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OBITUARIOS

Chen Ziming, veterano defensor de la democracia en China

Fue uno de los promotores intelectuales de las protestas de Tiananmen y sufrió la represión del Gobierno comunista durante décadas

Chen Ziming, veterano crítico del Gobierno chino al que Pekín acusó de ser una de las “manos negras” detrás del movimiento estudiantil de Tiananmen en 1989, murió en un hospital de Pekín el pasado martes a los 62 años de cáncer de páncreas, según han informado sus amigos.

“El famoso disidente y supuesta mano negra del 4 de junio, Chen Ziming, mi mentor y mi amigo, ha muerto en Pekín”, explicaba en su página de Facebook el activista Wang Dan, líder estudiantil de Tiananmen y exiliado en Taiwán, donde imparte clases en la Universidad Nacional de Tsing Hua.

Nacido en Shanghái, graduado en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Pekín y siempre muy activo políticamente, Chen fue un destacado participante de los primeros movimientos democráticos en China a finales de los setenta y principios de los ochenta, incluido el Muro de la Democracia de Xidan, en el oeste de Pekín, en el que durante 1979 se colgaron mensajes para reclamar reformas y apertura.

En 1989 dirigía la revista Economics Weekly, que defendía el libre mercado, y se encontraba al frente del Instituto de Investigación de Ciencias Sociales y Económicas, un centro de estudios de corte progresista, junto a su amigo y colaborador Wang Juntao. El Gobierno chino consideró que ambos eran los “cerebros” detrás de la iniciativa estudiantil que se concentró en la plaza pequinesa de Tiananmen para reclamar más democracia y que tuvo en jaque al régimen comunista durante más de un mes.

Tras la sangrienta represión de aquellas manifestaciones el 4 de junio de ese año, Chen fue detenido y condenado en 1991 a trece años de cárcel tras ser declarado culpable de “intento de derrocar al Gobierno” y de “diseminar propaganda contrarrevolucionaria” por su papel en las protestas. Quedó en libertad condicional en 1994 por razones médicas, en un paso que entonces se interpretó como una concesión de China para mantener su estatus de país más favorecido en sus relaciones comerciales con EE UU.

Pero al año siguiente volvió a ser detenido, tras firmar una petición para la libertad de los presos políticos, y cumplió un año más de prisión antes de volver a ser excarcelado por motivos de salud. El Gobierno comunista le mantuvo bajo arresto domiciliario hasta 2002, aunque no recuperó sus derechos políticos ni se le permitió conceder entrevistas hasta 2006. Sus libros estaban prohibidos en la China continental.

Pese a su mala salud —padeció de hepatitis y cáncer— nunca renunció al activismo ni a la crítica, “constructiva”, según puntualizaba, contra el régimen comunista chino.

Tras recibir un diagnóstico de cáncer pancreático terminal, las autoridades chinas le permitieron trasladarse el pasado enero a Boston, en EE UU, para recibir tratamiento. Chen, que a diferencia de muchos otros protagonistas de Tiananmen nunca quiso exiliarse a otro país, optó por regresar a China para morir en su suelo.

“Reconocido como un líder sobresaliente, la oposición china ha sufrido con su pérdida un duro golpe. China también pierde un gran talento”, declaraba Wang Dan.

A Chen le sobrevive su esposa, Wang Zhihong.

 

Cheng Ziming, disidente chino, en 1989. / ap