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La transición tunecina llega a las urnas sin mujeres ni jóvenes

Hombres maduros copan las listas de los partidos en las legislativas de hoy

Partidarias del partido Ennahda, el viernes en Túnez Ampliar foto
Partidarias del partido Ennahda, el viernes en Túnez

Cierre de campaña en la avenida Habib Burguiba, en los míticos campos elíseos de la capital de Túnez. Convoca Ennahda, el partido islamista moderado que ha dominado el juego político del país tras la caída del dictador Zin el Abidin Ben Alí en enero de 2011. Mitinea micrófono en mano durante horas el histórico patrón, Rached Ghanuchi, de 73 años. En el escenario le acompañan, sentados, 50 candidatos, la mitad mujeres, todas con velo menos una. Cuando se cansa, avanzada la noche, pregunta si algún compañero quiere intervenir y sale otro orador masculino. Al frente del otro gran partido rival en las cruciales elecciones generales de este domingo en Túnez, el laico Nida Tunes, está el histórico Caid Essebsi, que tendrá 88 años para las presidenciales del 23 de noviembre. Casi media docena de pretendientes a ese trono superan los 80 años.

Hay pocas mujeres y jóvenes en las 1.327 listas a concurso en estas generales y, menos aún, al mando de los casi 80 partidos en disputa. Las mujeres y los jóvenes fueron los impulsores principales de la llamada revolución de los jazmines que logró acabar en Túnez en 2011 con 23 años de la tiranía de Ben Ali.

La transición de Túnez, esa “revolución inacabada, no terminada y hasta secuestrada” que triunfa entre los estudiosos en los escaparates de las librerías, ha relegado al final del proceso a las mujeres y los jóvenes, que son por censo la mayoría del país.

Túnez tiene unos 11 millones de habitantes. Solo 5,2 se han inscrito para votar este domingo y los sondeos prevén que un 40% de ellos aún no saben muy bien a quién. La gestión de esa inhibición, de esa desgana provocada por la frustrante gestión en el día a día del actual Gobierno, condicionará sin duda los resultados.

La Constitución renovada, aprobada en enero pasado y la primera surgida de un país de la primavera árabe, fijó la obligación de la paridad en la participación (50%) de las mujeres pero en la realidad apenas el 12% son cabezas de lista, y no de los partidos importantes. Entre los 27 candidatos ya inscritos para las presidenciales solo hay una mujer, Emna Mansur Karui. Los colectivos feministas reclaman la imposición de una paridad vertical.

Un estudio del Foro Social Mundial retrata que aunque las mujeres son el 50,5% de la población y 5.600 participan en política, solo el 7,85% están en el Gobierno y el 6% ocupan puestos de decisión. El 63% tiene el bachillerato pero un 43% de las que terminaron la enseñanza superior está en paro. El panorama de los jóvenes no es mejor. Un trabajo del Banco Mundial con el Centro de Integración en el Mediterráneo encontró la explicación a su “escaso interés actual por la política” en que el 33% de los que tienen entre 15 y 29 años no tienen educación ni empleo ni buena formación.

Rami Esgaier, uno de los líderes juveniles de aquellas revueltas, concluye ahora, con 28 años, que entonces se echaron a la calle espontáneamente, hartos, pero luego ni ellos supieron organizarse en una formación estructurada ni los partidos clásicos se han ocupado de sus problemas reales.