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Un ataque con el sello de Al Qaeda eleva la tensión sectaria en Yemen

El atentado suicida golpea a los rebeldes huthis que controlan la capital

Chiíes huthis trasladan a los heridos en un ataque suicida el 9 de octubre en Sanaa / Foto y vídeo de Reuters

Medio centenar de personas, incluidos cuatro niños, han muerto en la mañana de este jueves cuando un terrorista suicida se ha hecho estallar en el centro de Saná, la capital de Yemen. El atentado, con la marca de Al Qaeda, se dirigía contra una concentración de simpatizantes de los insurgentes huthis. Desde que el mes pasado tomaron Saná, esos rebeldes mantienen virtualmente rehén al Gobierno y han hecho añicos la frágil transición política en marcha. Una guerra abierta entre Al Qaeda y los huthis terminaría de hundir el país en el caos.

Las imágenes de televisión mostraban los cuerpos de las víctimas esparcidos en la plaza de Tahrir, el corazón de la capital. El último comunicado del Ministerio de Sanidad hablaba de 47 muertos y 75 heridos, según la agencia estatal Saba, pero la gravedad de algunos hospitalizados hace temer que aumenten los fallecidos. Saná no vivía escenas similares desde 2012, cuando Al Qaeda mató a un centenar de soldados en un ataque similar.

Cronología de la insurgencia huthi en Yemen

  • 2004. El clérigo disidente Husein Badreddin al Huthi lanza una insurrección contra el Gobierno yemení para protestar contra la discriminación de los chiíes zaidíes: meses después acepta un alto el fuego.
  • 2005 a 2009. Se producen sucesivos estallidos de violencia contra el poder central que son sumariamente aplastados. Los enfrentamientos se concentran en la provincia de Saada
  • 2011. Los huthis se unen a las protestas de la primavera árabe. Establecen su propia administración en Saada y extienden su influencia a las provincias vecinas.
  • 2012. A falta de respuesta oficial, las milicias del partido Islah (suníes) y tribus afines toman en sus manos la contención de los huthis.
  • Septiembre de 2014. Los milicianos huthis se hacen con el control de Saná.

El atentado se ha producido pocas horas después de que el presidente yemení, Abd Rabbo Mansur Hadi, aceptara la dimisión del primer ministro que nombró el pasado martes. Ahmed Awad Ben Mubarak fue inmediatamente rechazado por los huthis, que se han convertido en uno de los principales actores políticos desde que el 21 de septiembre tomaron la capital y amenazaban con una manifestación monstruo. Al dar curso a la renuncia de Ben Mubarak, el presidente Hadi esperaba su desconvocatoria. Los simpatizantes del grupo que se concentraban en la plaza de Tahrir posiblemente aún no se habían enterado de la noticia.

Los milicianos de Ansarullah, o Partidarios de Alá, son más conocidos como huthis por el nombre del clan que inició (y aún dirige) su insurrección a mediados de la década pasada. Inicialmente se levantaron en armas en defensa de la comunidad chií zaidí, a la que pertenece un tercio de los 26 millones de yemeníes, frente a la discriminación socioeconómica y el ascenso del extremismo suní. Después de varios años de combates intermitentes contra las fuerzas gubernamentales, alcanzaron un alto el fuego en 2010. Al año siguiente se mostraron muy activos en la revuelta popular que terminaría por derribar a Ali Abdalá Saleh, el hombre que dirigió los destinos de Yemen durante 33 años.

Hasta que a mediados de septiembre, desencantados con la transición política en marcha y después de semanas de protestas, tomaron Saná sin apenas resistencia. Sólo les presentaron batalla los milicianos del Partido Islah (suní, próximo a los Hermanos Musulmanes) y un batallón al mando del general Ali Mohsen (que tras ser la mano derecha de Saleh en 2011 se pasó a la oposición). En apenas cuatro días se hicieron no sólo con la sede de la televisión estatal, el Banco Central o los ministerios, sino también con los principales cuarteles.

Capitalizaron sin duda el malestar popular por la falta de resultados tangibles del proceso político y, sobre todo, por la subida de los precios de los carburantes, en un país en el que la mitad de la población vive en la miseria. Sin embargo, su rápido control de los centros militares ha desatado todo tipo de especulaciones sobre el supuesto apoyo del ex presidente Saleh, quien vería en el caos una oportunidad de regresar al poder, e incluso sobre un pacto con Arabia Saudí para frenar el ascenso de los Hermanos Musulmanes. Como las acusaciones de que reciben ayuda de Irán, nada está probado, pero su pulso ha vuelto a poner a Yemen al borde del caos.

Su toma de la capital desató las alarmas de sus vecinos, sobre todo Arabia Saudí, que siempre ha querido tener Yemen a raya. De inmediato, hubo una movilización diplomática para conseguir un “acuerdo de paz” que se firmó dos días más tarde bajo el patrocinio de la ONU. Entra las condiciones pactadas, la formación de un nuevo Gobierno que contara con la aprobación de los huthis. Sin embargo, los milicianos se negaron a retirarse.

Más allá de la falta de tacto al elegir como primer ministro a un hombre sin suficiente respaldo, la marcha atrás de Hadi constituye un nuevo gesto de debilidad ante Abdel Malek al Huthi, el líder de Ansarullah. Con anterioridad, ya accedió a su petición de anular el aumento en el precio de los carburantes, e incluso admitió hacer un gesto de reconocimiento al Gobierno de Saleh. El presidente, que nunca ha tenido control sobre la mayor parte del territorio, ha perdido también el de la capital. Ahora el peligro es que Al Qaeda cumpla su amenaza contra los huthis, convirtiendo en sectario un enfrentamiento que no lo era. 

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