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El Ejército libio arropa al general golpista para “liberar” Bengasi

Las tropas del militar rebelde Hifter se alían con la armada frente a las milicias islamistas

Bengasi, el 15 de octubre Ampliar foto
Bengasi, el 15 de octubre AP

Anunciado primero por la televisión y ejecutado luego en el campo de batalla. El martes por la noche el general Jalifa Hifter, que lanzó en mayo pasado en Libia la denominada Operación Dignidad para acabar con los islamistas entonces influyentes en el Parlamento y con el control miliciano de varias ciudades, apareció en un canal y advirtió de que se disponía a “liberar” Bengasi, la segunda ciudad del país, en las próximas horas. Este miércoles, los ataques se sucedieron, sobre todo en la zona del aeropuerto, tomada desde hace meses, y contaron como novedad con el apoyo de algunas unidades, incluso aéreas, del Ejército oficial; aún con muy poca autoridad y poder real sobre el terreno.

El general, al que se presupone el apoyo de Estados Unidos y hasta de la CIA, ya avisó en su discurso: “Vienen unos días y horas difíciles para los libios, pero no hay otra alternativa”. El primer balance de esta nueva ofensiva habla de unos 12 muertos y una decena de heridos. Pero serán muchos más. La situación en Bengasi es de caos y miedo desde hace meses, cuando las milicias islamistas de Ansar al Sharia se hicieron fuertes allí y dominaron su aeropuerto. El general Hifter ha instalado su cuartel general en ese área casi como un símbolo de su hipotético poder para reconquistar el orden en todo el país, pero no lo acaba de lograr nunca del todo.

En su alocución, el militar, que en su día fue un alto cargo de la dictadura de Muamar el Gadafi y luego le abandonó y se marchó 20 años al exilio en Washington, pidió su colaboración a los libios en la nueva tanda de ataques. Algunos observadores comprobaron este miércoles en Bengasi que junto a soldados del Ejército y partidarios de Hifter también se encontraban grupos de jóvenes armados, hartos de las actuaciones y los desmanes de las milicias islamistas durante estos meses.

El desorden en Bengasi se ha extendido desde hace meses a la capital, Trípolí, donde han tomado posiciones milicias armadas de la región de Misrata, que a su vez han mostrado su apoyo a los diputados salientes del Congreso General Nacional. Ese Congreso, muy influido por fuerzas islamistas, perdió vigencia en teoría tras las elecciones del pasado 25 de junio, de las que salió un nuevo Parlamento y finalmente un Gobierno más liberal que, sin embargo, se tuvo que exiliar de la capital a la localidad de Tobruk, a 1.400 kilómetros.

Ese Gobierno y ese nuevo Congreso son los reconocidos internacionalmente y a los que respaldó en su reciente visita al país el secretario general de la ONU, Ban ki-Moon, y su enviado especial en Libia, el español Bernardino León, que están promoviendo una vía de diálogo entre todos los partidos y diferentes partes implicadas.