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Laura Chinchilla da su alegato final

La primera mujer en gobernar Costa Rica cierra su crispado cuatrienio, con la seguridad como su mayor logro

Laura Chinchilla con Luis Guillermo Solís.
Laura Chinchilla con Luis Guillermo Solís. REUTERS

La mujer que rompió hace cuatro años con el monopolio masculino del poder presidencial en Costa Rica, Laura Chinchilla, ha cumplido este miércoles su última jornada como gobernante. Al mismo tiempo, una huelga general de maestros ocupaba las calles para exigir salarios atrasados y ella intentaba convencer por última vez a la opinión pública de que su gestión no ha decepcionado tanto como lo han reflejado los medios de comunicación, con los que además ha terminado en bronca.

Con estadísticas económicas apenas en negro, un déficit fiscal en rojo y sin haber reducido el 20% de pobreza que arrastra Costa Rica desde hace más de una década, Chinchilla exhibe como su mayor logro la restitución de la sensación de seguridad ciudadana, un mérito que le reconoce el mandatario entrante, Luis Guillermo Solís, al nombrar como ministro del sector a Celso Gamboa, miembro del gobierno saliente.

A la mejoría en la percepción de seguridad ciudadana, basada en la reducción de algunos índices de criminalidad, Chinchilla le suma la instalación de una red nacional de centros de cuidado infantil y el mantenimiento de la inflación por debajo de un 5%. Además, la estabilización de la crisis financiera e institucional de la Caja del Seguro Social (CCSS), la entidad autónoma más grande del país, a cargo del amplio sistema de sanidad pública que, aunque en deterioro, es motivo de orgullo para los costarricenses.

En la lista negativa de Chinchilla sobresale su incapacidad para lograr obras públicas significativas, sobre todo en materia vial

Los logros son más, según el trabajo de propaganda desplegado por Chinchilla y sus ministros en los últimos días, pero la población no los reconoce por culpa de los medios de comunicación, según opinión de ella y la de sus ministros. Este es el argumento de la presidenta, cuyo mandato abundó en conflictos de manejo político o errores de comunicación, como prefiere llamarlos. Uno de ellos, el que ella reconoce como gazapo, el viaje a Perú (2013) en un avión propiedad de una empresa ligada a un empresario colombiano cuestionado en el pasado por lavado de dinero. Por ese episodio perdió el cargo su ministro de Comunicación, el jefe de la Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS) y hasta la asistente personal de la mandataria. Su círculo de confianza se fue cerrando y quedó en poco más que su familia, involucrada de manera parcial en tareas alrededor de la presidenta. Excolaboradores suyos dicen que nunca supo delegar ni vencer las indecisiones internas.

El equipo en mínimos

Le ofrecieron llevar un brujo al despacho presidencial para limpiarlo de malas vibras, pero ella no aceptó

Chinchilla acaba con seis ministros de los 23 que comenzaron sus cargos en mayo de 2010, cuando esta politóloga se colocó la banda presidencial con una fuerte promesa de diálogo. Esta, sin embargo, se incumplió desde el principio con su antecesor e impulsor a la Presidencia, Óscar Arias (“Este ha sido el peor gobierno desde la llegada del conquistador Juan de Cavallón”, dijo en una entrevista reciente) y con la dirigencia del Partido Liberación Nacional (PLN) que la llevó al poder. Era la primera vez que una mujer asumía el mando del Ejecutivo, aunque sectores feministas se quejan ahora de que su conducta tradicional no marcó ninguna diferencia frente a los expresidentes varones.

Para Chinchilla, ser mujer le ha permitido una empatía con niños y ancianos excepcional frente a las amplias críticas que hicieron de este gobierno el más impopular en 20 años. El “machismo” ha sido el factor de muchas de esas críticas, según sus defensores. Su último informe de labores formal, leído este 1° de mayo ante el Congreso agregó más “culpables”: los diputados que no pudieron aprobar un plan de reforma fiscal en 2012, desastres naturales y, sobre todo, el gobernante vecino Daniel Ortega, con quien convivió en permanente conflicto en estos cuatro años, por la denunciada invasión a una isla en la frontera en la costa Caribe, ahora objeto de litigio en la Corte Internacional de Justicia (CIJ).

En la lista negativa de Chinchilla sobresale su incapacidad para lograr obras públicas significativas, sobre todo en materia vial. Varios proyectos reconcesión quedaron varados por cuestionamientos legales, de conveniencia o sospechas de corrupción, incluso en obras avaladas inicialmente por la población. Es este el caso de “la trocha”, como se le conoce a una carretera nueva paralela a una parte de la línea fronteriza con Nicaragua, con el objetivo de convertirla en una ruta de defensa ante las “intenciones expansionistas” del gobierno de Ortega.

Un adiós con huelga

Las protestas callejeras abundaron en el cuatrienio. La primera la enfrentó el mismo día de asumir el poder y la última aún no acaba. Una masiva huelga de maestros, por atraso en el pago de salarios, es el broche final de la gestión de uno de los ministros mejor reputados, Leonardo Garnier, quien cumplió año años a cargo de Educación Pública, otro de los sectores que suele enorgullecer a los costarricenses.

Otros sectores tampoco están contentos, pues las calles no le son familiares. El empresariado se queja de la falta de condiciones que permitan ser competitivos frente a otros países, sobre todo ante la vecina Panamá. El precio de la energía, la burocracia y el lento desarrollo de la infraestructura son quejas que el gobierno de Chinchilla no logró aplacar. Para peores, sobrevino el anuncio de la transnacional Intel (símbolo del modelo productivo de los últimos 20 años) de cerrar aquí su planta productora y despedir 1.500 trabajadores calificados. Las razones dadas se centraron en factores de mercado internacional y logística corporativa, pero en el ambiente empresarial queda la idea de que Costa Rica está fallando como anfitrión de inversiones.

Para los analistas, la encuesta más cruda se materializó el pasado 6 de abril en la elección de Luis Guillermo Solís y la peor derrota que sufrió el PLN en sus seis décadas de existencia. El candidato oficialista, Johnny Araya, nunca supo con claridad si exaltar o criticar el desempeño de Chinchilla en la campaña y el resultado fue aplastante a favor del cambio en el partido de gobierno, con el arribo del Partido Acción Ciudadana (PAC).

La “ruta 1856”, el nombre patriótico de “la trocha”, fue escenario de una de las actividades de la agenda frenética de sus últimos días de mandataria. Quiere dejar claro que defendió a Costa Rica por encima de las críticas que recibió. Dijo meses atrás que quisiera se le vea como “una luchadora” frente a dificultades económicas internacionales, poderes de veto locales y hasta la mala suerte. Admitió en una entrevista que gente cercana le ofreció llevar un brujo al despacho presidencial para limpiarlo de malas vibras, pero ella no aceptó. Confía suficiente en la Virgen de Los Ángeles, patrona de la Costa Rica católica, cuya imagen estuvo en la ceremonia de toma de poderes en 2010, en el despacho y en la línea final de su informe de labores final: “Que Dios y la Virgen de Los Ángeles bendigan por siempre a Costa Rica”.