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Dos exguerrilleros, acreditados para gobernar El Salvador

El Tribunal Supremo electoral salvadoreño entrega la constancia de ganadores a los candidados del FMLN

Salvador Sánchez y Óscar Ortiz.
Salvador Sánchez y Óscar Ortiz. AFP

“Luego de 22 años de haber suscrito los Acuerdo de Paz y haber terminado la guerra, estamos dando un paso para el fortalecimiento de la democracia en El Salvador”, afirmó este martes el presidente electo Salvador Sánchez Cerén, en una improvisada conferencia de prensa luego de recibir la credencial del Tribunal Supremo Electoral (TSE), que lo confirma como triunfador del evento electoral del pasado 9 de marzo.

La fórmula triunfadora, del exguerrillero e izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) estaba constituida por dos ex jefes insurgentes.

El presidente del TSE, Eugenio Chicas, también un ex guerrillero de la guerra civil (1980-1992) les otorgó las credenciales a sus otrora “compañeros de armas”: Salvador Sánchez Cerén y Oscar Ortíz Ascencio, este último para el cargo de vicepresidente. Se convierte así Sánchez Cerén en el primer ex insurgente que gobierna El Salvador; también un hombre de origen humilde y maestro de primeria de profesión.

La entrega de las credenciales tuvo lugar en el Centro de Ferias y Convenciones, al occidente de la capital salvadoreño. El lleno era total de entusiasmados seguidores del FMLN, que ovacionaron a cadi instante a sus líderes, que a cada instante gritaban: “Sí se pudo, sí se pudo”, y el emblemático slogan del izquierdismo latinoamericano: “El pueblo unido, jamás será vencido”.

"Vamos a gobernar para todos los salvadoreños; juntos debemos salir adelante. Y le digo a la oposición: ustedes son necesarios para la democracia", exhortó el profesor Sánchez Cerén, un hombre 69 años de edad que ha sido también vicepresidente del actual gobierno y en el pasado reciente diputado y líder principal de sus partido. Igualmente agradeció las felicitaciones que este martes le enviara el Secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, al señalar que mantendrá las relaciones de amistad y de cooperación con Washington. Unos 30 países y organismos internacionales han reconocido ya a los triunfadores de la contienda.

Sánchez Cerén y Ortiz Ascencio constituyeron la fórmula de candidatos más votada el pasado 9 de marzo de 2014, la que alcanzó el 50,11% de los votos válidos. Mientras, la fórmula perdedora de la derechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), estuvo integrada por Norman Quijano y René Portillo Cuadra, misma que obtuvo el 49,89%. ARENA no ha reconocido el triunfo de Sánchez Cerén y de Ortiz Ascencio.

Precisamente el presidente del TSE, Eugenio Chicas, reconoció que las elecciones fueron legales y legítimas, así como destacó que la fórmula ganadora obtuvo el mayor número votos que alguien haya obtenido en toda la historia republicana de esta nación centroamericana. Sin embargo, dijo Chicas, que es un hecho que la votación fue bastante reñida y con una diferencia de 6.364 votos a favor del FMLN, es decir, de 0,22%, lo que ARENA toma como un fraude electoral, bajo cuyo argumento demandó judicialmente contra el evento electoral.

El TSE rechazó todas las causales demandadas por ARENA, pero quedan aún por resolver demandas hechas ante la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ). ARENA alegó que sospechaban que más de 10.000 vigilantes del FMLN en las urnas votaron doble, además que más de 10.000 presos, de los 25.000 existentes habrían salido para votar el domingo 9 de marzo, lo que las autoridades y los fiscales investigadores, así como los observadores, han negado rotundamente.

"Llamo a todos los salvadoreños a abrir un ambiente de paz y de reconciliación; debemos unirnos, todos sacaremos al país adelante", dijo finalmente Sánchez Cerén, quien asumirá la presidencia el 1 de junio del presente año y gobernará hasta el 1 de junio de 2019, en un país con graves problemas fiscales, de desempleo y de violencia. El Salvador es hoy por hoy uno de los países más violentos del mundo, donde impera el pandillerismo violento, ligado al narcotráfico de carteles colombianos y mexicanos que ocupan este pequeño territorio de apenas 21.000 kilómetros cuadrados como “trampolín” para hacer llegar la cocaína a Estados Unidos.

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