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Las tensiones entre Estados Unidos e Israel, querellas de familia

Los desencuentros por la ofensiva sobre la Franja no alteran la relación de Washington con su aliado en Oriente Próximo

La Cúpula de Hierro, el sistema antimisiles israelí financiado por EE UU, intercepta un cohete procedente de Gaza, el 13 agosto
La Cúpula de Hierro, el sistema antimisiles israelí financiado por EE UU, intercepta un cohete procedente de Gaza, el 13 agosto REUTERS

Era el peor momento en la guerra en Gaza y los líderes de organizaciones judías de Estados Unidos se reunieron en un salón del National Press Club, el añejo club de los periodistas en Washington.

No estaban contentos. Las imágenes de civiles muertos y destrozos en territorio palestino ocupaban las portadas de la prensa. Los reparos de la Casa Blanca y el Departamento de Estado empezaban a escucharse.

“No más presión sobre Israel para hacer lo que no crea que es en su mejor interés. Sólo Israel debe tomar estas decisiones”, dijo Malcolm Hoenlein, vicepresidente ejecutivo de la Conferencia de Presidentes de las organizaciones judías. Entre los asistentes, miembros del Congreso y de la Administración Obama.

“La proporcionalidad es irracional”, continuó Hoenlein. “Los americanos mataron tres civiles por cada terrorista en Afganistán. Sabemos qué ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial. Nadie tiene que decirle a Israel que se contenga”.

La operación militar israelí sobre Gaza, que comenzó el 8 de julio, ha enrarecido las relaciones entre la Administración Obama y el Gobierno israelí, reacio a dejarse aleccionar sobre cómo responder a los ataques de la organización Hamás, que controla Gaza.

Los desencuentros se han sucedido durante estas semanas. En Israel se acusó al secretario de Estado, John Kerry, de complicidad con sus enemigos por proponer una negociación con Turquía y Qatar, próximos a Hamás. El Gobierno israelí ha esquivado a la Casa Blanca para pedir ayuda militar directamente al Pentágono y al Congreso, según The Wall Street Journal, y la Casa Blanca ha frenado la entrega de misiles Hellfire. El 3 de agosto, una portavoz de la Administración Obama dijo que EE UU estaba “horrorizado” por el bombardeo de una escuela de la ONU en Gaza. Era el tercer ataque contra una escuela-refugio.

Las tensiones se parecen más a una querella familiar que a una crisis duradera: lo que une a ambos países, en intereses y valores, supera con creces las diferencias. La alianza no corre peligro. “No lo creo”, responde Peter Beinart, autor de La crisis del sionismo, a la pregunta de si Gaza ha cambiado algo en la política de la Administración Obama hacia Israel. “Quizá haya ahondado una cierta hostilidad, o desconfianza entre [el primer ministro israelí Benjamín] Netanyahu y Obama”, añade. “Pero esto ha existido desde el principio, aunque quizá esta crisis lo haya exacerbado o sacado a flote de nuevo. Pero esto se remonta a la Administración Clinton, que tuvo una relación muy difícil con Netanyahu”.

Beinart, una de las voces críticas con Netanyahu en el sionismo norteamericano, recuerda que, durante la invasión del Líbano, a principios de los años ochenta, el republicano Ronald Reagan fue más duro con Israel que el demócrata Obama ahora. “Hay una historia de presidentes americanos irritados con Israel”, dice Beinart.

“A pesar de las tensiones con el primer ministro israelí Netanyahu, las politicas de Obama no son demasiado diferentes de las de Clinton o Bush”, dice Stephen Walt, profesor de relaciones internacionales en Harvard y coautor del ensayo El lobby de Israel y la política exterior de EE UU. “Los tres presidentes favorecieron una solución de dos Estados y los tres realizaron algún esfuerzo en este sentido. Pero ninguno ha presionado en serio a Israel para permitir que los palestinos tengan su propio Estado, y sin duda ninguno ha amenazado con condicionar el apoyo de EE UU a acabar la ocupación”.

Israel es el país que más ayuda externa ha recibido de EE UU desde la Segunda Guerra Mundial, según datos del Servicio de Información del Congreso.

No hay cambios visibles en la relación, pero sí una “evolución lenta”, según Beinart, que se refleja en una cobertura más crítica en la prensa y una mayor polarización sobre Israel. Un 42% de norteamericanos cree justificadas las acciones de Israel contra Hamás y un 39% las cree injustificadas, según un sondeo de Gallup publicado en junio. Pero el apoyo se invierte si se pregunta a los votantes demócratas, a la población no blanca y a los jóvenes de entre 18 y 29 años.

El cambio no se traslada al Congreso, que respalda, con pocas voces disidentes, el apoyo incondicional a Israel. “En política americana, las personas que más se preocupan por un tema tienden a involucrarse de forma más activa: gastan la mayor parte del dinero y trabajan más duro para que los políticos hagan lo que ellos quieren”, dice Walt. Grupos como la AIPAC —el lobby proisraelí— han logrado una influencia transversal, entre demócratas y republicanos.

“Israel seguirá desmintiendo las mentiras y adoptando las medidas necesarias para defender a su pueblo”, dijo, en la reunión de líderes judíos en Washington, Ron Dermer, el embajador israelí en EE UU. “Sabemos que tenemos el apoyo de los líderes de América y del pueblo americano”.