Obama prepara la retirada de Afganistán con una visita sorpresa a las tropas

El presidente de EE UU explicará su doctrina en política exterior tras poner fin a más de una década de guerras. La mala gestión en los hospitales de veteranos sobrevoló el viaje a Bagram

Obama con las tropas norteamericanas en la base de Bagram, en Afganistán
Obama con las tropas norteamericanas en la base de Bagram, en AfganistánJONATHAN ERNST (REUTERS)

El presidente Barack Obama, que en Washington afronta problemas por la gestión deficiente de los hospitales para excombatientes, ha viajado este domingo por sorpresa a Afganistán para reunirse con las tropas norteamericanas. El viaje —el cuarto del presidente al país centroasiático desde que llegó a la Casa Blanca y el primero desde 2012— llega unos meses antes de que EE UU retire sus tropas de combate después de una intervención que empezó hace trece años y que terminará sin que la primera potencia pueda declarar victoria.

El pretexto de la visita es la celebración el lunes del Memorial Day, el día en que en EE UU se conmemora a los hombres y mujeres muertos durante el servicio militar. Llega en vísperas de un discurso, el miércoles, en el que el presidente quiere presentar su doctrina en política exterior, marcada por el repligue militar tras una década de guerras y por las reticencias en embarcarse de forma unilateral en más conflictos.

“Después de una década de guerra, nos encontramos en un punto de inflexión”, dijo Obama ante las tropas.

El marco del discurso del miércoles, la academia militar de West Point (Nueva York), es el mismo del discurso en el que, en 2009, el presidente anunció un plan que consistía en una escalada militar —hasta 100.000 soldados y marines—y el posterior repliegue, ahora a punto de concluir. Esta vez, el discurso buscará definir una vía intermedia entre el intervencionismo y el aislacionismo.

El comandante en jefe aprovecha 'Memorial day', cuando se conmemora a los caídos, para dar las gracias a los tropas por su servicio

El Air Force One, el avión en el que viaja el presidente, aterrizó al anochecer en la base aérea de Bagram, cerca de la capital, Kabul. Obama habló ante una parte de los 32.800 militares nortramericanos desplegados en Afganistán. Pasó una hora y media saludando a los soldados y posando en fotos con ellos. Después visitó a heridos de guerra en un hospital. El cantante de country Brad Paisley voló junto a la comitiva y actuó antes el discurso. Cuatro horas después de aterrizar, el Air Force One despegaba de nuevo.

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Durante el vuelo, de trece horas, el viceconsejero de seguridad nacional Ben Rhodes explicó a los periodistas que el objetivo de la visita era “agradecer a las tropas americanas y a los civiles su servicio”, según el informe de uno de los periodistas que viajan en el Air Force One. Acompañan a Obama, además de Rhodes, la consejera de seguridad nacional, Susan Rice, y el asesor presidencial John Podesta. En Bagram el presidente se reunió con el embajador de EE UU, James Cunningham y el comandante de las fuerzas norteamericanas en Afganistán, el general Joseph Dunford. En la agenda no figura ninguna reunión ni con el presidente afgano, Hamid Karzai, ni con ninguno de los candidatos a sucederle, Abdulá Abdulá y Ashraf Ghani. La segunda vuelta de las elecciones se celebrará el 14 de junio.

La Casa Blanca intentó concertar una entrevista con Karzai. En un comunicado, la presidencia de Afganistán dijo que el jefe de Estado estaba dispuesto a recibir, "de acuerdo con las tradiciones afganas", pero no en una base aérea sino en Kabul. Karzain fuel hombre de Washington cuando EE UU expulsó a los talibanes del poder, en 2001, pero con los años las relaciones se han deteriorado. Más de dos mil miembros de las fuerzas armadas norteamericanas han muerto desde el inicio de la guerra.

Otro objetivo del viaje es recabar información para decidir cuál será la presencia militar de EE UU a partir de 2015, cuando oficialmente haya terminado la misión de combate. EE UU y Afganistán no han firmado todavía el acuerdo de seguridad que debe regular esta presencia, destinada a la formar a las fuerzas armadas afganas y participar en operaciones antiterroristas. Karzai se opone a una presencia duradera de las tropas de EE UU en su país. Obama confía en que el próximo presidente afgano negocio el acuerdo.

“La guerra de Afganistán terminará de manera responsable”, prometió Obama a las tropas. El presidente admitió que Afganistán “todavía es un lugar muy peligroso”, pero señaló avances en términos de “afganos que recuperan el control de sus comunidades, niñas que van a la escuela y aumento de la esperanza de vida”.

La visita dejó imágenes de Obama rodeado hombres y mujeres uniformados en un momento delicado para el Departamento de Asuntos de Veteranos, responsable de los excombatientes y exmilitares en EE UU. El presidente anunció esta semana varias investigaciones por los retrasos en las listas de espera y la mala praxis en varios hospitales de veteranos.

El fin de las guerras que comenzaron tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 ha dejado paso a otros problemas, como la adaptación a la vida civil de los veteranos que regresan a EE UU y las secuelas físcias y psíquicas de los excombatientes. También obliga a la Administración Obama a reformular la visión de la política exterior. En Siria, Ucrania o la región Asia-Pacífico, la influencia de Washington está en cuestión.

En el discurso de West Point, Obama intentará “buscar un equilibrio entre no hacer más de lo que podemos, como ocurrió en Iraq, y garantizar que lideramos coaliciones de naciones”, anticipó Rhodes.

El viaje de Afganistán es el primer acto de dos semanas en las que el presidente de EE UU se concentrará en la política exterior. Después de hablar en West Point, Obama viajará la semana próxima a Polonia, Bruselas y Normandía, donde conmemorará el septuagésimo aniversario del desembarco aliado en las playas de esta región francesa, que supuso el inicio del fin del dominio de Hitler en Europa y el último gran momento glorioso del intervencionismo norteamericano.

Sobre la firma

Marc Bassets

Es corresponsal de EL PAÍS en París y antes lo fue en Washington. Se incorporó a este diario en 2014 después de haber trabajado para 'La Vanguardia' en Bruselas, Berlín, Nueva York y Washington. Es autor del libro 'Otoño americano' (editorial Elba, 2017).

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