Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Aún falta la excomunión civil

El escritor que mejor conoce el crimen organizado analiza el mensaje del Papa contra la Mafia

Santuario de Polsi, lugar de reunión de la Mafia calabresa.
Santuario de Polsi, lugar de reunión de la Mafia calabresa.Cristóbal Manuel

Los miembros de la ‘ndrina [célula de la Mafia calabresa] presos en la cárcel de Larino han decidido no participar más en la misa. Desde hace semanas llevan a cabo una especie de huelga religiosa. Después de la excomunión declarada por el papa Francisco, para los presos es inútil —han dicho al capellán don Marco— ir a misa ya que han sido excluidos del sacramento. El inesperado anatema de Bergoglio ha entrado con fuerza incluso en las cárceles que acogen a los miembros de la ‘Ndrangheta.

La mayoría ha interpretado la excomunión como un movimiento teológico, una operación moral ideada más por principios que por una oposición real a las organizaciones criminales. Un gesto moral que podría ser importante para dar una nueva dirección a la Iglesia, pero que difícilmente podrá incidir en los comportamientos de los padrinos, los affiliados, de los integrantes de la Mafia. ¿Qué daño hará a un capo una condena metafísica que no tiene esposas, no tiene incautación de bienes, no tiene cadena perpetua. Una condena que simplemente excluye espiritualmente de la comunidad cristiana y de sus sacramentos?

De preguntas como estas nacía la desconfianza de aquellos que temían que la postura del Papa contra los clanes fuera inútil. Un gesto bonito, noble, pero inocuo. Pero no ha sido así, como prueba la protesta de los 200 presos. Es un gesto único en la historia criminal que no significa en absoluto aquello que podría parecer en una primera lectura: o sea, una simple consecuencia de la excomunión. Cuando se trata de organizaciones mafiosas, cada acción, cada palabra, cada gesto debe ser leído más allá de su significado simple y elemental. Debe ser insertado en la compleja gramática simbólica que es la comunicación de los clanes.

La negativa de ir a misa de los presos de la ‘Ndrangheta es un gesto para confirmar desde las celdas su fidelidad

Esta huelga de misas no va dirigida a los sacerdotes, a la dirección de la cárcel, ni mucho menos al Papa. Esta huelga no quiere decir: “El Papa nos ha quitado el carné de cristianos, no podemos seguir el camino de la misa y de la comunión”. Porque esto es falso. El papa Francisco en su viaje a Calabria ha hecho un gesto comunicativamente genial, ha ido a encontrarse con los detenidos en la cárcel de Castrovillari y les ha dicho: “También yo me equivoco, también yo necesito perdón”. En esta frase está la verdadera fuerza de su declaración de excomunión. No es contra el preso encarcelado por pertenecer a la organización, es contra la organización. La excomunión no es al asesino, al extorsionador, al alcalde corrupto, al juez turbio, al capo; la excomunión es contra quien continúa sosteniendo la organización. La excomunión es para el asesinato, la extorsión, el soborno, la corrupción, la práctica mafiosa. 

La de los reclusos no es una protesta contra la Iglesia que ha abandonado, en contradicción con el Evangelio (“estaba preso y habéis venido a encontrarme”), el consuelo a los detenidos. Es un manifiesto, una declaración de obediencia a la Ndrangheta, la reconfirmación del juramento de fidelidad a la Santa. Esta huelga es un gesto dirigido a la organización mafiosa. Acudir a misa tras la excomunión podría haber puesto a los presos bajo la sospecha del camino de la traición, la senda del arrepentimiento que Francisco les ha indicado.

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Subrayan: “Estamos excomulgados por ser de la ‘Ndrangheta, y no debemos dejar escapar ninguna ocasión para confirmar desde las celdas nuestra fidelidad”. Se hace huelga de misas para declarar que todavía son hombres de honor y no provocar sospecha alguna de distanciamiento a las reglas de la honorable sociedad. Cuando se comprometen con la estampita de san Miguel Ángel lo hacen con las manos unidas y abiertas con forma de copa y las palabras que pronuncian son definitivas: “En el nombre de nuestro Señor Jesucristo juro ante esta sociedad ser fiel a mis compañeros y renegar de mi padre, de mi madre, de mis hermanas y hermanos y, si es necesario, hasta de mi propia sangre”.

La excomunión del papa Francisco está convirtiéndose en un modo de poner de relieve los inaccesibles blindajes que aíslan los códigos mafiosos de los del resto de la sociedad civil. Es necesario insistir ahí y actuar, aislar aquellas partes de la Iglesia soldadas a la cultura mafiosa que todavía resisten, como demuestra lo que sucedió el domingo en Oppido Mamertina, en Calabria, donde una procesión rindió homenaje a don Giuseppe Mazzagatti al pasar por su casa. Una reverencia debida para no alterar a un viejo jefe que todavía da importancia (respecto a las jóvenes generaciones) al viejo rito y que —como muchos han dejado caer— financia desde hace décadas las fiestas patronales y las iniciativas religiosas en su territorio.

En la Italia de la crisis los símbolos cuentan como algo real, como sustancia, no son un adorno superficial. A la excomunión religiosa debe seguirle una excomunión civil absoluta, que permita la exclusión del mecanismo mafioso de las dinámicas cotidianas, económicas, sociales. Una exclusión verdadera, radical, definitiva.

© 2014, Roberto Saviano. ZeroZeroZero, de Roberto Saviano, ha sido publicado por Anagrama.

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