El petróleo vuelve a fluir de Libia

El Gobierno recupera dos puertos en el este tras un acuerdo con los rebeldes

Crisis del petróleo en Libia.

Libia tenía más que inquieto y preocupado al mercado mundial del petróleo, por sus convulsiones internas, la violencia descontrolada y la falta de autoridad política y de seguridad, pero un acuerdo en las últimas horas entre su Gobierno interino y los rebeldes que habían tomado hace casi un año los principales puertos petrolíferos de la costa este ha reabierto todas las expectativas. El pacto —sellado en secreto y con concesiones políticas para la región de la Cirenaica— podría permitir al país, cuando estas terminales funcionen a pleno rendimiento, exportar 500.000 barriles más. Pasaría así de los actuales 300.000 a unos 800.000; lejos aún del millón y medio que se generaba en 2011 antes de la caída del dictador Muamar el Gadafi.

El Gobierno en funciones en Libia, que celebró sus segundas elecciones legislativas tras el régimen de Gadafi el pasado 25 de junio, quiso darle toda la pompa y oficialidad posible al acuerdo negociado y cerrado este pasado miércoles con los rebeldes. Las conversaciones habían empezado hace meses, y de hecho en abril se anunció con el mismo énfasis otro primer contacto que permitió reabrir dos pozos petrolíferos menores en Zueitina y Hariga.

El pacto desbloquea la exportación de unos 500.000 barriles diarios

Luego llegaron tres meses de caos, descontrol político, tres primeros ministros disputándose sucesivamente el puesto y la precipitada convocatoria con las urnas, de la que no se sabe aún qué panorama saldrá porque no se conocerán los resultados en varias semanas. Hasta el líder de los milicianos del golfo de Sirte, Ibrahim Jadhran, ha admitido ahora que en esas condiciones no podía creer en las promesas de concesiones políticas más federalistas que le hacía el prorrogado Consejo Nacional de Transición (el teórico Parlamento) porque, además, lo consideraba tomado y demasiado influido por las opciones islamistas que él combate.

Pero ahora las terminales que se pondrán en marcha sí son las fundamentales, las de Ras Lanuf (con posibilidad de producir 200.000 barriles al día) y Sidra (unos 350.000), las de mayor capacidad del país. El propio primer ministro aún en ejercicio, Abdullah Al-Thinni, acudió con varios ministros de su gabinete hasta Ras Lanuf para celebrar una especie de ceremonia "del final de la crisis del petróleo". El portavoz de las fuerzas federalistas de la Cirenaica, Ali Al-Hassi, anunció tras el evento que los puertos volverían a retomar su producción hoy mismo. El mercado mundial de petróleo acogió la noticia con bajas significativas en Londres y Nueva York, sobre todo ante el panorama que se cierne sobre Irak.

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"Entregamos estos puertos como un gesto de buena voluntad después de la elección de la Cámara de Representantes que se espera conduzca al país en mejores circunstancias", concedió este miércoles en Ras Lanuf el cabecilla rebelde, que hasta el verano pasado trabajaba como responsable de las empresas de seguridad que vigilaban teóricamente estas estratégicas plazas petrolíferas. En agosto tomó con sus hombres armados esas instalaciones, en las que consiguió bloquear el paso y la producción a su antojo durante estos últimos 11 meses. El líder rebelde asegura reclamar más autonomía política para esa histórica región y también que se queden en la zona más recursos de los que generan, además de acusar al actual Parlamento de estar corrompido y dirigido por islamistas próximos a los Hermanos Musulmanes.

El primer ministro, por su parte, ensalzó haber logrado esta solución sin más violencia. El secretario del gabinete anunció, asimismo, que el presidente había ya dado instrucciones al responsable de la empresa que gestiona la seguridad de las instalaciones petrolíferas del país, Ali Al-Ahrash, para que haga un plan de protección de los puertos que evite que estas situaciones se repitan en el futuro. El país, en cualquier caso, sigue siendo un polvorín, porque hay un descontrol total de las armas, de las tribus, las guerrillas y un general golpista, Jalifa Hifter, que tiene cercados a otros rebeldes islamistas que dominan en la zona de Bengasi, la segunda ciudad libia.

Uno de los puntos secretos del pacto logrado es sustituir al actual responsable del departamento de seguridad de la compañía estatal de petróleo, Idris Buhamada, y cambiar su sede central a Breda, en esa región. Un portavoz de los rebeldes aclaró, además, que el Gobierno había ya procedido a pagar a la mayoría de sus componentes las pagas y nóminas pendientes que reivindicaban por haber pertenecido en su día a las empresas de seguridad de los pozos en los que trabajaban antes de convertirse en milicianos.

Sobre la firma

Javier Casqueiro

Es corresponsal político de EL PAÍS, donde lleva más de 30 años especializado en este tipo de información con distintas responsabilidades. Fue corresponsal diplomático, vivió en Washington y Rabat, se encargó del área Nacional en Cuatro y CNN+. Y en la prehistoria trabajó seis años en La Voz de Galicia. Colabora en tertulias de radio y televisión.

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