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La turbia mano del Kremlin en Crimea

Serguéi Axiónov, el político elegido por Moscú para dirigir la península, es un dirigente decidido y con un pasado opaco que reduce su margen de maniobra

A la izquierda, el primer ministro de Crimea, Serguéi Axiónov. Ampliar foto
A la izquierda, el primer ministro de Crimea, Serguéi Axiónov. EFE

Serguéi Axiónov, un “hombre sin complejos”, ha sido el elegido por Vladímir Putin para guiar a Crimea en su retorno a Rusia. ¿Por su dureza? ¿Por su debilidad? ¿Por ambas cosas a la vez? Los buenos conocedores de la historia local están divididos. Axiónov se ha mostrado decidido y rápido en la situación presente, pero tiene un pasado opaco que lo debilita y que eventualmente podría ser utilizado contra él. En la lógica de los servicios de seguridad imperante en el Kremlin puede ser una combinación perfecta, pues Moscú necesita un personaje de acción en Crimea y también necesita que ese personaje sea manejable y esté “en el anzuelo” (expresión rusa que quiere decir dependiente).

Durante los meses en los que el “maidán” de Kiev (las protestas sociales contra el presidente Víctor Yanukóvich) se extendía y calaba en Ucrania, Axiónov percibió peligro para los rusos de Crimea y comenzó a reforzar sus filas. Con su propio dinero compró escudos y chalecos y se dotó de un pequeño ejército de voluntarios, según cuenta Aleksandr Formanchuk, que preside un consejo de expertos adjunto al consejo de ministros. “[Axiónov] dijo que iba a formar unidades de autodefensa en Crimea y compró equipo para 750 personas inicialmente, aunque el 26 de febrero ya tenía 3.000 inscritas y el número de voluntarios aumentó luego hasta 7.000”, señala.

El primer ministro de Crimea lideraba un partido con el 3% de los votos

Antes de que Yanukóvich huyera y dejara así descabezado al Partido de las Regiones (PR), Axiónov era un político marginal que, al frente de Ruskoe Edinstvo (Unidad Rusa), había conseguido un 3% en las elecciones y tenía tres diputados en el Parlamento de Crimea, formado por 100 escaños y dominado por el PR. Al desaparecer Yanukóvich durante el fin de semana del 22 al 23 de febrero, Axíonov se convirtió en pocos días en el líder de los sectores prorrusos.

Oriundo de Moldavia, Axiónov estudió en una academia con base en Simferópol, dedicada a formar instructores políticos del partido comunista para los batallones de construcción militar. Cuando la URSS se desintegró en 1991 era aún estudiante. Tras concluir sus estudios como externo en 1993, colgó el diploma y se dedicó a los negocios.

Axiónov es un superviviente del mundo de los clanes de la década de los noventa, el crisol de donde surgió una buena parte de la clase dirigente de la península. Con el apodo de Goblin, Axiónov tuvo aparentemente un papel secundario en el ámbito de influencia de una de las muchas familias que se enfrentaban por el control de los restaurantes, clubs nocturnos, hoteles, propiedades inmobiliarias y establecimientos comerciales de Crimea. Un empresario que lo conoció con ocasión de un contencioso entre grupos rivales cuenta que le sorprendió el “estilo directo” y el “sentido de la justicia” del actual primer ministro.

El 26 de febrero, el líder tártaro Rifat Chubárov y Axiónov habían trabajado juntos “codo con codo” para evitar una carnicería entre tártaros y rusos frente al edificio del Parlamento en Simferópol, donde ambas comunidades se manifestaban. Los tártaros, para impedir que el Parlamento pidiera ayuda a Rusia y empezara un camino secesionista sin retorno, lo que efectivamente ocurrió, pero ya un día más tarde. La jornada del 26 de febrero se saldó con dos muertos y hubiera podido ser peor. La noche del 26 al 27 no se presentaba tranquila y estaba claro que al día siguiente continuarían las refriegas. Poco después de las seis de la mañana del 27 de febrero Axiónov llamó por teléfono a Formanchuk, según cuenta este. “El edificio del Soviet Supremo había sido ocupado por militares enmascarados y él no sabía quiénes eran”, asegura el analista. YIlmi Umerov, el alcalde de la localidad de Bajchisarai y hombre próximo a Chubárov, que estuvo en el Parlamento el 26 de febrero, considera posible que Axiónov no supiera quién había tomado el Parlamento poco después de las cuatro de la madrugada. Fuentes con buenos contactos en los servicios de seguridad rusos dicen que sí lo saben: “fueron unidades del GRU”, dicen, refiriéndose a la Dirección Central de Contrainteligencia del ministerio de Defensa de Rusia, que posee las unidades más elitistas de las Fuerzas Armadas Rusas. ¿Vinieron de Rusia? “Estaban ya aquí”, señalan las fuentes en Simferópol.

El 27 de febrero, Axiónov fue elegido primer ministro en una sesión parlamentaria a puerta cerrada en la que se contabilizaron votos de diputados ausentes. Aún había voces disonantes: los jefes de los otros partidos prorrusos que lo llamaban “bandido”, los diputados que no habían votado, el personal del Parlamento que oponía resistencia pasiva. Axiónov pidió ayuda a Moscú y las voces críticas bajaron el tono a medida que iban comprendiendo que el elegido era Axiónov y no el jefe del parlamento Vladímir Konsantínov, mucho menos enérgico. Formanchuk cree que Axiónov no es una marioneta, sino que tiene su propio criterio. Lo observó en 2011 cuando, junto con el actual primer ministro, Chubárov, la periodista Lilia Budzhurova, y otros intelectuales de Crimea, hicieron un viaje a Tirol del Sur invitados por un think tank europeo.

“Es un exbandido, pero cuando yo le conocí como político era una persona decente, que se comportaba como un ciudadano leal a Ucrania y defendía los derechos de los rusos en tanto que ciudadanos de Ucrania. Es jóven, carismático, decidido y no tiene nada que perder”, señala Budzhurova, según la cual Axiónov tiene “enormes deudas”, aunque su situación es mejor que la de Konstantinov, el líder del Soviet Supremo y empresario del ramo de la construcción. Formanchuk afirma que Axiónov “tiene muchas propiedades, gana dinero” y ayuda generosamente a la federación de lucha libre local.

Las relaciones de Axiónov con Moscú fueron escalando peldaños desde diciembre hasta febrero, los meses en que el político iba ganando puntos en la capital rusa, siendo al parecer el vínculo decisivo el que estableció con el jefe de la Duma, Serguei Narishkin. Ahora, la gente de Moscú, concretada en funcionarios de la administración presidencial en el Kremlin, le rodea, le asesora y le encamina.

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