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Crimea vota este domingo en referéndum bajo el control militar ruso

Un choque de activistas prorrusos y proucranios deja dos muertos en la localidad de Járkov

Un soldado presumiblemente ruso ante una bandera rusa junto a una base militar en Ucrania.
Un soldado presumiblemente ruso ante una bandera rusa junto a una base militar en Ucrania. AP

Arropados por el poderío militar y económico de Moscú, los dirigentes de Crimea han convocado este domingo a la población de esta república autónoma perteneciente a Ucrania a un referéndum con el que esperan legitimar su incorporación a Rusia en calidad de provincia. Los referendos locales son ilegales en Ucrania, pero las nuevas y poco afianzadas autoridades del Estado no han sabido ni prever ni neutralizar el despliegue de tropas con las que el presidente Vladímir Putin alega querer proteger a sus conciudadanos y personas afines al mundo ruso de una supuesta revolución neofascista que habría comenzado en el Euromaidán de Kiev.

Rusia ha desplegado tropas en la península al margen y por encima de los contingentes que prevé el acuerdo de 2010 para que Crimea siga siendo la base de la flota del mar Negro hasta 2042, prolongable a 2047. En su forma de actuar, los invasores rusos (con y sin uniforme) tratan hasta ahora de lograr el máximo grado de control con el mínimo uso de la fuerza, mientras Putin y su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, hacen juegos malabares con las evidencias.

Los primeros uniformados con máscaras aparecieron en Crimea a fines de febrero. Aparte de los militares bien equipados y sin señas de identificación, en la península hay grupos de cosacos (locales y venidos de Rusia), milicias y grupos de autodefensa crimeos y miembros de las Berkut (fuerzas de intervención especial) ucranias, que regresaron a sus bases tras defender las instituciones oficiales en el Euromaidán de Kiev. Además, hay efectivos del Servicio Federal de Seguridad (FSB), unidades policiales procedentes del norte del Cáucaso, Chechenia incluida, y varias fuentes han visto voluntarios serbios y del Báltico. Todos estos contingentes variopintos comulgan en mayor o menor medida con la idea de que ha llegado la hora de que el “mundo ruso” tal como se ha ido conformando en los últimos años se tome revancha por las “ofensas” sufridas desde que la URSS se desintegró en 1991.

“Crimea vuelve a casa” es una de las consignas que sirve para popularizar el referéndum, presuponiendo que Rusia es el hogar por excelencia de esta península (de dos millones de habitantes) por donde, antes que ellos, pasaron los griegos, los bizantinos, los godos, los genoveses, los venecianos y los tártaros, entre otros. Las tres principales comunidades culturales actuales son los rusos, los ucranios y los tártaros (los más firmes en condenar el referéndum por ilegal).

En la comunidad ucrania local prevalecen el miedo o la resignación. En las unidades militares ucranias reina un clima de desmoralización y de reproches hacia los líderes del país en Kiev. “Entiendo que Crimea pertenece históricamente Rusia, pero yo he prestado juramento y no puedo saltármelo o jurar lealtad a otros si mis superiores no me eximen del compromiso asumido”, llegó a decir a esta corresponsal un oficial con mando en una guarnición asediada. Sus palabras evidencian como mínimo la debilidad del vínculo que une al oficial con esta tierra. Durante la escalada de tensión que ha precedido al referéndum esta corresponsal ha podido oír otras declaraciones semejantes a uniformados ucranios que en ocasiones se refieren a los rusos que los rodean como “nuestros hermanos eslavos”.

En la moral de combate de los ucranios hay matices. Así, por ejemplo, marineros de Sebastopol pidieron escudos y chalecos antibala para la lucha “cuerpo a cuerpo” que anticipan. El material solicitado cruzó los controles en el norte, en territorio de la provincia de Jerson (donde los rusos han instalado contingentes militares por lo menos desde la semana pasada), pero fue confiscado por las milicias locales de Sebastopol, que exigieron —y obtuvieron— el pago de un rescate por la liberación de los transportistas, señalan fuentes informadas.

El clima de exaltación en sectores rusos de Crimea queda algo neutralizado por la subida de los precios y los problemas para obtener dinero en los cajeros, que en Simferópol se quedaron vacíos este sábado después de que los ciudadanos hicieran largas colas frente a ellos. Desde hace dos días los periódicos ucranios no llegan a Simferópol y los canales de televisión de Kiev han sido bloqueados por la red de transmisión analógica y por algunos proveedores de cable. La percepción de Ucrania que proporcionan los canales rusos —ocupan las frecuencias de los ucranios— es la de un país lleno de bandas fascistas dispuestas a agredir a los rusoparlantes.

La tensión en las regiones orientales de Ucrania sirve para reforzar esa percepción. Este sábado en Donetsk militares prorrusos atacaron la sede de los servicios de seguridad locales y, según France Presse, exigieron la liberación del autoproclamado gobernador, arrestado por separatismo. En Járkov, el viernes por la noche, dos personas perecieron en un tiroteo que enfrentó a prorrusos y proucranios.