el Encuentro Empresarial o el Foro de Comunicación, que reúne a responsables de los principales medios de ambos lados del Atlántico, como Televisa o el Grupo Prisa.

Lo que no habrá, al contrario que en otras ediciones, será un programa de primeras damas o, más exactamente, parejas de mandatarios, lo que ha impedido a la reina Letizia acompañar a Felipe VI. Aunque por parte mexicana no se ha dado ninguna explicación, fuentes diplomáticas sospechan que querido rehuir cualquier imagen de frivolidad, especialmente tras el escándalo causado por la casa de Ángelica Rivera, esposa de Peña Nieto.

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