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México

Cárdenas deja el PRD tras su cara a cara con la actual cúpula

La crisis de la izquierda se ahonda tras el encuentro entre el fundador del partido, que anuncia su marcha, y su cuestionado presidente

Cuauhtémoc Cárdenas, en su casa en México en 2007 Ampliar foto
Cuauhtémoc Cárdenas, en su casa en México en 2007

Llegaron, se saludaron, hablaron y todo quedó como estaba, es decir, mal. El cara a cara, con luz y taquígrafos, entre el que fuera líder moral y fundador del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas, y el actual presente del partido, Carlos Navarrete, puso de manifiesto que la crisis que vampiriza a la formación hegemónica de la izquierda mexicana ha entrado en una espiral difícil de frenar. Horas después de la esperada reunión, el propio Cárdenas, creador del partido en 1989 y dos veces candidato presidencial, anunció a través de una carta que abandonaba el PRD. Aunque su peso orgánico es mínimo, su marcha deja sin un referente moral a la formación, inmersa en una virulenta crisis por haber permitido la entrada en sus filas del sanguinario alcalde de Iguala, y por su lentitud a la hora de forzar la caída del gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, un dinosaurio procedente del PRI en cuyo mandato el Estado quedó en manos del narco.

La reunión, concebida como un diálogo entre los dos políticos, vino precedida de un calentamiento previo. Cárdenas, hijo del mítico general que nacionalizó el petróleo, había pedido en una carta pública la dimisión de la actual cúpula del Partido de la Revolución Democrática (PRD), controlada por la corriente Nueva Izquierda. Esta facción, avalada recientemente en unas primarias, se distingue por su pragmatismo y su denodada búsqueda de pactos que amplíen sus esferas de poder. El principal punto de ataque contra Navarrete y su equipo era el escándalo de Iguala, pero también la supuesta dilución ideológica sufrida por el partido debido a sus alianzas electorales a derecha e izquierda y la perpetuación de prácticas clientelares.

La respuesta al órdago de Cárdenas fue la convocatoria de un cara a cara. El encuentro se celebró por la mañana en el auditorio Valentín Campa, en la Ciudad de México. A petición de Cárdenas se admitió la presencia de los medios de comunicación. El caso Iguala centró las primeras intervenciones. Navarrete entonó un inmediato mea culpa: “Nos avergüenza lo que pasó en Iguala. Nos duele que un candidato postulado por el PRD haya sido cooptado por el crimen organizado y que ahora haya 43 estudiantes desaparecidos. Nos duele lo que ocurrió, nos afecta”. El presidente pasó luego a atacar la “fracasada” política de seguridad de Peña Nieto y alertó del uso de la fuerza militar en tareas policiales.

Cárdenas quiso elevar el tiro y pidió que se centren los esfuerzos en una reconstrucción institucional del partido y del país que permitan al PRD recuperar la credibilidad perdida. En esta línea, lamentó la “ausencia” de la formación en las luchas que estos días sacuden México. Navarrete se defendió recordando la presencia del partido en diversas movilizaciones, aunque admitió que ha evitado encabezar las protestas por Iguala. En un tono tranquilo, el presidente del PRD evitó que el encuentro desembocase en un cuerpo a cuerpo y, hacia el final, lanzó un guante a Cárdenas: “En 25 años hemos tenido más coincidencias que diferencias. Este es su partido, dialoguemos; tenga seguridad de que soy el presidente de todos los perredistas y no solo de una corriente”.

El líder moral de la izquierda, sin bajar la guardia, pero sin enseñar los dientes, respondió insistiendo en la necesidad de recuperar la credibilidad. Ya acabada la “desencantada” reunión, Cárdenas advirtió que está evaluando su salida del partido. Hora después lo hizo. La crisis en el PRD no cesa. 

Cárdenas presentó a media tarde su renuncia mediante una carta al consejo nacional del PRD. En ella recuerda que está en desacuerdo en la forma en la que está dirigiendo el partido Navarrete y que ha esperado en vano que se abra un debate interno tras la carta abierta en la que criticaba a la dirección. "Ante la disyuntiva de correr el riesgo de compartir responsabilidades de decisiones tomadas por miopía o autocomplacencia, en las que ya no haya autocrítica, he preferido correr el riesgo de recibir críticas (...) y optar por decidir de acuerdo a los principios que he sostenido", escribe en lo que ha sido su forma de decir adiós.

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